viernes, 6 de marzo de 2026

60. La deconstrucción de la tradición occidental: la ciencia y el mito positivista de la verdad objetiva.


El ansía de seguridad y previsión ha hecho que los hombres modernos (una vez arruinadas la metafísica y la religión) pongan su fe en la ciencia y en su capacidad para conocer y controlar el mundo. Esta fe positivista (el positivismo es una filosofía típica del s. XIX) se basa en mitos: el mito de la racionalidad del mundo, el mito de la verdad objetiva, el mito del progreso... Y supone otra versión del "mundo verdadero", ese con el que la cultura occidental suplanta y niega el mundo real. 


Según Nietzsche, la ciencia también es, pues, una fábula para no afrontar la verdadera naturaleza de lo real. La ciencia 
niega el mundo real al suponer que este cabe en la precisión de sus fórmulas, olvidando que la vida no está compuesta de cosas estables y aisladas a la medida de los conceptos científicos (cuya raíz está, además, en las metáforas y la imprecisa imaginación de los hombres), y que las cualidades de las cosas (la alegría, lo rojo, lo circular...) no se dejan reducir a cantidad y número. El mundo no es racional, como creen ilusoriamente muchos científicos y los filósofos positivistas.


El positivismo cree también en la objetividad de las verdades de la ciencia empírica, pero olvida que la experiencia lo es siempre de un sujeto cargado de ideas, deseos, emociones e intereses subjetivos que distorsionan su percepción y su interpretación de los hechos
(no hay hechos puros, todo lo que se observa es, según Nietzsche, cuestión de perspectiva). No hay, por tanto, una verdad científica objetiva y universal, sino "verdades" más o menos útiles para cada momento de la vida (la verdad es "la mentira más útil" en cada momento). La ciencia no es, por ello, un conocimiento superior a otros (como el arte, la religión, la filosofía), sino otra forma de clasificar las cosas con el fin de edulcorar nuestra experiencia del mundo y darnos seguridad y confianza ante una realidad que, realmente, resulta humanamente incontrolable. 

A las creencia en la estructura matemática o cuantitativa del mundo y en la verdad objetiva, el positivista añade la creencia en el progreso. Pero el "progreso" que el desarrollo científico y técnico proporciona no es, para Nietzsche, sino el desarrollo cada vez mayor de los Estados para controlar a los individuos.




59. La deconstrucción de la tradición occidental: la "metafísica antimetafísica" de Nietzsche.


Según Nietzsche, la cultura occidental está construida sobre un inmenso error, un engaño: un castillo metafísico y religioso edificado en el aire de las ideas y las palabras para protegernos de la cruda y verdadera realidad. La historia de este error tiene más de dos mil años, y comienza, según Nietzsche, cuando los filósofos (especialmente Sócrates y Platón), incapaces de afrontar el mundo tal como es 
(cambiante, caótico, diverso, irracional, imprevisible, conflictivo…), comienzan a fabular con "otro mundo" más manejable y seguro: un mundo incorpóreo eterno, más uniforme, ordenado, racional, previsible y armonioso que, por supuesto, van a instituir como el “mundo verdadero” (y "bueno", y "justo" y apolíneamente "hermoso" frente al mundo malo, injusto y dionisíacamente feo que es este que pisamos)Según ellos, el hombre ha de dedicar su vida a este “otro” mundo ideal, sacrificando el presente y el mundo inmediato (que no serían más que “apariencias”, sombras en la oscura caverna de Platón)Este “otro” mundo ilusorio es el de las ideas platónicas, pero también el del cielo cristiano (el cristianismo es, dice Nietzsche, “platonismo para pobres”), el de la utopía social de algunos ilustrados (el socialismo como un "cristianismo laico") o el del mito positivista del progreso y el control de la naturaleza prometido por la ciencia.

Ahora bien, pese a su furiosa crítica a la metafísica clásica, Nietzsche también tiene, en cierto modo, la suya propia: una concepción (o intuición) de la realidad a la que no es fácil poner nombre (una especie de inmanentismo vitalista) y que puede intentar organizarse en torno a una serie de ideas: (1) la apariencia como realidad; (2) el nihilismo y la "muerte de Dios"; (3) la realidad como voluntad de poder; (4) el eterno retorno; (5) la vida como absoluta realidad. Vamos a verlas.


(1) La apariencia como realidad. 

