El ansía de seguridad y previsión ha hecho que los hombres modernos (una vez arruinadas la metafísica y la religión) pongan su fe en la ciencia y en su capacidad para conocer y controlar el mundo. Esta fe positivista (el positivismo es una filosofía típica del s. XIX) se basa en mitos: el mito de la racionalidad del mundo, el mito de la verdad objetiva, el mito del progreso... Y supone otra versión del "mundo verdadero", ese con el que la cultura occidental suplanta y niega el mundo real.
Según Nietzsche, la ciencia también es, pues, una fábula para no afrontar la verdadera naturaleza de lo real. La ciencia niega el mundo real al suponer que este cabe en la precisión de sus fórmulas, olvidando que la vida no está compuesta de cosas estables y aisladas a la medida de los conceptos científicos (cuya raíz está, además, en las metáforas y la imprecisa imaginación de los hombres), y que las cualidades de las cosas (la alegría, lo rojo, lo circular...) no se dejan reducir a cantidad y número. El mundo no es racional, como creen ilusoriamente muchos científicos y los filósofos positivistas.
El positivismo cree también en la objetividad de las verdades de la ciencia empírica, pero olvida que la experiencia lo es siempre de un sujeto cargado de ideas, deseos, emociones e intereses subjetivos que distorsionan su percepción y su interpretación de los hechos (no hay hechos puros, todo lo que se observa es, según Nietzsche, cuestión de perspectiva). No hay, por tanto, una verdad científica objetiva y universal, sino "verdades" más o menos útiles para cada momento de la vida (la verdad es "la mentira más útil" en cada momento). La ciencia no es, por ello, un conocimiento superior a otros (como el arte, la religión, la filosofía), sino otra forma de clasificar las cosas con el fin de edulcorar nuestra experiencia del mundo y darnos seguridad y confianza ante una realidad que, realmente, resulta humanamente incontrolable.
A las creencia en la estructura matemática o cuantitativa del mundo y en la verdad objetiva, el positivista añade la creencia en el progreso. Pero el "progreso" que el desarrollo científico y técnico proporciona no es, para Nietzsche, sino el desarrollo cada vez mayor de los Estados para controlar a los individuos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario