domingo, 22 de mayo de 2016

Adiós (pero poco) al curso 2015/16


Bueno, queridos, ahí os dejo unas fotos para que recordemos este curso. Aunque ya me sobran tantas imágenes. Prefiero la impresión que me habéis dejado clase tras clase: la de vuestra infinita inquietud, vuestras inquietas voces y risas, y la de la voz misteriosa del ser (¿qué será eso?) que retumbaba y se hacía eco de sí en cada una de vuestras preguntas y miradas (¡Guau!)

















Tras las fotos, os dejo fragmentos de estos impresionantes filósofos raperos. Y otro vídeo sobre epistemología que os vendrá muy bien en las noches de verano (ya podéis ir bailándolo)...



A los que no vengáis a nuestras clases de Marx y Nietzsche, os deseo... los deseos más altos. Ya sabéis: hay muchas más cosas más allá de esta triste caverna. 

Un abrazo a tod@s.



miércoles, 18 de mayo de 2016

Materiales para preparar selectividad y comienzo de superclases sobre Marx y Nietzsche



Os enlazo algunos materiales para las clases que vamos a dar en próximos días, y para preparar la selectividad 
- Guía de lectura del texto de Marx 
- Tema de Nietzsche. 
- Guía de repaso + guía de términos definidos
- Ejemplo de examen.


Si queréis, también podéis leer el texto de Nietzsche (es una sola hoja y está en el documento TEXTOS PAU a la izquierda) y la guía de lectura correspondiente (en la carpeta GUÍAS DE LECTURA, también a la izquierda).


También tendréis entradas sobre Nietzsche.


Os propongo como primera cita el lunes 23, a las 10.30., en el aula de 2º G. Charlaremos un poco de selectividad, y leeremos y comentaremos el texto de Marx. Si alguien quiere pero no puede venir que lo diga. Sobra decir que podéis venir todos, independientemente de que lo que vayáis a hacer en selectividad

domingo, 15 de mayo de 2016

Recuperaciones y otros asuntos.

Hola a todos. Os informo de que en próximos días se convocan los exámenes de recuperación. Las fechas, horas, y las listas de alumnos que tenéis que acudir (o que es recomendable que lo hagáis) las tenéis en un documento que podéis abrir pulsando el enlace "Información sobre recuperaciones", en la columna de la izquierda arriba. 

También os recuerdo que los que queráis hacer las pruebas de selectividad por la opción de filosofía me lo digáis durante esta semana.

¡¡Ánimo!!

lunes, 9 de mayo de 2016

¿Qué hay de la lucha de clases?



El materialismo histórico describe la sociedad como un todo en movimiento. No solo la infraestructura y la superestructura están influyendo constantemente la una en la otra, sino que también el conjunto de ambas va transformándose a lo largo de la historia. En otras palabras: las sociedades cambian. El esclavismo de la antigüedad da paso al feudalismo medieval que da paso a su vez al antiguo régimen y éste a la sociedad burguesa y capitalista, y éste, según Marx, dará paso a la sociedad comunista… Y el motor de todo este cambio es la lucha de clases… 

Para explicar la lucha de clases Marx utiliza una teoría hegeliana (Hegel es un filósofo anterior a Marx y que influyó mucho en él, aunque Marx lo criticara constantemente). Esta teoría se llama “dialéctica”. Hegel la usaba para explicar el desarrollo del Espíritu o Idea, que, según él, era lo verdaderamente real, hasta el punto de que la Naturaleza y la Historia eran no más que manifestaciones temporales de ese Espíritu. 

Marx adopta el “mecanismo” de la dialéctica hegeliana, consistente en un proceso de tres fases: tesis (lo dado, el momento inicial), antítesis (negación de lo anterior), y síntesis (resolución del conflicto); pero lo aplica a la historia, no al Espíritu (para Marx, que es un filósofo materialista, no existe tal cosa como el “Espíritu”).

Según la teoría dialéctica de Marx la historia va cambiando siempre de la misma manera: se parte de una situación histórica dada (esta sería la “tesis”); pero esta situación envuelve en sí misma una serie de contradicciones que al cabo del tiempo estallan y acaban con la situación del principio (a esta fase se le llama “antítesis”); finalmente se origina una nueva situación temporalmente estable (a la que se llama “síntesis”), pero que encierra en su seno nuevas contradicciones, con lo que el ciclo vuelve a comenzar. 
Lo que mueve, así, la historia humana es la contradicción que, para Marx, consiste fundamentalmente en la oposición entre clases sociales con intereses enfrentados, es decir: la lucha de clases. Veamos esto con más detalle.

Cada situación histórica (la sociedad feudal, la sociedad burguesa, etc.) se caracteriza, sobre todo, por su infraestructura y, en ella, por la tensión entre las clases sociales, cuyo estatus es siempre desigual (unas poseen las fuerzas de producción y otras no, unas dominan y otras son dominadas…). Durante un tiempo esta tensión se mantiene bajo control (la fortaleza del sistema político y la influencia de la ideología son factores determinantes para que exista esta estabilidad). 
Pero tarde o temprano, por intervención de factores nuevos, o por aumento insostenible de la tensión, estalla el conflicto. Fruto del mismo es la transformación revolucionaria de toda la sociedad (o bien el hundimiento conjunto de las clases enfrentadas).

Pensemos en la sociedad feudal, por ejemplo. En ésta encontramos una compleja estructura social, pero en toda esta estructura hay un grupo social dominante (la nobleza, el alto clero) y un grupo social dominado (los siervos, el campesinado en general, los artesanos y comerciantes de las ciudades). Estos dos grupos mantienen intereses totalmente antagónicos, pero este antagonismo se mantiene bajo control hasta que, enriquecidos por el comercio colonial, algunos de entre los dominados (la burguesía) empiezan a acumular poder e influencia económica y, por consiguiente, a exigir un cambio social. 
Durante el siglo XVIII y principios del XIX la contradicción que supone que la clase dominante (la nobleza) carezca del poder económico de la dominada (la burguesía) hace estallar finalmente el conflicto (las revoluciones burguesas) por el que es eliminada la sociedad feudal (antítesis). El resultado es la instauración de una nueva sociedad liderada por la burguesía (esta es la síntesis). Aunque en ella, afirma Marx, sigue latiendo la lucha de clases, esta vez entre la gran burguesía industrial (que es ahora la clase dominante) y el proletariado o clase obrera (que es ahora la clase dominada). Este nuevo antagonismo, anticipa Marx, dará lugar, con el tiempo, a la destrucción de la sociedad burguesa y capitalista…


¿Tenía razón Marx? A todas luces la profecía marxista, siglo y medio después del Manifiesto comunista, no se ha cumplido. ¿Qué creéis que pudo haber fallado en el análisis de Marx?

sábado, 7 de mayo de 2016

Cómo hacer un examen de filosofía (3er. trimestre).

A continuación, os doy información y algunos consejos para hacer bien el examen de Historia de la filosofía, según el modelo de las P.A.U., y aplicándolo a los contenidos del tercer trimestre.

CONSEJOS PARA TODO EL EXAMEN.

Distribuye el tiempo y el espacio del papel. Da prioridad a las preguntas primera y última (valen más).

Antes de empezar a responder a cada pregunta piensa y haz un breve esquema (en un papel en sucio que se te proporcione) de todo lo que quieres decir (pero no ocupes más de unos minutos en ello).

Cuida la expresión, la ortografía, los signos de puntuación, la claridad de la letra y la presentación.

Evita el lenguaje coloquial, no abuses de los ejemplos, evita juicios de valor y frases rotundas sobre lo que dicen los autores.

Ten cuidado con los hechos y datos históricos, así como con los nombres y términos técnicos. Si no recuerdas bien un dato, término o nombre, no los pongas (mejor una ausencia que una metedura de pata).

Evita los esquemas, los dibujos, las frases sueltas. Las respuestas tienen que ser una redacción bien compuesta, con su principio, su desarrollo y su conclusión.

EL COMENTARIO DE TEXTO (hasta 3 puntos)

Ten en cuenta los siguientes pasos: (1) Presenta muy brevemente la obra y el autor a los que pertenece el fragmento (puedes ver esto en la Guia de Lectura); (2) analiza el significado de los términos subrayados, en relación con la filosofía del autor (vienen señalados en la Guía de lectura); y (3) comenta el sentido del texto indicando lo que nos quiere decir en él el autor, poniéndolo en relación con su filosofía. [La parte (2) puede estar integrada en la parte (3)]

Todo lo que digas tiene que tener relación con lo que dice el texto que aparece en el examen (según lo interpretas tú). Es muy recomendable que cites partes del texto (poniendo la cita entre comillas), para mostrar a qué te estás refiriendo en tu comentario. En cualquier caso NO vale ponerse a escribir sobre la filosofía del autor olvidándonos del texto.

Tenéis modelos en la Guía de Lectura.


LA PREGUNTA TEÓRICA (hasta 2 puntos)

Contesta a lo que se te pregunta (ve al grano). Procura citar todas las cosas importantes del tema que se te plantea, y hacerlo de forma equilibrada (no unas muchas y otras muy poco).

En el caso del tercer trimestre, la pregunta teórica puede referirse a uno o varios de entre estos asuntos:

El idealismo trascendental de Kant.
- Sensibilidad, entendimiento y razón.
- La posibilidad de la metafísica como ciencia.
- Crítica de Kant a las éticas materiales.
- La ética formal kantiana.
- El imperativo categórico y su formulación.
- Los postulados de la razón práctica.
- La filosofía de la historia de Kant.
- El concepto de alienación en Marx.

EL CONTEXTO HISTÓRICO (hasta dos puntos)

Se preciso con las fechas, nombres, datos, etc. (si no estás seguro, no los pongas). 

Tienes un modelo de respuesta en la Guía de lectura.

No olvides los mínimos establecidos para cada autor (de una manera u otra, en el orden que quieras, tienes que desarrollarlos en la respuesta). Para Kant son:
- Los tres modelos de Ilustración (inglés, francés, prusiano)...
- La presperidad económica: aumento demográfico, avance técnicas agrícolas, inicio de la revolución industrial...
- Las teorías contractualistas...
- La ciencia de Newton como modelo de racionalidad...


EL TEMA Y LOS DOS FILÓSOFOS (hasta tres puntos).

Escoge dos filósofos (o corrientes filosóficas) que traten del tema que se te indica. Si te sobra tiempo puedes añadir uno más (pero nunca más de tres).

Expón el pensamiento de los filósofos elegidos con toda la profundidad que puedas, y siempre en relación al tema que se te propone. Para cada uno escribe un texto. No valen frases sueltas ni exposiciones "telegráficas". 

No vale en ningún caso utilizar al autor del texto como uno de esos dos o tres filósofos. No hace falta que compares a los autores que has escogido con el autor del texto.

Para el tercer trimestre, las preguntas pueden ser estas: 

- Explique cómo ha sido abordado el tema de la razón en otros dos autores que haya estudiado (menos el del texto). Podéis usar (por ejemplo), a Platón y su teoría del conocimiento, al conflicto entre fe y razón, a la teoría racionalista...
- Explique cómo ha sido abordado el tema del cambio social y político en otros dos autores que haya estudiado (menos el del texto). Podéis usar (por ejemplo) a Platón (el cambio mediante la educación); a los filósofos contractualistas (el cambio mediante un pacto social); a Marx (su teoría sobre la lucha de clases y la dialéctica de la historia...)
- Explique cómo ha sido abordado el tema del gobierno o el Estado en otros dos autores que haya estudiado (menos el del texto). Podéis usar (por ejemplo) a Platón, Aristóteles, la filosofía medieval, las teorías contractualistas (un solo autor si se profundiza en él, o los tres si se presenta la teoría en general), la teoría de Marx sobre la sociedad y el papel del gobierno en ella...





Cómo armar una sociedad, según Marx: infraestructura y superestructura.

Según Marx, el pensamiento, las creencias, el arte, las leyes... la cultura toda es un producto histórico. Mejor dicho: es un producto del sistema económico y social de cada cultura y época concreta. 

A esta teoría se le llama "materialismo histórico", pues supone que todo lo que produce históricamente el hombre está en función de la base material o económica.

Al sistema económico y social le llaman los marxistas "infraestructura". Esta infraestructura determina con qué fuerzas productivas cuenta una sociedad (con qué materias primas, tierras, fábricas, trabajadores, capital, etc.) y, sobre todo, cómo se relaciona la gente con estas fuerzas productivas (quiénes las poseen, quiénes se limitan a trabajar, cómo se organiza el trabajo...), es decir, cuáles son las clases sociales (propietarios, trabajadores...).

Todos los demás elementos que componen una sociedad (la política, las costumbres, la religión, etc.) dependen, según Marx, de la infraestructura económica y social, y tienen la importante función de legitimar y justificar dicha infraestructura. A estos elementos políticos e ideológicos (costumbres, creencias, ideas, etc.) se les denomina "superestructura".


La superestructura política (el sistema de gobierno, el derecho, la policía, etc.) tiene la función de dar cobertura institucional al orden social y económico, estableciendo las leyes apropiadas para que dicho orden se mantenga. 

La superestructura ideológica comprende muchas cosas: la moral y las costumbres, los ritos y fiestas, la educación, el arte, las creencias religiosas, incluso la ciencia... y la filosofía (entendida de cierto modo). Su misión es justificar y convencer a la gente de la validez y necesidad del orden social establecido, desactivando las ideas y conductas contrarias al mismo (ocultando, para ello, las contradicciones y tensiones inherentes a dicho sistema). 


Veamos algunos ejemplos

En la sociedad feudal, la infraestructura determinaba que la propiedad de las fuerzas productivas (que era, sobre todo, la tierra y los siervos) estuviera adscrita a la nobleza y el alto clero. Las relaciones de producción eran claramente desiguales, de manera que unos pocos (los propietarios de la tierra) vivían del trabajo de otros (los campesinos), dándose así dos clases sociales bien diferenciadas.

En cuanto a la superestructura, la sociedad feudal se caracteriza por la filosofía y la religión cristiana, el arte medieval, la monarquía absoluta y muchos otros... Todos estos elementos servían para justificar y legitimar el modo de producción y el orden social feudalista. 

Así, la idea de un Dios único y todopoderoso que gobernaba el mundo servía para justificar la monarquía absoluta (en la que una única persona, el rey, gobernaba a todos). La monarquía imponía leyes que, a su vez, protegían e institucionalizaban la diferencia social entre señores y siervos y el modo de producción imperante. La ideología medieval servía, además, para desactivar las tensiones sociales y evitar rebeliones, inculcando la idea del origen divino de la estructura social y política, y la reparación de las injusticias en "otro mundo" (en el Reino de Dios). 


En la sociedad capitalista (que es lo que más interesa a Marx), la propietaria de las fuerzas productivas es la burguesía, y las relaciones de producción son  también de dominación y explotación de una clase (los proletarios) por la otra (la burguesía).

Los obreros, dueños tan solo de su fuerza de trabajo, la venden al burgués por una cantidad menor a la de los beneficios que se obtienen de ella (a la diferencia entre el salario y el beneficio que obtiene el burgués le llama Marx "plusvalía").

De otro lado, la ideología burguesa cumple la función de justificar el orden social capitalista y burgués. La filosofía de Hegel, por ejemplo, afirma que el Estado moderno es la "realización" política de la Razón, con lo que no cabe oponerse racionalmente a él (aunque en realidad ese Estado no hace, según Marx, sino representar los intereses económicos de la burguesía dominante). 

La mentalidad o ideología moderna alienta también la libertad individual y hace a cada individuo responsable de su situación económica, cuando en realidad esto es incierto, pues los obreros, en cuanto desposeídos de la propiedad de los medios productivos, carecen de casi toda posibilidad de liberarse de su situación.

Más aún, la cultura burguesa, con su arte amable y, diríamos hoy, con toda la inmensa industria del entretenimiento cultural, procura que los obreros permanezcan ajenos e inconscientes de su situación, generando la necesaria conformidad para que la "máquina" capitalista siga funcionando...



 







miércoles, 4 de mayo de 2016

¿Están alienados mis alumnos de secundaria?



El hombre no nace, sino que se hace. Y se hace fundamentalmente a través de su trabajo, que es su hacer principal. Cuando no conocemos a alguien la pregunta típica es: "¿Y tú qué eres?" Todo el mundo entiende que se pregunta por la profesión o actividad principal. "Yo soy médico, jardinero, escritor, estudiante..."... El trabajo no solo proporciona autonomía económica, también, y sobre todo, nos dota de identidad. Quién no hace nada no es nadie, ni para los demás ni para sí mismo. Con el trabajo desarrollamos nuestras capacidades humanas, nos expresamos y proyectamos socialmente, nos sentimos valorados, nos reconocemos en la obra producida, que es, por así decir, como un "hijo" nuestro... En una palabra: nos realizamos como seres humanos. A veces, el drama de la persona sin trabajo no es solo carecer de recursos, sino peor aún: sentirse insignificante, inútil, un "don nadie"...

Ahora bien. El trabajo es la actividad mediante la que el hombre se realiza (dice Marx) solo cuando no es alienante. En caso contrario en lugar de hacernos personas, nos deshumaniza, nos embrutece, nos convierte en meros objetos o mercancias...


¿Qué es "alienación" (o "enajenación" como traducen algunos)? Es el estado, cabe decir espiritual, por el que uno no se reconoce a sí mismo en lo que hace, por el que se siente ajeno a su hacer, un hacer que no es, por tanto, un hacer realmente suyo, sino de "otro" (del cual uno es mero instrumento). Como somos lo que hacemos, un hacer que sentimos constantemente como "extraño" a nosotros, a nuestros verdaderos intereses, que "ni nos va ni nos viene", nos produce un extrañamiento íntimo: no estamos en lo que hacemos. El trabajo alienante, mecánico, en el que no ponemos el alma, nos deja vacíos, nos saca fuera de nosotros mismos, nos empobrece y cosifica, no nos deja ser, nos roba la identidad como personas, nos obliga a ser "otro", un ser extraño para sí mismo, desentrañado de sí, despersonalizado. "Alien" (de donde "alienado") significa en latín justamente eso: "extraño, ajeno, extranjero...". 


Cuando Marx habla de alienación estaba pensando en los obreros industriales del siglo XIX. Todo trabajo consiste en transformar una materia dada para crear un producto final. Pero, según Marx, en el trabajo del obrero todo le es ajeno. La materia prima que trabaja no es suya. Tampoco los instrumentos de trabajo. Ni el trabajo mismo que realiza es suyo: ni lo elige ni lo planifica él (sino el patrón), ni expresa su subjetividad o su creatividad (es puramente mecánico). Incluso si aquello que produce es algo valioso o interesante para él, se le arrebata una vez producido. Es el patrón, el propietario de los medios de producción, el que obtiene el mayor provecho de aquel producto, el que se lo apropia para venderlo por un valor mucho mayor que el que se da al trabajo del obrero (eso es la "plusvalía"). Pues el trabajo industrial no es más que la producción de mercancías para otro (no un modo de realizarse uno como persona creando una obra propia). El mismo trabajo es una mercancía más, sujeta al mercado, en lugar de un modo de expresarse y desarrollarse... Para colmo las relaciones sociales que origina el trabajo del obrero son tan mecánicas e impersonales como el propio trabajo, con lo que la alienación es también social. El obrero es una mera "pieza" entre "piezas humanas" de un enorme mecanismo en el que nadie trata a nadie como a una persona, sino como a un engranaje, mejor o peor situado, de la "máquina" productiva...


Pues bien, para que mis alumnos comprendan todo esto de la alienación no tengo que complicarme nada la vida. Simplemente les pido que miren alrededor y después... ¡Qué se miren a sí mismos!


Muy a menudo el instituto donde trabajo me parece una cárcel (en los peores momentos un zoológico), pero durante estos días que estamos pensando sobre el marxismo me parece siempre una fábrica, un inmenso taller en el que a toque de sirena los obreros-alumnos ocupan sus pupitres enfilados frente a pizarras y ordenadores, mientras el patrón-profesor se pasea supervisándolo todo. 



Recuerdo después sus miradas perdidas al oír las lecciones, sus gestos mecánicos al escribir lo que les dictan, su resignado encorvarse sobre la hoja del examen diario, hora tras hora, semana tras semana, año tras año... Ni lo que hacen en cada una de esas horas de su vida es elegido por ellos. Ni (por lo general) las actividades de clase expresan su subjetividad o creatividad, ni tienen relación con sus intereses reales. Ni sé si se esfuerzan realmente por sí mismos o más bien por otros, para satisfacer a otros, o para lograr las recompensas con las que han sido adiestrados por otros (sus padres, los propios profesores...).

¡Qué torpes los que los califican a veces de vagos! Creo que jamás he visto un alumno vago; todo el mundo está deseando hacer siempre cosas (interesantes, claro), y los alumnos no van a ser menos. En realidad, a los alumnos solo los conozco de dos clases: los que han aprendido ya a disimular su desinterés (o han sido educados en la marcialidad del esfuerzo sin preguntas), y aquellos, más sanos, que no saben disimular y se niegan, a las claras, a malgastar su energía en aquello que no les importa un pimiento. Pero aún estos últimos están alienados. Están sin estar, malviviendo de la mínima ración de autenticidad que es la ensoñación en clase, las fugas clandestinas, las pequeñas bromas... 


Y para colmo también en las aulas se propicia la alienación social: la competencia entre alumnos, las relaciones no elegidas (disponiendo junto a quién se sientan "para que no hablen"), la segregación por notas, y hasta, en algunos centros, la separación de sexos en aras del rendimiento. Pues los alumnos no son una excepción con respecto a otros productos del mercado. Se fabrican para que den beneficios. Para que coloquen su currículum en el mercado de trabajo. 


Algunos dicen que la escuela que tenemos es una excelente "educación para la vida"... Pero esto es cierto solo si asumimos que las cosas más nobles y humanas (la creatividad, la libertad, las relaciones desinteresadas con los demás, la realización mediante el trabajo vocacional, el placer del conocimiento...) son cosas inútiles e improductivas. Si asumimos, también, que el trabajo es una maldición bíblica (de la que nos libramos cada viernes, aliviados), y que la búsqueda del conocimiento es algo insufrible de lo que hay que escapar cuanto antes... Siempre que asumamos, en fin, que eso que nos quieren vender como lo "bueno" de la vida (el pan, el circo, el consumo, las distracciones, cuanto más caras mejor...) está siempre a mano (un poquito menos en las crisis), sin otro coste que, ay, la vida misma, la de verdad... 


Pensad, además, que el ocio que supuestamente nos "libera" del trabajo, no es menos alienante que este. Observad como se divierte la gente en "su" tiempo libre. Ni es "suyo", ni es "libre". Las formas de diversión se le dan (se le venden) ya estandarizadas, empaquetadas, y casi en ninguna de ellas el individuo hace algo menos mecánico y pasivo que el trabajo del que trata de escapar. El mercado del ocio, la industria del entretenimiento proporciona modos de evasión basados en el consumo pasivo de productos (espectáculos, bebidas, viajes organizados...), no en la creatividad ni en la expresión de uno mismo. Son como "drogas" que solo procuran olvido, inconsciencia, emociones fugaces.


Y aquí también las relaciones con los otros son básicamente instrumentales, cosificadas, sujetas a un mercado de personas en el que los demás se eligen como instrumentos, más o menos atractivos, para obtener placeres y prestigio, según la ley de la oferta y la demanda... 



Aquí tenéis esta misma entrada publicada en prensa
Y aquí, nuestro programa de radio en RNE sobre el mismo asunto