Historia de la filosofía para cavernícolas
jueves, 19 de marzo de 2026
61. La deconstrucción de la tradición occidental: la moral de esclavos y la moral del superhombre.
viernes, 6 de marzo de 2026
60. La deconstrucción de la tradición occidental: la ciencia y el mito positivista de la verdad objetiva.
Según Nietzsche, la ciencia también es, pues, una fábula para no afrontar la verdadera naturaleza de lo real. La ciencia niega el mundo real al suponer que este cabe en la precisión de sus fórmulas, olvidando que la vida no está compuesta de cosas estables y aisladas a la medida de los conceptos científicos (cuya raíz está, además, en las metáforas y la imprecisa imaginación de los hombres), y que las cualidades de las cosas (la alegría, lo rojo, lo circular...) no se dejan reducir a cantidad y número. El mundo no es racional, como creen ilusoriamente muchos científicos y los filósofos positivistas.
El positivismo cree también en la objetividad de las verdades de la ciencia empírica, pero olvida que la experiencia lo es siempre de un sujeto cargado de ideas, deseos, emociones e intereses subjetivos que distorsionan su percepción y su interpretación de los hechos (no hay hechos puros, todo lo que se observa es, según Nietzsche, cuestión de perspectiva). No hay, por tanto, una verdad científica objetiva y universal, sino "verdades" más o menos útiles para cada momento de la vida (la verdad es "la mentira más útil" en cada momento). La ciencia no es, por ello, un conocimiento superior a otros (como el arte, la religión, la filosofía), sino otra forma de clasificar las cosas con el fin de edulcorar nuestra experiencia del mundo y darnos seguridad y confianza ante una realidad que, realmente, resulta humanamente incontrolable.
A las creencia en la estructura matemática o cuantitativa del mundo y en la verdad objetiva, el positivista añade la creencia en el progreso (creencia que es una parte o versión del mito del orden lineal e histórico del tiempo; mito proveniente de la religión cristiana y su visión del mundo como una creación de Dios dirigida hacia un apocalipsis final). Pero el "progreso" que el desarrollo científico y técnico proporciona no es, para Nietzsche, sino el desarrollo cada vez mayor de los Estados para controlar a los individuos, o de las empresas (diríamos hoy) en busca de poder y beneficio.59. La deconstrucción de la tradición occidental: la "metafísica antimetafísica" de Nietzsche.
Según Nietzsche, la cultura occidental está construida sobre un inmenso error, un engaño: un castillo metafísico y religioso edificado en el aire de las ideas y las palabras para protegernos de la cruda y verdadera realidad. La historia de este error tiene más de dos mil años, y comienza, según Nietzsche, cuando los filósofos (especialmente Sócrates y Platón), incapaces de afrontar el mundo tal como es (cambiante, caótico, diverso, irracional, imprevisible, conflictivo…), comienzan a fabular con "otro mundo" más manejable y seguro: un mundo incorpóreo eterno, más uniforme, ordenado, racional, previsible y armonioso que, por supuesto, van a instituir como el “mundo verdadero” (y "bueno", y "justo" y apolíneamente "hermoso" frente al mundo malo, injusto y dionisíacamente feo que es este que pisamos). Según ellos, el hombre ha de dedicar su vida a este “otro” mundo ideal, sacrificando el presente y el mundo inmediato (que no serían más que “apariencias”, sombras en la oscura caverna de Platón). Este “otro” mundo ilusorio es el de las ideas platónicas, pero también el del cielo cristiano (el cristianismo es, dice Nietzsche, “platonismo para pobres”), el de la utopía social de algunos ilustrados (el socialismo como un "cristianismo laico") o el del mito positivista del progreso y el control de la naturaleza prometido por la ciencia.
(1) La apariencia como realidad.
Según Nietzsche, desde
Parménides y Platón los filósofos se han empeñado en hacernos creer que lo
real está más allá de la "apariencia". El argumento favorito de estos filósofos era que lo que se nos
aparece a los sentidos es imposible de captar con la razón, pues está permanentemente cambiando, por lo que tendría que haber “otra” realidad más quietecita, eterna e inmutable, que pudiéramos conocer como la "realidad verdadera"... Pero para Nietzsche esto no es un argumento, sino la expresión de una
necesidad psicológica: la de creer que el mundo está hecho a la
medida de nuestra razón. Necesidad que, a su vez, proviene de otra, aún mayor, de seguridad y control; la necesidad de creer que podemos conocer y prever los acontecimientos, para así sentirnos seguros. Ahora bien, el precio a pagar por esta seguridad es el de adorar una especie de cadáver exquisito (la falsa idea de un mundo racional) y el de acabar convirtiéndonos, nosotros mismos, en unos muertos en vida, incapaces de afrontar la vida real, subyugados por ideales y mitos que arruinan nuestro presente y aplazan la vida verdadera y plena a un futuro inexistente…La cultura occidental ha cambiado el mundo y la vida real por un mundo de ideas inmutables, conceptos racionales, creencias religiosas y valores morales que no son nada más que ilusiones. A esta nada, dice Nietzsche, le hemos sacrificado todo: el mundo real, el presente, el disfrute del cuerpo, toda nuestra vitalidad y pasiones. Pero en la época contemporánea, dice nuestro filósofo, todas aquellas ilusiones metafísicas y religiosas (el Ser ideal, la Verdad objetiva, la Bondad cristiana, la Belleza racional...) han empezado a revelarse como la nada que son: la gente se ha vuelto escéptica no solo con respecto a la metafísica y la religión (desvirtuadas por la ciencia moderna), sino incluso con la propia ciencia y la posibilidad de una verdad objetiva (crece por doquier el relativismo, también el relativismo moral). En la sociedad burguesa, concluye Nietzsche, no hay más realidad, verdad y valor absoluto que el dinero... De ahí que, según él, vivamos en una época nihilista (“nihil” significa en latín “nada”) en la que "Dios (que simboliza, para Nietzsche, la Realidad, la Verdad y el Bien absolutos) ha muerto"; no solo porque los hombres hayan descubierto que esas ideas, verdades y valores absolutos en los que creían eran nada, sino también porque lo han cambiado por esa otra nada que es el dinero. El dinero es una nada aún más abstracta y muerta que los "ídolos" (la Realidad, la Verdad...) asesinados por él, pues, una vez que el propio dinero ha acabado con todo, no es más que un medio para nada. El dinero ha sometido la moral al mercado, relativizándola y, así, ha acabado con la sociedad; pero la sociedad, antes de arruinarse, ha acabado con el mito de la verdad objetiva y científica, mostrándola como una convención humana dependiente de intereses y perspectivas sociales; y la ciencia a su vez, antes de hundirse, ha podido acabar con la religión y la metafísica; así que, realmente, no ha quedado nada -bueno, verdadero, relevante- que de valor a esa moneda o medida abstracta que es el dinero. Consumido así en la certeza del nihilismo, el hombre contemporáneo (al que Nietzsche llama a veces "el último hombre") en un ser decadente y pasivo, sin energía vital, apoltronado entre sus mercancías y poseído por una "voluntad de nada" que le conduce a la autodisolución.
No hay más cera, pues, que la que arde en ese eterno fuego que constantemente se apaga y se enciende al que llamamos mundo. Todo vuelve a suceder siempre igual. Eso es la realidad: una eterna danza circular. Un presente infinito que hay que aceptar con infinito amor y ante el que no cabe arrepentimiento alguno, pues en él todo está siempre volviendo a pasar... (Esta es otra forma, más divertida, de decirlo...)
lunes, 2 de marzo de 2026
58. Nietzsche: el filósofo más punk
El pensamiento del filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900) es tan controvertido como las interpretaciones que se han hecho del mismo. Considerado como uno de los "filósofos de la sospecha", junto con Marx y Freud (todos "sospechaban" que tras los valores e ideales occidentales había fuerzas ocultas no desveladas: el miedo u odio a la vida, la infraestructura económica, el inconsciente psicológico...), Nietzsche ha sido el mayor inspirador de la filosofía "postmoderna" y uno de los mayores críticos de la metafísica, la religión, la moral y, en general, la cultura occidental. La fuerza, radicalidad y novedad de sus ideas (muchas de las cuales –“eterno retorno”, “muerte de Dios”, “nihilismo”, “voluntad de poder”, “superhombre”...— forman ya parte del lenguaje filosófico de nuestro tiempo), la intensidad y originalidad de su estilo literario (poético, aforístico, críptico), y la necesaria ligazón entre su obra y su atormentada vida, hacen de Nietzsche uno de los filósofos más influyentes y fascinantes de nuestro tiempo.
2. Crítica feroz de la civilización occidental.
3. Humanismo trágico. Nihilismo y muerte de Dios.
4. Voluntad de poder.

Casi diríamos, en broma, que son los mismos componentes de la "filosofía" atribuida a algunos movimientos contraculturales y musicales (por cierto, Nietzsche era un gran melómano y músico el mismo mismo), como el punk de los años 70 y 80 del pasado siglo:
1. ¡Vive a tope! ¡La vida es una droga dura!...
2. ¡La sociedad es una mierda! ¡¡Destruye!!
3. ¡No existe el futuro! ¡No hay un sentido "más allá": la vida misma, ciega, irracional, es el sentido! ¡Carpe diem!
4. ¡Haz de verdad lo que quieras! ¡¡ Crea, impón tu voluntad, vive, baila, goza, sufre, vive sin esconderte detrás de los razonamientos!! La filosofía no es más que otra forma de tener miedo...
Claro está que Nietzsche pensó en todo esto mucho más, para algo era un filósofo. Tomemos ahora un "aperitivo" de sus ideas (les daremos más consistencia en próximas entradas):
Esta concepción vitalista e irracionalista de la realidad conduce a una propuesta moral radicalmente distinta a la de otros filósofos: para Nietzsche, la vida ha de ser una entrega igualmente ciega y apasionada a esa danza salvaje que es la realidad. Vivir por vivir, diciendo sí a todo, con todas las consecuencias, dolorosas y placenteras. Vivir como Dionisos, el dios borracho de los griegos, sin freno, sin la carga de la tradición, ni la promesa de ningún futuro, pues solo existe el instante repetido, rítmico como un latido. Hay que vivir poseídos por el espíritu libre y embriagador de la música...
Pero todo ha sido en vano, según Nietzsche. Dios ha muerto. Dios son todas las ilusiones, los falsas ideas, conceptos, valores con los que hemos sido engañados, negados, castrados. Todo eso se desvanece en nuestra época (en la de Nietzsche, que es también la nuestra). La propia filosofía y la ciencia no pueden ocultar por más tiempo que todas esas ideas, conceptos, valores, no eran nada (nihilismo); que el mundo no es racional, que la realidad y la vida humana carecen de finalidad y de un sentido que quepa encerrar en conceptos... La antropología nietzscheana presenta al ser humano como un animal filosóficamente enfermo (tal vez, como él mismo, que vivió envuelto casi permanentemente en la enfermedad), abocado a una lucha trágica, inútil, solitaria, pero heroica y bella, por dotar de sentido a lo que no lo tiene.
Esto y mucho más es Nietzsche. Como ejercicio práctico, podéis ir a correr y bailar bajo la luna, armados del martillo de aporrear conceptos, y a los sones de la música de Wagner... (O salir a las calles, si así lo decidís, armados con un spray de pintura y con la música a todo volumen tronando en las orejas...). Aquí tenéis, también, uno de nuestros programas de radio, en el que el Doctor Nietzsche analiza clínicamente la condición del hombre contemporáneo. Y aquí otro, en el que se presenta la famosa distinción nietzscheana entre lo apolineo y lo dionisíaco.
Y a continuación, la presentación de clase:
martes, 24 de febrero de 2026
57. EJERCICIO CON TEXTOS FILOSÓFICOS 5
TEXTO A
Para esta ilustración tan sólo se requiere libertad y, a decir verdad, la más inofensiva de cuantas pueden llamarse así: el hacer uso público de la propia razón en todos los terrenos. Actualmente oigo clamar por doquier: ¡No razones! El oficial ordena: ¡No razones, adiéstrate! El asesor fiscal: ¡no razones y limítate a pagar tus impuestos! El consejero espiritual: ¡No razones, ten fe! (Sólo un único señor en el mundo dice: razonad cuanto queráis y sobre todo lo que gustéis, mas no dejéis de obedecer.) Impera por doquier una restricción de la libertad. Pero, ¿cuál es el límite que la obstaculiza y cuál es el que, bien al contrario, la promueve?
Kant, I.: Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración? Madrid: Alianza, 2009.
TEXTO B
Pues, cuando la naturaleza ha desarrollado bajo tan duro tegumento ese germen que cuida con extrema ternura, a saber, la propensión y la vocación hacia el pensar libre, ello repercute sobre la mentalidad del pueblo (merced a lo cual éste va haciéndose cada vez más apto para la libertad de actuar) y finalmente acaba por tener un efecto retroactivo hasta sobre los principios del gobierno, el cual incluso termina por encontrar conveniente tratar al hombre, quien ahora es algo más que una máquina, conforme a su dignidad.
De cada texto:
1. Lee el texto hasta que lo comprendas, buscando el significado de las palabras que no entiendas y señalando las partes y los conceptos que te parezcan más importantes.
2. Haz una breve contextualización (presentando el texto, al autor y el contexto histórico de la obra).
3. Cuenta brevemente (no más de cuatro o cinco líneas) de qué trata el texto.
4. Analiza y comenta las ideas principales del texto a partir de lo que sabes del autor, pero RECUERDA: NO SE TRATA DE CONTAR LA TEORÍA COMPLETA DEL AUTOR, SINO DE COMENTAR EL TEXTO UTILIZANDO PARA ELLO LAS PARTES DE LA TEORÍA DEL AUTOR QUE CORRESPONDAN. (Esta parte debe ser la más amplia del comentario).
sábado, 21 de febrero de 2026
56. EJERCICIO CON TEXTOS FILOSÓFICOS 4
TEXTO A
Si en el estado de naturaleza la libertad de un hombre es tan grande como hemos dicho; si él es señor absoluto de su propia persona y de sus posesiones en igual medida que pueda serlo el más poderoso; y si no es súbdito de nadie, ¿por qué decide mermar su libertad? ¿Por qué renuncia a su imperio y se somete al dominio y control de otro poder? La respuesta a estas preguntas es obvia. Contesto diciendo que, aunque en el estado de naturaleza tiene el hombre todos esos derechos, está, sin embargo, expuesto constantemente a la incertidumbre y a la amenaza de ser invadido por otros.
Locke, J.: Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil. Madrid: Alianza, 1990, Cap. 9, 123.
TEXTO B
Pues como en el estado de naturaleza todos son reyes lo mismo que él, cada hombre es igual a los demás; y corno la mayor parte de ellos no observa estrictamente la equidad y la justicia, el disfrute de la propiedad que un hombre tiene en un estado así es sumamente inseguro. Esto lo lleva a querer abandonar una condición en la que, aunque él es libre, tienen lugar miedos y peligros constantes; por lo tanto, no sin razón está deseoso de unirse en sociedad con otros que ya están unidos o que tienen intención de estarlo con el fin de preservar sus vidas, sus libertades y sus posesiones, es decir, todo eso a lo que doy el nombre genérico de "propiedad".
Locke, J.: Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil. Madrid: Alianza, 1990, Cap. 9, 123.
De cada texto:
1. Lee el texto hasta que lo comprendas, buscando el significado de las palabras que no entiendas y señalando las partes y los conceptos que te parezcan más importantes.
2. Haz una breve contextualización (presentando el texto, al autor y el contexto histórico de la obra).
3. Cuenta brevemente (no más de cuatro o cinco líneas) de qué trata el texto.
4. Analiza y comenta las las ideas principales del texto a partir de lo que sabes del autor, pero RECUERDA: NO SE TRATA DE CONTAR LA TEORÍA COMPLETA DEL AUTOR, SINO DE COMENTAR EL TEXTO UTILIZANDO PARA ELLO LAS PARTES DE LA TEORÍA DEL AUTOR QUE CORRESPONDAN. (Esta parte debe ser la más amplia del comentario).
martes, 17 de febrero de 2026
55. La teoría política de Immanuel Kant
Immanuel Kant (1724-1804) representa la cumbre de la filosofía moderna y es el filósofo ilustrado por excelencia. Nació y murió en Königsberg, en la Prusia oriental, la mayor parte de su vida bajo el reinado de Federico II el Grande, un rey que simpatizaba con la Ilustración. Aunque brilló sobremanera en la filosofía del conocimiento y en la filosofía moral, Kant también expuso una original teoría política, en la que, junto a la legitimación del despotismo ilustrado como fórmula de gobierno, analiza las condiciones de madurez intelectual y moral que ha poseer una sociedad para aspirar a una forma de Estado netamente representativa. Kant expone su pensamiento político en varias de sus obras, como “Idea para una historia universal en clave cosmopolita”, “Teoría y práctica”, “La paz perpetua” y, sobre todo, en el artículo “Contestación a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración?”, publicado en una revista de Berlín en 1784. En cuanto al contexto histórico del pensamiento político kantiano, conviene situar a Kant en la Prusia de su tiempo y en lo que se ha dado en llamar la “ilustración alemana”. Así, el conservadurismo político de Kant (que prefiere el despotismo ilustrado de Federico II a cualquier experimento rupturista) puede explicarse en parte por la compleja situación de Prusia, una potencia en expansión pero amenazada en el exterior y aún por cohesionar en el interior, lo cual seguramente desaconsejaba cualquier propuesta política que debilitara a la monarquía. Así, pese a las simpatías que muestra por la revolución norteamericana (y más tarde por la francesa), Kant se muestra como un sólido defensor de la monarquía absoluta de Federico II, al que idealiza como el déspota ilustrado que ha de liderar una transición paulatina, sin rupturas revolucionarias, hacia el rumbo que marcan los ideales políticos ilustrados. Por otra parte, la sociedad prusiana, aún sumida en un régimen feudal y con una burguesía menos numerosa e influyente que en otros países, no parece que poseyera la madurez necesaria (la “mayoría de edad” intelectual y moral que reclama Kant) para emprender el proceso de cambios por sí sola. Todo esto no compromete, por supuesto, la contundencia de los argumentos racionales que Kant presenta en contra de la legitimidad de la revolución y en defensa del despotismo ilustrado de Federico II o, a lo sumo, de un régimen representativo autoritario-liberal.
En cuanto al tema del origen de la ley y del Estado, Kant mantiene una concepción más cercana a la de Hobbes que a la de Locke o Rousseau. Para el filósofo prusiano, los individuos en estado de naturaleza se encuentran en una situación de permanente inseguridad, en la medida en que todos intentan imponer su voluntad sobre la de los demás. Por ello, y por simple necesidad natural, se pasa del estado de naturaleza al estado civil o político, en el que existe una autoridad capaz de establecer el orden; un orden que Kant considera imprescindible para la ilustración o educación crítica de los individuos, condición necesaria, a su vez, para todo cambio o progreso político.
En relación con el problema del fundamento y legitimidad del poder político, el pensamiento kantiano coincide en términos generales con el de Hobbes, Locke y Rousseau en su defensa de una teoría contractualista del poder. Así, el poder o soberanía estaría originariamente en los individuos y en el pueblo (no en Dios o en ningún rey), pero, según Kant, estos lo tienen cedido de forma permanente al monarca, que no solo es representante del pueblo (como podría ser el gobernante que proponen Locke o Rousseau), sino también soberano en su nombre (gobierna en su nombre, pero por su bien). Esta cesión significa que, aunque quien legisla y gobierna es el rey o autoridad soberana, este debe hacerlo para el pueblo y tal como lo haría el pueblo caso de que este estuviera capacitado para ello (esto es: en el caso de que fuera mayor de edad en sentido mental o, como dice Kant, capaz de pensar por sí mismo). Todo esto representa una justificación del célebre lema del despotismo ilustrado: “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”.
Ahora bien, a cambio de esta cesión (o "préstamo") de soberanía, el monarca debe garantizar las condiciones materiales y políticas (paz, orden, progreso económico, libertad de pensamiento y opinión, especialmente a los más doctos o sabios) para que ese mismo pueblo pueda ilustrarse y lograr la citada mayoría de edad, condición imprescindible para aspirar a una mayor soberanía política, concesión que, en todo caso, debe provenir del Estado. Así, y pese a sus simpatías por la Revolución francesa, Kant es más reformista que rupturista: la desobediencia y la rebelión popular son para él inaceptables (en esto coincide plenamente con Hobbes y se distingue de la posición de Locke y Rousseau); un falso atajo hacia el cambio político y social, pues este solo puede provenir realmente de la ilustración o educación de la ciudadanía, un proceso necesariamente lento para el que Kant considera imprescindible que los más sabios expresen libremente su opinión crítica, incluso sobre la tarea legislativa del gobierno o cualquier otra institución (incluyendo a la Iglesia), y que los ciudadanos aprendan de ellos a pensar por sí mismos, libres de malos tutores (y aquí Kant alude también, entre otros, a la Iglesia). Para conciliar teóricamente esta libertad de opinión con la obediencia a la ley y el orden, Kant va a establecer la célebre distinción entre uso público y privado de la razón; según Kant, los súbditos de un Estado han de poder usar libremente la razón en el ámbito público (por ejemplo, en la prensa), pero han de restringir este uso (supeditándolo a las leyes y órdenes del gobierno) en el ámbito privado, es decir, en el la razón durante el desempeño de una determinada responsabilidad social (como funcionarios, militares, sacerdotes, profesores…).
Y aquí, la presentación de clase.








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