viernes, 30 de mayo de 2014

¿Quién es el "superhombre" nietzscheano?


Paradójicamente, y aun toda su crítica a la moral, el “superhombre” representa un modelo moral, el de una moral amoral, o una “moral sin moralina”, dice Nietzsche, pero una moral al fin y al cabo.

El superhombre es, en general, aquél que encarna en sí la “voluntad de poder”. La voluntad de poder es, para Nietzsche, la fuerza ciega, irracional y creadora con que la Realidad y la Vida se afirman una y otra vez (en un “eterno retorno”) a sí mismas. En este sentido, el superhombre es el hombre real, el hombre que realmente vive, el perfecto “vitalista”. ¿Y en qué consiste esto? Podríamos atrevernos a resumirlo con estas tres notas: el valor para invertir todos los valores, el poder para expresar creativamente su poder en el mundo, y el amor incondicional a la vida (el amor al amor mismo).

En primer lugar, el superhombre es aquel que se rige por una moral afirmadora de la vida (una “moral de señores”), negando e invirtiendo todos los valores de la moral tradicional. Para esto ha de tener la fuerza sobrehumana necesaria para situarse por encima de esa moral tradicional (oponiéndose a todos) y vivir de acuerdo con los "auténticos valores": la aceptación de la vida sin reservas (con su dosis de dolor e incertidumbre), la búsqueda del placer, la lucha, el egoísmo… El superhombre tiene la fortaleza para sobrellevar la entera y cruel verdad sobre la vida y el mundo…

En segundo lugar, el superhombre es aquel capaz de crear sus propios valores y su propio mundo, tal como hace un artista genuino o un dios creador, plasmando su voluntad en la realidad, haciendo de su poder ley, y de su fuerza verdad. 
El superhombre no explica ni justifica, hace y domina. Para esto ha de poseer una energía sobrehumana, la máxima libertad de espíritu, y una cualidad individual superior (el superhombre es el supremo individualista, un creador solitario, que afirma constantemente su diferencia)…

En tercer lugar, y a modo de resumen, la característica esencial del superhombre es su amor ciego e incondicional a la vida. El superhombre abandona toda fe, todo deseo de certeza y seguridad, se acostumbra a la cuerda floja de todas las posibilidades. Su sí a la vida es absoluto, sin elección ni renuncia, lo quiere todo, también el error, y el dolor. Su amor es el de la temeridad inconsciente de un niño que juega con la vida sin ningún temor, y que la ama sin distancia, sin pensar en ella...


Y ahora. ¿No os gustaría ser como superhombres? 



7 comentarios:

  1. Superhombre. Valiente, Poderoso y Amante. Modelo moral difícil de seguir, pero innegablemente útil.
    Convertirte en uno de ellos supondría tener, además del valor para invertir todos los valores iniciales, soportar la soledad, tachada de dañina en la cultura occidental, porque rigiéndote por estos nuevos valores crearás un rechazo inicial de los individuos que te rodean. Pero...¿Es el ser humano gregario por naturaleza?, quizás sea cierto que vivimos mejor en comunidad. ¿Es cierto que se disfruta más compartiendo experiencias? ¿Pudiendo ser contadas? ¿Hasta que punto nos ha condicionado nuestra educación? Pff poniéndote a pensar, ese condicionamiento no tiene límite...
    A veces tengo la sensación de que me han hecho creer que una experiencia que sólo vives tu, prácticamente no existe, aunque es obvio que sí, y que de algún modo enriquece.

    Respecto a lo que comentamos el otro día del entusiasmo, parece de que la pasión ha sido castrada en nuestra cultura.
    A veces no entiendo cómo a una persona no se le ponen los pelos de punta al escuchar a Schubert, cómo a alguien no se le bañan los ojos de lágrimas al ver pasar una estrella fugaz, o cómo no se le sale el corazón del pecho al mirarse de frente durante un segundo con un jabalí asustado...
    Parece que también nos han enseñado a no amar las cosas, a no entusiasmarte con la realidad (total, si ya lo hemos visto en las películas...) . Es curioso.
    La pasividad gobierna los ojos de las personas. Parece que sólo se emocionan con la victoria de su equipo de fútbol, o sólo es especial un día de botellón.
    Por supuesto no nos guiamos por pasiones, sin por intereses, o simplemente por inercia. No se qué será mejor, pero en el fondo...Da igual

    Cuando haces algo por entusiasmo, lo haces de verdad. Si pones tu alma en lo que haces lo harás lo mejor posible. No creo que el modelo de superhombre sea perfecto, pero si aprendiésemos un poco de Nietzsche e hiciéramos las cosas vocacionalmente, además de disfrutarlas el triple, las haríamos el doble de veces mejor ^^

