miércoles, 22 de octubre de 2014

Sócrates

A pesar de ser viejo, pobre y muy feo, Sócrates despertaba pasiones entre los jóvenes más bellos de Atenas. Uno de sus amantes, el poderoso, rico y hermosísimo Alcibíades, decía de Sócrates que era como un monstruoso Sileno por fuera, pero como un dios por dentro...

Si no como un dios, Sócrates ha pasado a la historia como una especie de "santón" filosófico, gracias, sobre todo, al retrato que nos dejó de él Platón, su discípulo más famoso.

Nacido en Atenas sobre el 470 a.C., Sócrates sufrió las penurias de la guerra contra Esparta y los vaivenes políticos que siguieron a la derrota. Fiel a sus principios hasta la muerte, fue ajusticiado por los atenienses en el 399 a.C., acusado de impiedad y de corromper a los jóvenes. 
Durante el juicio, y según narra Platón, Socrátes se mostró tan sereno y provocativo como siempre, mostrando con sus preguntas y respuestas lo infundado de las acusaciones. Pero de nada sirvió. Los atenienses deseaban descargar sus frustraciones con alguien, y esta vez el elegido había sido Sócrates, quien, para muchos, no era más que uno de esos sofistas que había estropeado a la juventud con su relativismo moral... Reacio a burlar las leyes, Sócrates acepto su condena, negándose a huir, y se despidió de sus discípulos con el más bello diálogo sobre la inmortalidad del alma que se haya escrito nunca, o, al menos, así lo describió Platón en el Fedón, una de sus obras más famosas... 

Si queréis conocer a Sócrates nada mejor que leer los diálogos de Platón, especialmente estos tres (en los que se narra el juicio y su muerte en la cárcel): Apología de Sócrates, Critón y Fedón.





Aunque para algunos de sus contemporáneos (como el cómico Aristófanes, que lo ridiculizó en su obra Las Nubes) Sócrates era un sofista más, lo que sabemos de su forma de vivir y sus ideas nos permite concebirlo como justo lo contrario...

Para empezar, Sócrates no era un sabio profesional. Su único conocimiento, decía (no sin ironía), era el de saber que no sabía nada, por lo que poco podía enseñar. 
Su única habilidad, solía repetir a todos, era la de descubrir a los demás lo poco que sabían y ayudarlos a que vencieran su ignorancia conociéndose a sí mismos. Por lo demás, se negaba a cobrar por atender a sus discípulos, pues consideraba a la filosofía como una actividad libre y desinteresada, y no como una habilidad útil para lograr el éxito o la riqueza.

Lejos del modelo moral de los sofistas, para Sócrates la excelencia humana no consistía en lograr el poder o la riqueza, sino en cuidar el alma, dotándola de sabiduría y obrando con justicia. Era famoso por su pobreza, por su control de las pasiones, y por su sinceridad descarnada.
Consideraba que las leyes había que cumplirlas incluso cuando perjudicaban nuestros intereses, y siempre que nuestra conciencia nos lo permitiera (de hecho, Sócrates se negaba a cumplirlas cuando le parecían injustas). Y tenía la peregrina idea de que "es mejor sufrir una injusticia que cometerla", pues en el primer caso solo sufre el cuerpo, pero en el segundo lo que dañamos es nuestra propia alma...

Si para los sofistas la principal habilidad del sabio era la retórica, Sócrates se preciaba de hablar directamente, sin adornos. Para él, el lenguaje no era un fin, sino un medio. Lo que importaba no era componer bonitos discursos, sino dialogar con los demás para buscar juntos la verdad. 
Su método, decía, era la "mayeútica", el arte de la comadrona, que pretendía haber heredado de su madre (eso contaba en broma), y que el aplicaba a las almas de los jóvenes para ayudarles a "parir" sus propias ideas. La técnica era muy sencilla. Consistía en hacer preguntas y mostrar al interlocutor que no sabía lo que creía saber para, a continuación, invitarlo a buscar la verdad a través del diálogo ("diálogo" significa etimológicamente "avanzar mediante razonamientos")...