Según Nietzsche, desde Parménides y Platón los filósofos se han empeñado en hacernos creer que lo real está más allá de la "apariencia". El argumento favorito de estos filósofos era que lo que se nos aparece a los sentidos es imposible de captar con la razón, pues está permanentemente cambiando, por lo que tendría que haber “otra” realidad más quietecita, eterna e inmutable, que pudiéramos conocer como la "realidad verdadera"...  Pero para Nietzsche esto no es un argumento, sino la expresión de una necesidad psicológica: la de creer que el mundo está hecho a la medida de nuestra razón. Necesidad que, a su vez, proviene de otra, aún mayor, de seguridad y control; la necesidad de creer que podemos conocer y prever los acontecimientos, para así sentirnos segurosAhora bien, el precio a pagar por esta seguridad es el de adorar una especie de cadáver exquisito (la falsa idea de un mundo racional) y el de acabar convirtiéndonos, nosotros mismos, en unos muertos en vida, incapaces de afrontar la vida real, subyugados por ideales y mitos que arruinan nuestro presente y aplazan la vida verdadera y plena a un futuro inexistente
Según Nietzsche, una vez desvelado el ardid psicológico que hay tras la negación del mundo aparente, no hay más remedio (ni más gozo) que afirmar que el único mundo que hay es ese, el que se nos aparece ante los sentidos (sin dobles, sin ningún “más allá"): un mundo que es lo que parece: un devenir continuo, cambiante, diverso, caótico, imprevisible; una guerra eterna de contrarios (como decía el viejo Heráclito), una fuerza viva y ciega que se reproduce a sí misma sin principio ni final, sin causa ni objetivo, sin otra necesidad o razón que la de existir por existir... (En todo esto, Nietzsche estuvo muy influido por el filósofo Arthur Schopenhauer).

(2) Nihilismo y muerte de Dios. 

La cultura occidental ha cambiado el mundo y la vida real por un mundo de ideas inmutables, conceptos racionales, creencias religiosas y valores morales que no son nada más que ilusiones.
 A esta nada, dice Nietzsche, le hemos sacrificado todo: el mundo real, el presente, el disfrute del cuerpo, toda nuestra vitalidad y pasiones. Pero en la época contemporánea, dice nuestro filósofo, todas aquellas 
ilusiones metafísicas y religiosas (el Ser ideal, la Verdad objetiva, la Bondad cristiana, la Belleza racional...) han empezado a revelarse como la nada que son: la gente se ha vuelto escéptica no solo con respecto a la metafísica y la religión (desvirtuadas por la ciencia moderna), sino incluso con la propia ciencia y la posibilidad de una verdad objetiva (crece por doquier el relativismo, también el relativismo moral). En la sociedad
burguesa, concluye Nietzsche, no hay más realidad, verdad y valor absoluto que el dinero... De ahí que, según él, vivamos en 
una época nihilista (“nihil” significa en latín “nada”) en la que "Dios (que simboliza, para Nietzsche, la Realidad, la Verdad y el Bien absolutos) ha muerto"; no solo porque los hombres hayan descubierto que esas ideas, verdades y valores absolutos en los que creían eran nada, sino también porque lo han cambiado por esa otra nada que es el dinero. El dinero es una nada aún más abstracta y muerta que los "ídolos" (la Realidad, la Verdad...) asesinados por él, pues, una vez que el propio dinero ha acabado con todo, no es más que un medio para nada. El dinero ha sometido la moral al mercado, relativizándola y, así, ha acabado con la sociedad; pero la sociedad, antes de arruinarse, ha acabado con el mito de la verdad objetiva y científica, mostrándola como una convención humana dependiente de intereses y perspectivas sociales; y la ciencia a su vez, antes de hundirse, ha podido acabar con la religión y la metafísica; así que, realmente, no ha quedado nada -bueno, verdadero, relevante- que de valor a esa moneda o medida abstracta que es el dinero.
C
onsumido así en la certeza del nihilismo, el hombre contemporáneo (al que Nietzsche llama a veces "el último hombre") en un ser decadente y pasivo, sin energía vital, apoltronado entre sus mercancías y poseído por una "voluntad de nada" que le conduce a la autodisolución


(3) La realidad es voluntad de poder.