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    1. Hola Alicia. No sé si estás pensando demasiado para lo que dice Nietzsche. ¿No te estás ya olvidando de "vivir"?... A ver si te va a pasar como a él: que en su deseo de negar la filosofía y afirmar la vida, se pasa la vida filosofando...
      Desde luego que tienes toda la razón en apuntar a esa tendencia al gregarismo y el conformismo en la mayoría de las personas. Lo mismo dice Nietzsche de su generación. Parece que seguimos viviendo en esa especie de "nihilismo" consumado y absoluto que ya viera nuestro filósofo. ¿Pero crees que la gente es así por "naturaleza"? ¿Podrían las ideas de Nietzsche (que, al fin y al cabo, también plantea un "ideal" o "modelo" al que aspirar "más allá" de nuestro presente) motivar un cambio de actitud en las personas?... Yo creo que la gente aspiraría a un tipo de socialidad no gregaria, y a una vida más apasionante y entusiasta... ¡si encontrara algún motivo para ello!... ¿Pero es Nietzsche quien lo proporciona? ¿Cuál es el sentido profundo de su propuesta? Nietzsche propone aceptar la vida tal como es, vivir con la mayor intensidad el presente, decir que sí a todo, expresar y hacer realidad todos tus deseos, etc... Pero, por otra parte, ¿no es eso, de algún modo, lo que la propia sociedad "decadente" y "burguesa" propone: vivir a tope el momento, consumir, satisfacer todos los deseos, etc. ¿No es el modelo de muchos el millonario que hace lo que quiere a cada momento?... Y, sin embargo, esa misma gente que "vive a tope" casi todo el tiempo, se divierte sin pausa, vive emociones intensas unas detrás de otra... parecen también (a veces) los más aburridos y desesperados. ¿No crees?
      ¿Qué tendría que haber en la vida de las personas para que fueran realmente independientes (no hedonistamente gregarios) y realmente apasionados (no aburridos consumidores de emociones)? ¿Basta con lo que dice Nietzsche para "llenar" la vida? ...
      El propio Nietzsche es ambiguo en esto. En cierto momento del "Así habló Zaratustra", nos dice: "En verdad, este es mi consejo: ¡Alejaos de mi y guardaos de Zaratustra!...". ¿Qué habrá querido decir con esto?

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  2. La dependencia es algo que deriva de ese sentimiento de soledad tan bien inculcado. Siempre nos hablan de necesitar a nuestra media naranja, para completarte. O de un amor que se busca insaciablemente en los demás. Además "debemos querer a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mis..." ¡anda ya!. Primero debemos querernos a nosotros mismos, pero son tantos los prejuicios, los complejos, las"necesidades". Quizás el amor deba encontrarse primero en uno mismo. Es posible que no seamos medias naranjas, y el realidad seamos manzanas, sandías, o pomelos enteros y no necesitamos completarnos, aunque nos enriquezcamos complementándonos (haciendo macedonia).

    Un Superhombre burgués me parece un poco hipócrita, porque depende del dinero.

    ¿Qué tendría que haber en la vida de las personas para ser independientes y apasionados?
    Pues como todas las preguntas que Nietzsche plantea, esta tampoco tiene respuesta universal. No existe camino hecho, ni ley, salvo la que improvisa cada uno en cada momento. Además si hubiese respuesta no seríamos "libres" pues intentaríamos alcanzarla.

    PD: Creo que no, precisamente de vivir no me olvido. Aunque pienso un poco sin querer hahaha

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    1. Hola Alicia.

      El mito de la media naranja aparece de forma muy divertida en el Banquete de Platón. Si (sin permiso de Nietzsche, que te diría que hagas lo que te de la gana) lo lees o relees, verás como Platón (es decir, su hijo literario Sócrates) lo desmonta perfectamente.
      En cuanto a la dependencia o no de los demás, y desde un punto de vista filosófico y ético (no psicológico, ni sociológico), tanto los griegos como Nietzsche eran muy individualistas. En el caso de los griegos (Platón y Aristóteles especialmente) este individualismo no es incompatible con la vida social. Es la vida social activa la que permite que el individuo se construya y exprese, participando por ejemplo en la política. Además, para los griegos en general el individuo no es autosuficiente. Quererse a uno mismo significa fundamentalmente aspirar o amar eso que nos falta y aún no somos (aunque de alguna forma llevamos dentro, "en potencia"). El hombre es imperfecto, luego no puede nunca conformarse con lo que es; justo por eso amamos aquello que consideramos mejor que nosotros mismos. El amor (que es lo que nos mueve) es siempre amor por lo superior, por lo que nos falta y que, a veces, nos parece encontrar en otros. En este sentido, el otro (o lo otro) amado no es una "media naranja" (el amor entre iguales o simétricos no es el amor en su sentido más profundo), sino algo que nos ayudar a reconocernos como esa "fruta" que somos y, a la vez, madurar como la mejor fruta posible. Cabe decir: un buen frutero.

      En cuanto al superhombre burgués y su apego al dinero, es cierto que Nietzsche rechazaría tal cosa. Aunque creo que también hay que reconocer que el dinero y lo que se hace con él es algo tan irracional, ciego, egoísta, y tan relacionado con los deseos sensuales, que parece una expresión más de esa pura voluntad de poder que es el mundo y que, según Nietzsche, debería ser el hombre.

      Por último, me parece que identificas la libertad con la indeterminación (con que no haya leyes ni respuestas estables). Esto es muy nietzscheano. ¿Pero es convincente? (Aunque tal vez te parezca que no tiene por qué serlo). Si identificamos libertad con puro azar o indeterminación, el loco o el caprichoso serían las personas más libres.

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  3. Negar los valores impuestos y establecer los propios es algo que debería ser lo que caracterizara al ser humano, pero hay un punto que me resulta frustrante en Nietzsche, cuando defiende que el hombre debe regirse por su entusiasmo, que debe dejarse llevar por sus deseos, disfrutar de la vida y hacer lo que realmente quiere hacer…
    ¿Cómo establecer esto si no reflexionando sobre ello?
    ¿Cómo podemos saber lo que realmente queremos y quiénes realmente queremos ser si no pensamos sobre ello, si no filosofamos?
    Negar la parte racional del ser humano o ponerla al servicio del deseo para conseguir éste ¿No nos impide en cierta forma descubrir lo que realmente deseamos?
    Quizá para disfrutar de la vida, la única realidad existente, tenemos que analizarla para así poder descubrir que es lo que nos entusiasma de ésta, si no descubrimos mediante un análisis de nosotros mismos lo que queremos y deseamos ¿Cómo vamos a disfrutar de la vida? Porque quizá el dejarse llevar por el entusiasmo momentáneo nos lleva a cumplir eso mismo, un deseo momentáneo, pero ¿qué queda de lo que realmente es significativo para nosotros?
    Sí la mayoría de la humanidad niega sus deseos doblegándose a una moral impuesta, nosotros, al dejarnos llevar por nuestros deseos, ¿No estaríamos negando, u obviando a nuestra vez, lo que realmente deseamos y queremos?

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    1. Hola Lucía. Platón, Aristóteles, y, en general, los filósofos más racionalistas, firmarían con convicción esto que dices. Si para Nietzsche la reflexión es pasividad y falta de vitalidad, para Platón and Co., es la más pura y necesaria actividad y vitalidad. Entregarse activamente a los puros deseos irreflexivos no es solo un "retorno" a la animalidad, sino un imposible antropológico. Ningún ser humano podría conformarse con una vida ciega, sin reflexión, como la que suponemos en los animales. De hecho, y en cierto sentido, Nietzsche no solo plantea su propuesta moral tras una larga reflexión, sino que la envuelve en un lenguaje sublime, poético, incluso místico a veces (la vida es algo cuasi sagrado, y vivir entregado a ella una suerte de ritual salvífico). Esto mostraría que el hombre no puede vivir sin "trascender" y dar un sentido sublime e ideal, a lo que hace. Para los griegos, vivir entusiasmado era algo así como "estar poseído" por una divinidad que dotaba a nuestros actos de un sentido especial. Nietzsche solo cambia de nombre a este dios: en lugar de Apolo, ahora se llama Dionisos. ¿Podríamos entusiasmarnos sin más, tan solo por "vivir", como parece indicar Nietzsche? ¿No hace falta un sentido, una finalidad, un proyecto que dote de sentido cada uno de nuestros instantes? ¿Es posible la "intensidad" del momento, sin dotar de sentido y de un significado especial a ese momento?... ¿Qué pensáis de esto?

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    2. En respuesta a esto y con el perdon de ustedes(no tengo amplios conocimientos filosóficos) pienso que se debe diferenciar el placer de la felicidad. Creo que muy seguramente a esto se referían los filósofos cuando hablaban de la virtud, de trascender; vivir activamente quiere decir percibir la vida como una oportunidad para(valga la redundancia y el cliché) ser feliz. Creo que los filosofos nunca quisieron decir que hay que deshacerse de la razon, mas bién hay que permitir que esta sea guiada por nuestro instinto, así nos encontraremos plenamente conscientes de nuestra propia felicidad.

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