Las ideas éticas y políticas de Sócrates eran casi totalmente opuestas a las de los sofistas. Si estos creían que lo justo y lo bueno eran relativos a cada hombre, Sócrates buscaba la definición objetiva y universal de esos términos, en la creencia de que sin ella era imposible convivir con los demás, o ni siquiera dirigir nuestra propia vida. Creía por eso que las leyes, más allá de meras convenciones, tenían que ser justas y buenas, y que precisamente esto es lo que las convertía en herramientas útiles para la sociedad y para uno mismo. 
Contra el escepticismo de los sofistas, Sócrates estaba convencido de que era posible conocer, con la razón, lo que uno debe y no debe hacer.
Y además, pensaba que ese conocimiento era la condición necesaria (¡y suficiente!) para ser bueno. Nadie que sepa lo que es el bien, decía, puede dejar de quererlo y de ponerlo en práctica. Y nadie que haga el mal lo hace a sabiendas de que es malo (todo mal es ignorancia) A esta original teoría (a la que se llamó luego "intelectualismo moral") le dedicaremos muy pronto una nueva entrada.








lunes, 20 de octubre de 2014

Master de sofística aplicada (esta vez de verdad)... ¡¡¡Con los Apretacroquetas!!!


¿Quién no quiere TRIUNFAR? ¿Y quién no sabe lo que significa eso?... ¿No queréis el poder que da la riqueza, y la riqueza que da el poder? ¿No queréis ser queridos e influir como queráis en los demás?... PODER, RIQUEZA, POPULARIDAD... ¿No es eso lo que define a un triunfador?... Esto es, al menos, lo que enseñaban los sofistas griegos. Y también lo que se nos enseña hoy... ¿O no es verdad?...
¡Pero no lo penséis tanto! Si de verdad queréis ser alguien en la vida, olvidaos de la verdad (que no existe) y convenceros de que podéis convenceros y convencer a cualquiera de cualquier cosa (que os convenga), pues la llave del ÉXITO es esa: adquirir el poder de convicción que dan las palabras. Eso enseñaban los sofistas y eso se sigue enseñando hoy... Por todo esto os propongo que asistáis al curso favorito de muchos políticos y de los mejores tertulianos de la tele... Por primera vez en Mérida, y solo durante un día, se os ofrece la ocasión única de participar en el 

 APRETAMÁSTER DE 
RETÓRICA PRÁCTICA

En un tiempo record (cuatro horas) los dos mejores sofistas del mundo os enseñaran las técnicas para expresaros en público y convencer a los demás de lo que os dé la gana. 

- Técnicas de improvisación (la ocasión la pintan calva)
- Creación de personajes (sé como tu quieras según convenga)
- Interpretación (aprende a hablar de lo que quieras con convicción)
- Expresión corporal (exprésate con todo el cuerpo).
- Retórica y elocuencia (descubre el mágico poder de las palabras).
- Como hacer un éxito de cualquier fracaso (o de como caer siempre de pie, como los gatos).

Profesores: Francis Quirós y Johnatan Delicia (Compañía Apretacroquetas y Escuela Sofística Picodeorus de Atenas)
Precio: 6 euros.
Lugar: I.E.S. "Santa Eulalia" (día y hora por confirmar).
Matrícula abierta: Inscripciones en clase de filosofía.

* Se recomienda traer ropa cómoda. Se advierte que este curso puede provocar severos ataques de risa que pueden ser mortales, así como tendencia a la verborrea disparatada, de los que la organización no se hace responsable.





jueves, 16 de octubre de 2014

Master para aspirante a sofista.


Seguimos aportando documentos inéditos en historia de la filosofía. En este que presentamos aparece el anuncio de un Master para aspirantes a sofista del s.V a.C. Fue hallado entre las ruinas de una escuela pública griega recientemente adquiridas por un banco internacional, y es rigurosamente auténtico (¡Auténtico, sí, ¿qué pasa? ¿Sabéis acaso qué es auténtico y qué no lo es? ¿Lo sabe alguien?). Por cierto, si os interesa un curso como este los hay a porrillo hoy en día (y, si esperáis un poco, tal vez se os dará sin pedirlo, en estas mismas aulas). Ahí va la transcripción realizada por nuestro equipo de expertos.


Escuela Panhelénica de Sofística.
Master en Retórica y Política.

Objetivos del curso.
¿Cómo triunfar en la vida? ¿Cómo persuadir a los demás de lo que quieras? ¿Cómo lograr el poder y conservarlo? ¿Cómo tener amigos influyentes? ¿Cómo ser un gran vendedor de ti mismo? ¿Cómo hacerte  millonario?... Si te inquietan estas preguntas, y fías tu felicidad en darles una conveniente respuesta, no lo dudes, este es tu Master.

Destinatarios del curso.
Alumnos de cualquier condición y con cualquier grado de formación. Se requiere ambición, espíritu competitivo, flexibilidad moral y talentos (de plata u oro). Absténganse socráticos e ingenuos (Y Evatlo).  

Profesorado.
Protágoras de Abdera. Gorgias de Leontinos. Pródico de Ceos. Hipias de Elis. Profesorado invitado: G. Marx (s. XX). F. Nietzsche (s.XX). J. I. Wert (s.XXI) L. Wittgenstein (s. XX).


(Cod. 0110) Relativismo moral para todos (y cada uno).
¿Qué es lo bueno? ¿Qué es lo justo? Nadie sabe de esto más de lo que él mismo cree, quiere, siente, ve. Los valores son siempre subjetivos. Lo que es bueno para mí igual no lo es para ti y a viceversa. El hombre (cada uno) es la medida de lo bueno y lo malo. Cada alumno se tomará las medidas para averiguar lo que le conviene y, además, se evaluará a sí mismo.

(Cod. 0101) Convencionalismo aplicado.
¿Así que todo está permitido? No, hemos de convenir normas. De hecho, la materia a impartir en esta asignatura se decidirá por convenio, por un pacto entre los alumnos y el profesor (por el que todos decidirán o en el que los alumnos acatarán lo que dicte sabiamente el profesor). En todo caso, habrán de tratarse estos dos temas: (a) La ley como condición de toda sociedad civilizada, y (b) La ley como artificioso intento de regular el derecho de los más fuertes. Para (b) se harán prácticas con el anillo de Giges. (Conferenciante invitado: F. Nietzsche, filósofo del s. XIX, quien presentará la ponencia: “Poder y derecho. ¿Por qué "los lobos" han de someterse a la ley de "los corderos"?).

(Cod. 1111) Pragmatismo práctico.
En esta asignatura se impartirá únicamente lo que es útil para aprobarla. También se informará de todo otro tipo de medios para su superación (sustracción de exámenes, confección de chuletas, ingeniería electrónica aplicada a la copia, técnicas de simulado de inocencia, etc.).
  
(Cod. 0011) Filosofía de la educación.
La educación es la llave para el triunfo. Por eso, tal como muestra este Master, ha de estar dirigida a preparar al ciudadano para competir en el mercado, desarrollando sus mejores cualidades (ambición, espíritu práctico, conocimientos simples, claros y útiles…) y relativizando sus prejuicios morales. (Conferenciante invitado: J. I. Wert, Ministro de educación del s.XXI, quien presentará la ponencia "Educación y competitividad"). 
(Cod. 0000) Curso completo de escepticismo.
Se demostrara cualquier cosa y su contraria, a la vez que se demuestra que toda demostración es imposible, incluida ésta misma (¡Y todo, con una sola cabeza!). Habrá talleres de risoterapia epistemica: cada día nos reiremos (antes y después de la clase) de la Verdad (¿Verdad? ¿qué verdad?). Las conclusiones del curso serán por sorteo y se repartirán (una distinta a cada uno) al azar.

(Sin cod.) Agnosticismo sin complicaciones.
No se hablará de lo que no se puede hablar. Conferenciante invitado: Maestro L. Wittgenstein, del s. XX, quién dirigirá los talleres “Profundización mediante el silencio” y “No meditación sobre nada”.

(Cod. 1111A) Curso fundamental de retórica y oratoria.
Los alumnos elaborarán discursos a favor, en contra, ni a favor ni en contra, y a favor y en contra de cada tema elegido al azar, de lo contrario de ese tema, de los dos temas a la vez, y de ni el uno ni el otro (todos los discursos deberán ser igualmente convincentes). Se puntuará el estilo, la disposición de las ideas, la elección de las palabras, la memorización y la presencia escénica. Se analizará el lenguaje no verbal. Se celebrarán talleres sobre psicología de masas y técnicas de sugestión emocional. Toda esta parte del Master estará exclusivamente impartida por profesionales del teatro y la política.   
Información y matrícula.
Precios del curso: 30 minas.
Garantía de devolución si no ganas tu primer juicio, y no eres Evetlo. 
Para más información en casa del rico Calias (Atenas, Plaza del Mercado s/n).

 Bueno, qué. ¿Te apuntarías o no? ¿Preferirías un Master así a estas inútiles clases de filosofía?

martes, 14 de octubre de 2014

Tumultuosa rueda de prensa de los filósofos pluralistas.









De nuestro corresponsal en Atenas. Siglo V a.C. Los tres “filósofos” del momento, EmpédoclesAnaxágoras y Demócrito, decidieron ayer ofrecer al público los resultados de su investigación sobre la physis en una rueda de prensa que, tras las preguntas de algunos periodistas, desembocó en una virulenta discusión y la salida airada de dos de los filósofos de la sala. Este blog ofrece en rigurosa exclusiva un extracto de lo que allí ocurrió.

Anaxágoras.- Señores, silencio por favor (Se oyen múltiples rumores en la sala; al parecer la indumentaria del filósofo Empédocles ha levantado revuelo; Demócrito, entre tanto, ríe a carcajadas mientras conversa con algunos periodistas). ¡Silencio! (el público de la sala, abarrotada, al fin se calla). Ejem. Señores. En la filosofía se abre hoy una nueva etapa, la etapa pluralista. Durante estos últimos cien años, nuestros antecesores han extendido creencias que, pese a su esfuerzo y buena intención, han llenado de errores las cabezas de nuestros contemporáneos. Desde el ínclito Tales y sus secuaces hasta el agudo Parménides, pasando por los sabios pitagóricos y por el oscuro y soberbio Heráclito, se ha mantenido la peregrina idea de que todo se reduce, en realidad, a una única cosa o principio. Ya sea el agua de Tales, el aire de Anaxímenes o el número de Pitágoras. Pero el gran Parménides demostró que de una sola cosa solo puede provenir ella misma, y que además ésta, por su soledad, no tiene motivo ni ocasión ninguna para moverse o cambiar, negando así lo que parece a todas luces evidente: que el mundo está lleno de múltiples cosas que cambian y se mueven.
Empédocles.- ¡Inadmisible, eso es inadmisible! Pero nosotros, gracias a nosotros mismos (especialmente a mí) y no a los dioses, hemos descubierto la Verdad, que más luminosa aún que el sagrado Sol ha incendiado nuestras almas del fuego de la...
Anaxágoras.- Abreviando. La naturaleza, afirmamos nosotros, consta de múltiples principios, infinitos diríamos yo y mi colega Demócrito aquí presente, o tal vez cuatro como afirma el venerable Empédocles…
Empédocles (con voz cavernosa y afectada).- ¡Cuatro son las raíces de las cosas: Zeus resplandeciente, Hera avivadora, Aidoneo y Nesti que de lágrimas destila la fuen…!
Anaxágoras (interrumpiéndolo bruscamente).- Es decir, fuego, aire, tierra y agua, ¿no maestro? (Empedocles hace un gesto de desprecio y se calla). Pues bien, de estos elementos, finitos o infinitos, hemos descubierto que están hechas todas las cosas, muchas y cambiantes ellas, pero únicos y permanentes aquellos.



Demócrito.- A ver, ¿nadie en esta sala ha gozado de pequeño con esos juegos de construcción en los que, con pequeñas piezas, bien duras y diferentes, se podían imitar, engarzándolas con habilidad, el Partenón o el teatro de Dionisos? Pues a imagen de esos juegos de construcción está hecha la realidad. Cada uno de los objetos y seres que vemos no son más que combinaciones afortunadas de esas infinitas y minúsculas piezas, indivisibles ellas, que yo llamo átomos. Las múltiples cosas visibles se construyen y se destruyen, nacen y mueren, pero los átomos invisibles, sus piezas, son siempre los mismos y jamás se destruyen. ¿Habéis entendido?
Periodista 1.- Aristóbulo, de Noticias del Ática. ¿Cómo se reúnen y se desunen esos átomos o lo que sea para formar las cosas? ¿Algún dios, quizás, es el que juega con ellos?
Anaxágoras.- ¡Dios no, sino “Nous” se llama la suprema  Inteligencia que hace torbellino de esos elementos minúsculos y da lugar a los compuestos que conocemos!
Demócrito.- Ja, ja, ja… Mi estimado colega Anaxágoras persiste en viejas creencias de viejas. No hace falta “Nous” ninguno, querido. Mis átomos, al menos, se mueven ellos sólitos y sin quererlo nada ni nadie se unen y se desunen oportunamente para formar este sol que nos alumbra o tu anticuada y venerable cabeza.
Anaxágoras.- Te recuerdo, Demócrito de Abdera, que por negar todo tipo de viejas creencias, y afirmar que el sol no es más que una piedra llameante, me ando jugando esa cabeza ante las ignorantes multitudes. Un poder inteligente, mi “Nous”, es, quieras tú o no quieras, necesario para que el movimiento de esas semillas, de las que todo está hecho, tenga dirección y sentido.
Empédocles.- ¡La Discordia, como veis, pero también el Amor, mueven el mundo! Son estas viejas fuerzas en movimiento las que unen y desunen, alternativamente, y según antiquísimas leyes, las raíces del cosmos!
Demócrito.- ¡Qué diablos de leyes! ¡De qué Amor y Discordia hablas! Me desconciertas con ese lenguaje, impropio de filósofos. ¡El cosmos no es más que una colección de infinitos átomos moviéndose en el vacío y creando mundos y cosas diversas al chocar unos con otros!
Periodista 2.- Aristógato, del Maratón Noticiero. Si no he entendido mal ustedes pretenden justificar con argumentos la existencia de la pluralidad y el movimiento. ¿No es así?
Anaxágoras.- Así es, joven.
Periodista 2.- Pero comienzan su argumento diciendo que el principio de la realidad son muchos átomos, semillas o lo que sea, y que estas cositas están en movimiento, bien por sí solas, bien ayudadas por el Amor, el Odio y cosas así. ¿No es esto?
Empédocles.- Más o menos.
Periodista 2.- Entonces, o mucho me equivoco, o están ustedes demostrando la pluralidad y el movimiento con el astuto argumento de que por principio existen la pluralidad y el movimiento. ¿No es así?
Empédocles.- Hum. Noto en este joven cierta ironía…
Periodista 3.- Aristópsema, de La Verdad de Elea. El sabio Parménides decía que ni el cambio ni el movimiento eran posibles, pues lo que cambia, en tanto cambia, es y no es lo mismo, y lo que se mueve, en tanto se mueve, está y no está en el mismo sitio. No veo por ninguna parte que sus teorías pluralistas contradigan en nada estos argumentos.
Periodista 2.- ¡Cierto! Si el Amor hace el milagro de unir las piezas de mi mente para que logre comprender a Empédocles, yo entonces he cambiado, pero en ese caso soy el mismo aunque ya no lo sea. ¿Cómo se explica esto?
Empédocles (muy enfadado).- Sigo notando mucha ironía en ese joven.
Demócrito.- Ja, ja, ja… ¡Pero tiene toda la razón! Los argumentos de Parménides contra la pluralidad y el cambio son irrefutables. La única prueba de que existen muchas cosas y de que cambian es… Que lo vemos. Pero, ¿es cierto lo que vemos? Yo estoy convencido de que no. En realidad la realidad son átomos y vacío. Todo lo que vemos es ilusión. En fin…
Anaxágoras.- (Estallando) ¡Vacío! ¿Pero de qué hablas? Te ríes tú de mi “Nous” y no te ríes de tu absurda noción de vacío!
Demócrito.- Oye, yo me río de todo. Pero lo más risible de todo es que tú y ese poeta de Agrigento (señalando a Empédocles) penséis que vuestras extrañas partículas puedan ser muchas y moverse en ausencia de vacío. ¿Qué las distingue entonces? ¿Cómo pueden desplazarse si todo está lleno de ellas? ¿Me lo podéis explicar, por favor?
Empédocles.- (cada vez más enfadado) ¡¿Y puedes tú explicarnos, sin artificios poéticos por supuesto, qué diablos es ese “algo que no es nada” y a lo que tú llamas "vacío"?!
Demócrito.- ¡¡Pregúntaselo a los físicos de dentro de veinte siglos, a ver si ellos te lo saben decir!!
Periodista 2.- Ja, ja, ja. Parece que entre Empédocles y Demócrito ha estallado la Discordia, ja, ja…
Empédocles.- ¡Te lo avisé! (Le tira una de sus sandalias de bronce al periodista 2). ¡Mira a ver si nace el Amor entre esa y tu cabeza, insolente!
Demócrito.- (Con una amarga sonrisa) Veis, todo esto demuestra que el mundo no está regido por ninguna “Inteligencia”.

(Anaxágoras se marcha indignado. Empédocles ha salido corriendo detrás del periodista 2 y de su valiosa sandalia. Los demás periodistas salen. Tan solo quedan unos cuantos alrededor de Demócrito que se queda hablando animadamente con ellos. Parece que charlan acerca de los cuidados que requieren las viñas y de cómo hacer buen vino). 
¿Qué os ha parecido, en general, la teoría de los pluralistas? ¿Os parece más acertada que las teorías monistas de Parménides o los milesios? ¿Por qué?

jueves, 9 de octubre de 2014

Ser o no ser. He ahí la cuestión (de Parménides)


Si para los milesios el ser (arkhé) de las cosas es una materia misteriosa (viva como un animal y armoniosa como un dios), y para los pitagóricos una serie de formas o estructuras matemáticas, los eleatas dan una respuesta aún más extraña, más que matemática, puramente lógica... ¿Qué son en el fondo las cosas? ¡Pues... que son! ¡Y que no pueden no ser! Este es el son que repiten al unísono Parménides de Elea y sus discípulos (el más conocido de ellos fue Zenón, famoso por sus increíbles paradojas)... 

La solución de los milesios al problema de la realidad está todavía empapada de mitología y está cercana a la experiencia común. La que dan los pitagóricos se parece más a una respuesta científica, como la que daría hoy un físico matemático. Y la que dan los eleatas es, por vez primera, puramente racional o lógica, es decir: estrictamente filosófica

Zenón muestra las puertas a la verdad y la falsedad (Veritas et Falsitas). Fresco en la Biblioteca de El Escorial, Madrid.


Si le preguntáramos a Parménides, el más destacado entre los eleatas, que en qué consiste la realidad y qué ley la gobierna nos diría algo así:
-         La realidad consiste en que es. Lo que tienen en común todas las cosas es que son, que las hay, que las podemos pensar como siendo
-         Lo que gobierna la realidad son una especie de leyes “lógicas”. Y estas leyes dicen que “lo que es, es, y lo que no es, no es; y que nada puede ser y no ser” (Más claro, agua –pero no la de Tales—; a estas leyes se le llamarán luego: el principio de identidad y el principio de no contradicción).

La realidad consiste en que es. Pero ¿cómo es? Las dos ideas más interesantes de Parménides al respecto son estas:

  1. La realidad es una sola cosa e indivisible. ¿Y cómo es eso? Razonemos (cerrando los ojos, que nos confunden). Si la realidad fuera más de una (múltiple) estaría dividida en partes, pero entonces cada parte sería y no seríaseria la parte que es pero no sería las demás partes. Además, estas partes serían diferentes una de otras, pero como todas tienen en común el ser, sólo podrían diferenciarse en algo distinto del ser, es decir, en el no ser, es decir, en nada. Pero si no se diferencian en nada, no se diferencian. Luego son la misma. Luego no hay partes. Todo es uno.

  1. La realidad es invariable e inmóvil. Es invariable porque, si cambiara sería y no sería la misma, como cuando yo digo “yo he cambiado”, con lo cual refiero que “yo” sigo siendo el mismo (porque he sido yo el que he cambiado) pero no sigo siendo el mismo (porque he cambiado). Si cambiara en parte, tendría partes, lo que ya hemos demostrado que es imposible. Además, la parte que cambia pasaría del ser (lo que era) al no ser (pues ya no es lo que era). Por todo esto, la realidad no nace ni muere, es eterna. Para nacer tendría que no ser antes de nacer y ser después. Y para morir tendría que ser antes de morir y no ser después. Imposible. Además, ¿cómo se explica que las cosas aparezcan (nazcan) y desaparezcan (mueran) así, como si fueran los objetos en el sombrero de un mago?... La realidad tampoco se mueve, porque lo que se mueve tendría que estar y no estar en el lugar en el que se mueve, lo cual no es menos imposible. 
Así que, la realidad es que es. Y como tal es única, indivisible, invariable, eterna, inmóvil…

Muchos filósofos (por no hablar de la gente común) han tachado de insensata la teoría de Parménides (escrita, por cierto, en forma de poema, lo que tiene su miga, siendo un filósofo tan racional). Unos dicen que, diga lo que diga el pensamiento, ellos ven la diferencia entre las cosas y los cambios de unas en otras (Parménides les diría que los sentidos nos engañan. Para ver cómo lo hacen pulsa en la siguiente figura). 


Otros piensan que la lógica de Parménides está equivocada, que confunde los múltiples sentidos en que se dice “ser”, o que no distingue las “cosas” de sus “propiedades” (Parménides les diría que admitir esas distinciones es admitir ya lo inadmisible: las partes, la pluralidad). 

Lo que de todas todas es cierto, es que Parménides nos hace pensar. ¿Se le puede pedir más a un filósofo?

¿Y, POR CIERTO, QUÉ PIENSAS TÚ DE TODO ESTO?

¿Quieres saber más sobre Parménides? Pulsa aquí y aquí también.
Y para leer en directo las extrañas discusiones que tenía Zenón (discípulo de Parménides) con sus paisanos, pulsa aquí y luego acá

miércoles, 8 de octubre de 2014

Diálogos en la Caverna. Un microespacio de filosofía en Radio Nacional de España.

Obra original de Marien Sauceda para Diálogos en la Caverna.
Desde hace unos meses hemos excavado una nueva cueva en este cavernoso laberinto. Se trata de DIÁLOGOS EN LA CAVERNA, el blog donde recopilamos los microprogramas de radio que realizamos Juan Antonio Negrete y yo para Radio Nacional de España, y para el que contamos con la colaboración de un montón de maravillosos actores. 



Si queréis escucharlos, en ese blog tenéis los enlaces y el texto completo de cada programa, para que podáis disfrutarlos (o padecerlos) a fondo. Por supuesto se admiten con las orejas abiertas todos los comentarios y críticas que queráis hacerles, pero uno a uno, por favor.... 


Dibujo original de Marien Sauceda para Diálogos en la Caverna.

martes, 7 de octubre de 2014

Pitágoras = [ Todo es (Número)]

Alguien dijo que “tres son las naturalezas del Universo: los Dioses, los mortales y los que son como Pitágoras”. De Pitágoras y los pitagóricos se decían en la antigüedad las cosas más increíbles y maravillosas: que tenían prohibido comer habas o mirar su rostro en un espejo junto a la lumbre, que el Maestro --que no solía dejarse ver y cuyo nombre no se podía pronunciar-- era hermoso como un ángel, que las almas de los difuntos se reencarnaban en otros cuerpos (mejores o peores según los méritos de cada cual)… Pero lo más increíble y maravilloso de todo es que creían que la realidad era Número.

El cosmos, creían ellos, estaba constituido tan armoniosa como matemáticamente. De hecho, las armonías, comenzando por las musicales, obedecían a precisas razones matemáticas. Y cuando el alma captaba esa matemática precisión se tornaba ella misma tan armoniosa y razonable como el mundo (solo así, por cierto, se podía encarnar en seres tan superiores como… ¡los pitagóricos!).

Pero no, no es que el mundo estuviera escrito en lenguaje matemático, como diría siglos después Galileo. Es que el mundo estaba hecho de matemáticas, de números, de puntos (el uno), líneas (el dos), planos (el tres) y volúmenes (el cuatro). Quién esto averiguaba era calificado con un diez (1+2+3+4), os lo juro, ¡por la sagrada Tetractys!

Cuentan que algunos pitagóricos se suicidaron tras descubrir los números irracionales (¡en su querido triángulo rectángulo!). Otros, más astutos, planearon una nueva ontología en la que lo Uno o Impar (el número Padre de todos los demás números) generaba el mundo uniéndose y dando límites a lo Dos o Par (el número Madre, infinito e irracional). Conocer cada cosa fue entonces cuestión de saber la combinación exacta de Unidad y Dualidad que la generaba y gobernaba (hoy diríamos, quizás, conocer su código binario –su código de barras—).


¡Increíble, verdad! Pues antes de sucumbir a la tentación de reíros de todo esto, pensad en lo siguiente. ¿Qué es lo más esencial para que exista una cosa? ¿La materia de la que está hecha, o la forma que tiene? Si la esencia de una cosa, por ejemplo, de una mesa o del Teatro romano de Mérida, es su forma (y así debe ser, pues la madera sin más, o un montón de piedras, no son una mesa ni un teatro), entonces el ser de las cosas es algo formal, y no material. Como la forma no es ninguna materia concreta (por eso puede implementarse en muchos materiales distintos), no puede verse, ni tocarse... pero sí pensarse. ¡Como las matemáticas!... Precisamente, las formas más fundamentales de todas son las formas (y las fórmulas) matemáticas: las estructuras geométricas y numéricas. Así que todo, en el fondo, está hecho de matemáticas, de ecuaciones y números. Incluso la materia, pues ¿hay algún trozo de materia, por pequeño que sea, que no sea, en el fondo, una forma especial de organizarse sus átomos o sus partículas (describible mediante fórmulas y números). Todo, todo es matemático. Aunque nos parezca verlo como algo material y colorido. Al fin y al cabo, ya sabemos que las imágenes que vemos (como las de este blog) están formadas, en el fondo, por números, por códigos de ceros y unos... ¿No podría pasar lo mismo con todo?... Mira este vídeo de un famoso físico y matemático, y tal vez te convenzas...

  

Aristóteles y otros autores antiguos (y modernos) acusaban al pitagorismo de ser una filosofía ingenua y tosca, que confundía las abstracciones numéricas con las cosas reales, lo cuantitativo con lo cualitativo, pero... ¿No sería el pitagorismo una expresión simple de la creencia filosófica (y científica) de que todo lo real es racional, es decir, matematizable? Tan racional y matematizable que, en el límite, no podría haber distinción alguna entre matemáticas y realidad… ¿Qué crees tú: está todo "hecho de matemáticas"? ¿Será cierto que todo se puede "digitalizar", convertir en una "matriz" numérica, en un código de barras? ¿Por qué no?


Por cierto, si queréis saber más de los pitagóricos aquí tenéis un magnífico diálogo entre un pitagórico y un milesio obtenido por un prestigioso equipo de parapsicólogos y viajeros del tiempo dirigidos por el Prof. Juan Antonio Negrete.

Pitagóricos celebrando el amanecer. Óleo de Fyodor Bronnikov.