Si esa grandiosa energía en movimiento que es realmente la realidad tuviera voz y conciencia (digamos, en broma, que su voz y conciencia serían las de Nietzsche), y le preguntáramos que por qué hace todo lo que hace, su respuesta sería esta: porque quiero
Y si le preguntáramos que por qué quiere respondería: porque sí, porque quiero y puedo, y basta… 

La raíz última de la realidad es
, así, pura voluntad, puro querer, sin otra causa o fin que sí mismo: querer por querer; puro poder ciego; voluntad de poder (justo lo contrario de la "voluntad de nada" a que puede abocar el nihilismo)… 
No es extraño que algunos nazis sintieran atracción por este aspecto del pensamiento nietzscheano, aunque hay que añadir que Nietzsche no hubiera sentido lo mismo -- más bien todo lo contrario -- por ese rebaño de esclavos amantes del folklore patrio y del “querido líder” que eran los nazis. 

(4) La realidad es eterno retorno.

Ahora bien, si la realidad es pura voluntad de actuar, sin otra causa o fin que sí misma, sin principio ni final, en una eterna lucha de contrarios que se alternan, su devenir (su desarrollo) ha de ser circular, infinito, eterno... El tiempo lineal al que estamos acostumbrados, en el que se pasa de lo viejo a lo nuevo, en que se progresa desde este mundo al “otro” mejor y más verdadero, y en que siempre se interpreta el presente como medio para el fin futuro… Todo ese tiempo de la historia es falso. ¿Por qué, si no, nunca vemos llegar ese supuesto “fin”?.. 

No hay más cera, pues, que la que arde en ese eterno fuego que constantemente se apaga y se enciende al que llamamos mundo. Todo vuelve a suceder siempre igual. Eso es la realidad: una eterna danza circular. Un presente infinito que hay que aceptar con infinito amor y ante el que no cabe arrepentimiento alguno, pues en él todo está siempre volviendo a pasar... (
Esta es otra forma, más divertida, de decirlo...)



(5) Vitalismo: la vida como absoluta realidad.

Para Nietzsche, lo más real es la Vida, la vida concreta, individual y presente de cada cual. La vida como parte de ese estallido ciego, sin sentido, que es el mundo. Esta concepción vitalista e irracionalista de la realidad ha sido opacada constantemente por la metafísica clásica y la religión cristiana, que han provocado que los hombres hayan perdido su capacidad para gozar y vivir el presente, y que vivan  acobardados, subyugados por ideales y mitos que aplazan y sitúan la vida verdadera y plena en un futuro inexistente. 


Y aquí la presentación de clase:

lunes, 2 de marzo de 2026

58. Nietzsche: el filósofo más punk



El pensamiento del filósofo alemán Friedrich Nietzsche 
 (1844-1900) es tan controvertido como las interpretaciones que se han hecho del mismo. Considerado como uno de los "filósofos de la sospecha", junto con Marx y Freud (todos "sospechaban" que tras los valores e ideales occidentales había fuerzas ocultas no desveladas: el miedo u odio a la vida, la infraestructura económica, el inconsciente psicológico...), Nietzsche ha sido el mayor inspirador de la filosofía "postmoderna" y uno de los mayores críticos de la metafísica, la religión, la moral y, en general, la cultura occidental
La fuerza, radicalidad y novedad de sus ideas (muchas de las cuales –“eterno retorno”, “muerte de Dios”, “nihilismo”, “voluntad de poder”, “superhombre”...— forman ya parte del lenguaje filosófico de nuestro tiempo), la intensidad y originalidad de su estilo literario (poético, aforístico, críptico), y la necesaria ligazón entre su obra y su atormentada vida, hacen de Nietzsche uno de los filósofos más influyentes y fascinantes de nuestro tiempo. 

El pensamiento de Nietzsche, tanto por su forma como por su contenido, no permite distinciones claras entre los distintos ámbitos de la investigación filosófica (ontología, antropología, epistemología, ética...), aunque sí podríamos decir que todo él se compone, al menos, de estos cuatro ingredientes básicos: 

1. Vitalismo apasionado.
2. Crítica feroz de la civilización occidental.
3. Humanismo trágico. Nihilismo y muerte de Dios.
4. Voluntad de poder.

Casi diríamos, en broma, que son los mismos componentes de la "filosofía" atribuida a algunos movimientos contraculturales y musicales (por cierto, Nietzsche era un gran melómano y músico el mismo mismo), como el punk de los años 70 y 80 del pasado siglo:

1. ¡Vive a tope! ¡La vida es una droga dura!...
2. ¡La sociedad es una mierda! ¡¡Destruye!!
3. ¡No existe el futuro! ¡No hay un sentido "más allá": la vida misma, ciega, irracional, es el sentido! ¡Carpe diem
4. ¡Haz de verdad lo que quieras! ¡¡ Crea, impón tu voluntad, vive, baila, goza, sufre, vive sin esconderte detrás de los razonamientos!! La filosofía no es más que otra forma de tener miedo...

Claro está que Nietzsche pensó en todo esto mucho más, para algo era un filósofo. Tomemos ahora un "aperitivo" de sus ideas (les daremos más consistencia en próximas entradas):

Desde una perspectiva metafísica, Nietzsche piensa que la metafísica occidental está profundamente equivocada. Lo más real de la realidad no es la Idea (Platón), ni Dios (como afirman los teólogos medievales), ni el Sujeto y su conciencia (como dicen los filósofos modernos), ni la Historia (como creen algunos filósofos de su época)… Lo más real es la Vida, la de cada cual. La vida como parte de este estallido ciego, sin sentido, que es el Mundo. La realidad es materia en movimiento, sin otro fin que existir, porque sí, por pura voluntad de existir
Esta concepción vitalista e irracionalista de la realidad conduce a una propuesta moral radicalmente distinta a la de otros filósofos: para Nietzsche, la vida ha de ser una entrega igualmente ciega y apasionada a esa danza salvaje que es la realidad. Vivir por vivir, diciendo a todo, con todas las consecuencias, dolorosas y placenteras. Vivir como Dionisos, el dios borracho de los griegos, sin freno, sin la carga de la tradición, ni la promesa de ningún futuro, pues solo existe el instante repetido, rítmico como un latido. Hay que vivir poseídos por el espíritu libre y embriagador de la música...


Desde una perspectiva general, la filosofía de Nietzsche es una crítica radical de la cultura occidental que, según el filósofo alemán, representa una inmensa estafa desde Sócrates y Platón (y, sobre todo, desde ese "platonismo para pobres" que es el cristianismo). La filosofía, la ciencia, la religión, la moral tradicional… Todo lo que llamamos cultura ha sido un intento de negar cobardemente la Vida; de ocultar la realidad tras ese “más allá” de las ilusiones metafísicas, científicas y religiosas; de castrar nuestros más auténticos deseos con el cepo de la moral del sacrificio, el miedo y la culpa… 

Pero todo ha sido en vano, según Nietzsche. Dios ha muerto. Dios son todas las ilusiones, los falsas ideas, conceptos, valores con los que hemos sido engañados, negados, castrados. Todo eso se desvanece en nuestra época (en la de Nietzsche, que es también la nuestra). La propia filosofía y la ciencia no pueden ocultar por más tiempo que todas esas ideas, conceptos, valores, no eran nada (nihilismo); que el mundo no es racional, que la realidad y la vida humana carecen de finalidad y de un sentido que quepa encerrar en conceptos... La antropología nietzscheana presenta al ser humano como un animal filosóficamente enfermo (tal vez, como él mismo, que vivió envuelto casi permanentemente en la enfermedad), abocado a una lucha trágica, inútil, solitaria, pero heroica y bella, por dotar de sentido a lo que no lo tiene. 

Y sin embargo el nihilismo encierra una ética. Una ética fundada en la libertad y la posibilidad de crear nuevos valores sobre las ruinas de una civilización que nació muerta. Nietzsche mismo se ofrece como profeta de lo porvenir: una raza de superhombres creadores de si mismos, fundadores de valores que expresen lo único realmente cierto y bello: el brutal deseo de sí que es la vida, la suprema voluntad de poder


Esto y mucho más es Nietzsche. Como ejercicio práctico, podéis ir a correr y bailar bajo la luna, armados del martillo de aporrear conceptos, y a los sones de la música de Wagner... (O salir a las calles, si así lo decidís, armados con un spray de pintura y con la música a todo volumen tronando en las orejas...). Aquí tenéis, también, uno de nuestros programas de radio, en el que el Doctor Nietzsche analiza clínicamente la condición del hombre contemporáneo. Y aquí otro, en el que se presenta la famosa distinción nietzscheana entre lo apolineo y lo dionisíaco
Pero si lo que queréis es comenzar bailando como locos, os dejo debajo dos vídeos geniales, uno de Robe Iniesta (con reflexión incluida) y otro de nuestro exalumno Piter. Valga también esta lista de películas relacionadas con Nietzsche y su filosofía. 







Y a continuación, la presentación de clase: