martes, 6 de octubre de 2026

5. Phýsis y Arkhé. ¿Cuál es la naturaleza de la naturaleza?


El problema más fundamental de la filosofía es siempre el mismo: saber qué es la realidad. O como decían los primeros filósofos griegos, saber qué es la “phýsis” (la “naturaleza”). 

Ahora bien, para conocer la naturaleza no basta con observarla. Lo único que inmediatamente observamos en ella es un montón de cosas o seres en perpetuo movimiento y cambio. En otras palabras: un caos (ya lo decían los mitos: al principio era el caos...). Y no solo es un caos a la vista, también lo es al entendimiento. Si las cosas son muchas (nos dice la razón), han de ser infinitas (no hay dos sin tres, ni tres sin...), tanto en el espacio (infinitamente divisibles) como en el tiempo (infinitamente cambiantes). Pero si las cosas son infinitas han de ser también infinitamente diferentes unas de otras (y cada una de sí misma). Ahora bien, ¿qué cosa puede ser una cosa que no tenga nada en común con las demás cosas? ¡Ni siquiera tendría en común el ser "cosa"! ¿Y qué será algo que no tenga nada en común consigo mismo? ¡No sería nada, pues todo lo que es, es, al menos, igual a sí mismo!... Además. ¿Por qué son como son estas extrañas y presuntas "cosas"? ¿Por qué se mueven y cambian tal como lo hacen?... Así planteado, y a poco que lo veamos y pensemos, el mundo es algo caótico, imposible, inexplicable... 


¿Y podemos vivir así, pensando que todo lo que pasa (y nos pasa) es inexplicable, azaroso y caótico (y, por ello mismo, temible)? Nuestra razón se rebela ante esto y busca buscar explicaciones, causas, leyes en torno a las cuales ordenar las cosas. No puede ser que el mundo sea así de absurdo y caótico. Al fin y al cabo, si la realidad fuera completamente incomprensible ni siquiera la comprenderíamos como tal; y es un hecho que comprendemos lo ilógico y caótico del mundo, por lo que ha de haber algo de razón y orden en ese mundo, aunque solo sea en nuestra mente. Además, por contradictorio que resulta, en el mundo que vemos percibimos identidades, intuimos causas, sospechamos un cierto orden...


Una primera hipótesis filosófica en torno al problema de afrontar una realidad que se nos muestra como imposible y caótica consiste en pensar que la realidad tal como se nos presenta de forma inmediata no es la verdadera realidad, sino una realidad falsa o disminuida, una apariencia o reflejo de la realidad de verdad. Esta distinción entre realidad y apariencia se encuentra también en la mayoría de las religiones del tiempo axial, pero en la filosofía va a desarrollarse de un modo estrictamente racional: dado que, como hemos razonado antes, la realidad no puede ser enteramente ilógica y caótica, ha de existir un nivel de realidad (otra realidad, quizás) que proporcione esa dosis de racionalidad y orden (unidad, causalidad, leyes) a la realidad que vemos. Esta última va a denominarse entonces "realidad aparente", y el nivel de realidad que permite entender y justificar esa realidad aparente va a denominarse "realidad real", o "realidad" a secas. El mundo o realidad aparente es el mundo tal como se nos "aparece" de forma inmediata, sin reflexión; o dicho de otro modo, el mundo tal y como "nos parece" que es, es decir, el mundo prejuzgado por la "opinión". El mundo o realidad real es, en cambio, el mundo tal como es; no el mundo que nos "parece" que es, sino el mundo de verdad, el mundo que descubrimos tras la reflexión o investigación. Algunos filósofos griegos pensaban (como también se cree en algunas religiones) que ese mundo verdadero está oculto, no solo a los sentidos, sino también al ignorante o al profano, y que des-ocultarlo o descubrirlo es la meta de la filosofía o de la vida religiosa (en un caso, investigando con la razón, en otro caso purificando el alma). De ahí que, según algunos, la misteriosa palabra griega para "verdad", que es "alétheia", signifique justamente esto: descubrir, retirar el velo que cubre a la realidad real o, más exactamente, recuperar esa realidad del olvido. 


Si os fijáis, hay muchas imágenes y metáforas en las que se plasma esta misma distinción entre apariencia y realidad. La famosa Alicia del escritor Lewis Carroll ("Alicia", por cierto, es un nombre griego que viene de "alétheia") y los personajes de muchos otros cuentos simbolizan esta idea de la verdad como descubrimiento de lo oculto (detrás de lo aparente, al otro lado del espejo, a través de un viaje interior, tras un ritual de paso, etc.). Pero fijaos también que esto no solo ocurre en los cuentos, la religión o la filosofía; la ciencia también trabaja creyendo que tras los fenómenos aparentes y visibles, y la opiniones y explicaciones vulgares, ha de haber unos principios racionales ocultos (leyes, ecuaciones matemáticas...) que, junto a determinado tipo de fenómenos igualmente desconocidos (energía, materia oscura, agujeros negros...), nos permiten, una vez descubiertos, entender la realidad (incluyendo aquella parte superficial suya que es el mundo aparente) como algo ordenado y sujeto a leyes.


Esta distinción entre apariencia y realidad fue intuida por los primeros filósofos griegos a través de un par de conceptos con los que podemos decir que comienza la historia del pensamiento occidental: "phýsis" y "arkhé". "Phýsis" significa "naturaleza", en el sentido de "todo lo que hay" o "el conjunto de las cosas que vemos"; y "arkhé" significa algo así como la “Naturaleza de la naturaleza”, es decir, aquello que define el carácter o forma de ser de las cosas que vemos. "Phýsis" equivaldría, pues, a el mundo de la apariencia; y "arkhé" a la realidad oculta que lo explica todo, es decir, a aquel principio o principios que proporcionan identidad a las cosas, hacen que las cosas y sucesos ocurran (son sus causas últimas) y hacen que ocurran de forma ordenada y previsible (según leyes inmutables).  



Veamos con un poco más de detalle que es esto de la "arkhé". Para empezar imaginad que sois unos inteligentes extraterrestres y aterrizáis en una selva terrícola llena de todo tipo de seres en movimiento (plantas, animales, cosas...) que jamás habéis visto. ¿Qué es todo eso que veis, si es que hacéis algo parecido a "ver"?... Vuestra razón se pondría inmediatamente a trabajar para contestar a esa pregunta. En primer lugar, reduciría ciertas diferencias, es decir, unificaría ciertas cosas como partes de un mismo objeto o ser (uniendo todas las partes, por ejemplo, de un "león" o de  un "árbol" determinado-- o como quieran llamarlo esos extraterrestres--). La razón, luego, unificaría unas cosas con otras descubriendo lo que tienen en común (por ejemplo, todas las cosas que compartan ciertas características serán concebidas como "animales", otras con otras características serán "plantas", etc.). 


Finalmente, ante este problema es posible que la razón se pregunte por lo que todas las cosas tienen en común (sean del tipo que sean, e incluyéndose la propia razón en el lote). A este elemento constitutivo y permanente de todo, es decir, a lo que todas las cosas son siempre, por muchas y diferentes que sean, y por mucho que cambien, le llamaban los filósofos griegos “arkhé” o "principio de todo". 

Pero con esto no basta. Dado que todo está moviéndose y cambiando, la razón también busca poner orden en el cambio, y para ello busca descubrir las causas y las leyes (fijas y no cambiantes) que gobiernan o determinan los cambios, es decir, que explican por qué, cómo y para qué ocurren esos cambios, permitiendo que podamos predecirlos y estar prevenidos frente a ellos. A estas causas y leyes supremas de todos los cambios también las incluían los griegos en el concepto de “arkhé” o "principio de todo".



Así, frente a la experiencia de la naturaleza (physis) tal como se aparece a nuestros sentidos (caótica, es decir: plural y cambiante), la razón busca ordenarla, descubriendo o estableciendo un principio supremo de orden (arkhé) que es, a la vez:
- Un principio constitutivo: lo común a todo, la unidad de las diferencias, lo que todas las cosas son siempre en el fondo, lo permanente de lo cambiante, aquello de lo que todas las cosas “están hechas”, de donde todo viene y a donde todo vuelve, etc.
- Un principio causal o fuerza: lo que lo mueve todo desde su origen o raíz, dándole movimiento y vida.
- Un principio legal: la ley suprema según la cual se mueve todo en un cierto orden.

La “arkhé” es, así, algo omnipresente, eterno, causa animadora de todo, y ley que todo lo gobierna. No es raro que para muchos filósofos presocráticos la “arkhé” pareciera una especie de entidad divina.




Ahora bien. La "arkhé" no es la respuesta a nuestros problemas. Es solo la presunción de que la respuesta puede existir. Ahora nos toca averiguar en qué consiste concretamente esta "arkhé" o "principio de todo". 

Por cierto, antes de seguir, un par de preguntas:

¿Basta con observar el mundo? ¿Qué más cosas hay que hacer para entenderlo?

¿Cómo crees que soluciona el problema de la arkhé la religión? ¿Y la ciencia actual?



Aquí tenéis la presentación de clase





lunes, 5 de octubre de 2026

4. Cosmovisión mítica y teorización filosófica. El paso del mito al logos según Aristófanes


Los pelasgos eran un pueblo antiquísimo que poblaba algunos territorios de la antigua Grecia hace unos 4.000 años, antes de la llegada de los pueblos indoeuropeos que constituyeron la civilización griega. Aunque se sabe muy poco de ellos, podemos atrevernos a imaginar que vivirían en aldeas de barro y caña, dedicados a la recolección, la pesca y algunas pequeñas actividades agrícolas y ganaderas. Toda su existencia estaría volcada, desde niños, al trabajo y a la crianza. Es posible suponer que casi su único entretenimiento estuviera ligado a la llegada, cuando la ocasión y los caminos lo permitían, del juglar o contador de historias, sucesos y leyendas como esta que os reproduzco. Se trata del mito pelasgo de la creación: 

      “En el principio Eurínome, la Diosa de Todas las Cosas, surgió desnuda del Caos, pero no encontró nada sólido en lo que apoyar los pies y, en consecuencia, separó el mar del firmamento y danzó
solitaria sobre sus olas. Danzó hacia el sur y el viento puesto en movimiento tras ella pareció algo nuevo y aparte con que poder empezar una obra de creación. Se dio la vuelta y se apoderó de ese viento norte, lo frotó entre sus manos y he aquí que surgió la gran serpiente Ofión. Eurínome bailó para calentarse, cada vez más agitadamente, hasta que Ofión se sintió lujurioso, se enroscó alrededor de los miembros divinos y se ayuntó con la diosa. (...) Así fue como Eurínome quedó encinta. / Luego asumió la forma de una paloma aclocada en las olas, y a su debido tiempo puso el Huevo Universal. A petición suya Ofión se enroscó siete veces alrededor de ese huevo, hasta que se empolló y dividió en dos. De él salieron todas las cosas que existen, sus hijos: el sol, la luna, los planetas, las estrellas, la tierra con sus montañas y ríos, sus árboles, hierbas y criaturas vivientes (...)”. [Según R. Graves en
Los mitos griegos (Alianza, 1985, pp. 29 ss. )]



Ahora comparad el mito que acabáis de leer con este otro texto. Se trata de un fragmento de Empédocles, un filósofo griego del siglo V, que investigó, según se dice, sobre la naturaleza:  

    "[Empédocles] dice que los elementos [el fuego, la tierra, el aire, el agua y el quinto elemento: el éter] estuvieron antes combinados por la Amistad, pero que más tarde, a medida que se fueron separando por la acción de Odio, formaron este mundo nuestro.  (...) Dice Empédocles que el éter fue lo primero que se separó; lo siguió la tierra, de la cual, comprimida en demasía por la fuerza de la rotación, brotó el agua y de ella se evaporó el aire; el cielo surgió del éter y el sol del fuego, y los seres terrestres son fruto de la compresión de los otros (...) [Estos seres terrestres] en los que todo sucedió como si hubieran nacido para un determinado fin, se conservaron por hallarse adecuadamente constituidos por azar; aquellos en los que no ocurrió así, murieron y siguen muriendo, al modo como Empédocles dice respecto de las “criaturas vacunas con humano rostro” ". [Noticias sobre el pensamiento de Empédocles, cit. en De Tales a Demócrito. Fragmentos presocráticos. Ed. Alianza; Madrid, 1988, pp. 244 y 246]. 



Y, ahora, leed por último este breve fragmento sobre una conocida tesis científica sobre el origen del universo: 

"Dentro de las teorías cosmológicas, la hipótesis del Big Bang (Gran Explosión) es la que cuenta con mayor respaldo entre los científicos. Basándose en medidas de la expansión del Universo utilizando observaciones de las supernovas tipo 1a, en función de la variación de temperatura en diferentes escalas en la radiación de fondo de microondas y en función de la correlación de las galaxias, la edad del Universo es de aproximadamente 13,7 +/- 0,2 miles de millones de años. La materia hasta ese momento, es un punto de densidad infinita que, en un momento dado, explota provocando su expansión en todas las direcciones y generando lo que conocemos como nuestro Universo. Inmediatamente después del momento de la explosión, cada partícula de materia comenzó a alejarse muy rápidamente una de otra, de la misma manera que al inflar un globo este va ocupando más espacio expandiendo su superficie. Según se expandía el Universo, la radiación residual del Big Bang continuó enfriándose, hasta llegar a una temperatura de unos 3 K (-270 ºC). Estos vestigios de radiación de fondo de microondas fueron detectados por los radioastrónomos en 1965, proporcionando así lo que la mayoría de los astrónomos consideran la confirmación de la teoría del Big Bang. Uno de los problemas sin resolver en el modelo de Universo en expansión es si el Universo es abierto o cerrado (esto es, si se expandirá indefinidamente o se volverá a contraer). Un intento de resolver este problema es determinar si la densidad media de la materia en el Universo es mayor que el valor crítico en el modelo de Friedmann. Ahora bien, hasta que se comprenda el fenómeno de la materia oscura, este método de determinar el destino del Universo será poco convincente"



¿Qué diferencias encuentras entre estos textos? Parece evidente que todos hablan de lo mismo (de la creación del mundo), pero ¿todos lo hacen de la misma manera? ¿Qué diferencias hay entre unos y otros? 

Las diferencias entre el relato mítico y el discurso racional serían, entre otras, estas: 

1. Las narraciones míticas no constituyen un saber racional, es decir: no se fundan en datos obtenidos por la observación ni en argumentos lógicos, sino en la tradición, la fe, la emoción y ciertos eventos prodigiosos (visiones, milagros...), mientras que los explicaciones filosóficas y científicas se fundan en razonamientos y en la observación experimental. 

2. Los mitos explican los sucesos de un modo que, desde la perspectiva humana, resulta incomprensible o arbitrario (ocurren por la voluntad inescrutable de los dioses o por una misteriosa intervención del Destino), mientras que la filosofía o la ciencia buscan causas humanamente observables o definibles que permitan predecir los fenómenos.

3. Los mitos son presuntas verdades reveladas por la divinidad a cierto tipo de personas (poetas, sacerdotes, chamanes...), mientras que la ciencia o la filosofía se compone de verdades hipotéticas desveladas a todos aquellos que pongan empeño en conocerlas.

4. En los mitos no está clara la distinción entre lo que se cuenta y lo real contado (a veces el propio contar se supone como origen mismo de lo real), por lo que no constituye un saber reflexivo o consciente de sí (lo que se cuenta se confunde con lo real), mientras que la filosofía y la ciencia son plenamente conscientes de que sus producciones son meras teorías que pueden o no describir correctamente lo real.

5. Por no ser consciente de sí, el saber mítico no es un saber crítico que ponga en duda sus propias afirmaciones, mientras que la ciencia y la filosofía son saberes autocríticos que dudan constantemente de sí mismos.

6. Por no ser un saber crítico, el saber mítico apenas cambia; los mitos se repiten de generación en generación, y solo cambian por error de transmisión o por adaptación a nuevos contextos culturales. La filosofía y la ciencia son saberes en constante revisión y cambio.

7. El saber mítico no constituye un conjunto sistemático de ideas coherentes entre sí, sino un cúmulo de imágenes y relatos a menudo contradictorio. La ciencia y la filosofía construyen sistemas complejos de ideas que intentan ser coherentes entre sí.

8. El saber mítico utiliza un lenguaje imaginativo y poético, estructuras narrativas, y formas y temas cercanos a la realidad común (dioses antropomórficos con características humanas, intervenciones en el mundo, relaciones con personas...), para lograr seducir al auditorio, mientras que la filosofía y la ciencia emplean un lenguaje abstracto y preciso, estructuras puramente argumentativas, y tratan temas muy alejados, a veces, de la realidad cotidiana. 

9. El saber mítico está relacionado con ciertas "técnicas" o prácticas mágicas (ritos, sacrificios, sortilegios...); el saber filosófico y científico se desvincula de estas "técnicas" y la sustituye, en ocasiones, por la tecnología derivada de la aplicación de ciertos conocimientos teóricos.




En este fragmento de la comedia de Aristófanes "Las Nubes", podéis encontrar un ejemplo muy claro de lo que supone, para la mentalidad de los antiguos griegos, el paso del mito al logos. En él, el viejo Estrepsíades, un campesino cargado de deudas, pretende ingresar en una "escuela de filósofos" (dirigida por un tal Sócrates), con objeto de aprender a usar los argumentos para resolver sus problemas... 

Estrepsíades.- Pero Zeus, según vosotros, a ver, ¡por la Tierra!: ¿Zeus Olímpico, no es un dios?
Sócrates.- ¿Qué Zeus? No digas tonterías. Zeus ni siquiera existe.
E.- Pero, ¿tu qué dices? Pues, ¿quién hace llover? Esto, acláramelo antes de nada.
S.- ¡Esas, claro! [señalando a las Nubes] Y te lo demostraré con pruebas de gran peso. A ver: ¿dónde has visto tú que alguna vez llueva sin nubes? Sin embargo, lo que tendría que ser es que él [Zeus] hiciera llover con el cielo despejado y que éstas estuvieran ausentes.
E.- ¡Por Apolo!, con lo que acabas de decir le has dado un apoyo al asunto éste. Y la cosa es que yo antes creía a pies juntillas que Zeus orinaba a través de una criba. Pero explícame quién es el que produce los truenos, eso que me hace a mí temblar de miedo.
S.- Estas [las Nubes] producen los truenos al ser empujadas por todas partes.
E.- A ver, a ti que no se te pone nada por delante: ¿cómo?
S.- Cuando se saturan de agua y por necesidad son forzadas a moverse, como están llenas de lluvia, necesariamente son impulsadas hacia abajo; entonces, chocan unas contra otras y, como pesan mucho, se rompen con gran estrépito.
E.- Pero el que las obliga a moverse, ¿quién es? ¿No es Zeus?
S.- Ni mucho menos; es un torbellino etéreo.
E.- ¿Torbellino? No me había dado cuenta de eso, de que Zeus no existe y de que en su lugar reina ahora Torbellino. Pero aún no me has explicado nada del estruendo y el trueno.
S.- ¿No me has oído? Las nubes, al estar llenas de agua, te digo que chocan unas con otras y hacen ruido porque son muy densas.
E.- Vamos a ver: eso, ¿quién se lo va a creer?
S.- Te lo voy a explicar poniéndote a ti como ejemplo. En las Panateneas, cuanto ya estás harto de sopa de carne, ¿no se te revuelven las tripas y de pronto se produce un movimiento en ellas que empieza a producir borborigmos?
E.- Sí, por Apolo, y al momento provoca un jaleo horrible y un alboroto; y la dichosa sopa produce un ruido y un estruendo tremendo, como un trueno; primero flojito, “papax, papax”, después más fuerte “papapapax”, y cuando cago, talmente un trueno, “papapapax”, como hacen ellas.
S.- Pues fíjate qué pedos tan grandes han salido de ese vientre tan pequeño. Y el aire éste, que es infinito, ¿cómo no va a ser natural que produzca truenos tan grandes?

(Aristófanes, Las nubes. 366-394, versión de E. García Novo. Alianza editorial, 1987)




¿Qué novedades presenta las explicaciones de Sócrates en comparación con las explicaciones míticas que cita Estrepsíades?

¿Por qué crees que tanta gente sigue prefiriendo las explicaciones míticas y religiosas a las científicas y filosóficas?  

Y aquí la presentación de clase: 

martes, 29 de septiembre de 2026

3. La hipótesis del tiempo axial y el nacimiento de la filosofía en la Grecia antigua. Las filosofías no occidentales



Como hemos dicho en entradas anteriores la filosofía es reflexión y diálogo, pensar en lo que pensamos y mirarnos en las ideas de otros para conocernos y perfeccionarnos, ser más libres y felices. También dijimos que las ideas más grandes y profundas son las que tienen que ver con el misterio de la existencia (la realidad), con nuestra naturaleza e identidad (el ser humano), con el problema de la verdad (el conocimiento) y con la inquietud por vivir bien, ser justos o apreciar la belleza (los valores). Y que el curso que hemos empezado va de esto: de la historia de estas ideas, de cómo los hombres las descubrieron, las convirtieron en preguntas e intentaron darles respuesta. Al final de esta historia estamos nosotros, enfrentados a las mismas preguntas y a la misma dificultad y necesidad de responderlas. Por el camino, durante miles de años, el esfuerzo de intentarlo ha ido poblando nuestra mente de creencias y teorías que son las que hoy configuran nuestra forma de pensar y, por eso mismo, nuestra manera de ser y de actuar... Pero, ahora, vayamos a los comienzos de esta historia.
Mito egipcio de Geb y Nut


Podría decirse (y esto no es más que una historia figurada) que en el alba de las civilizaciones humanas, y durante miles de años, los seres humanos confiaron apasionadamente (o, al menos, bastante más que ahora) en los cuentos y en los mitos, como hacen todavía los niños. En esta época mítica (o "infantil"), las historias y leyendas sobre dioses y héroes daban respuesta a las grandes preguntas humanas (ya sabéis cuáles son), y el conocimiento disponible, despreocupado de esas grandes cuestiones, se limitaba a resolver problemas prácticos. Los hombres miraban, como hoy, a las estrellas, pero no por afán de comprender su naturaleza, sino para guiar sus barcos y para buscar señales del dios que gobernaba el mundo y del que dependía su suerte.



Pero según algunos filósofos, como Karl Jaspers, allá por el primer milenio a. C. tuvo lugar una gran transformación espiritual en el mundo civilizado. Jaspers pensó que esta transformación marcaba un eje o punto de referencia en el tiempo histórico, y denomino a esta época "era axial". Su planteamiento es tan discutible como sugerente: entre el 800 y el 200 a. C. habrían vivido unos personajes paradigmáticos que, sin conexión aparente entre ellos, infundieron en distintas sociedades y culturas una forma distinta de encarar las grandes preguntas. Estos personajes extravagantes fueron Confucio y Lao-Tsé en China, Buda y otros hombres santos y sabios en la India (brahmanes, jainistas), Zaratustra y sus seguidores en Persia, Elías y otros profetas en Palestina, y los sofistas y filósofos en la Grecia antigua... Con ellos la humanidad pareció despertar, como un adolescente que comenzara a cuestionarlo todo. 

Imagen de Confucio
Estos personajes críticos y extravagantes (como suelen ser los adolescentes desde la perspectiva de los adultos), todos ellos con un aura religiosa, iban de pueblo en pueblo dialogando con sus discípulos y con la gente; preferían las plazas a los templos, el ocio al negocio, y cultivar la vida interior antes que repetir las tradiciones y ritos de sus antepasados... Todos ellos parecen enormemente críticos con la tradición, con las formas de religiosidad ritual y con el conocimiento puramente "externo" y superficial de las cosas... Con ellos se difunde el aprecio por la reflexión y lo trascendente (lo que no se ve y existe más allá de las apariencias), y las grandes preguntas toman, tal vez por vez primera, carta de naturaleza: ¿En qué consiste la verdadera realidad
 (más allá del mundo sensible)? ¿Cuál es la naturaleza que compartimos todos los seres humanos (más allá de nuestra procedencia o grupo cultural o incluso de la vida terrenal)? ¿Qué podemos creer y por qué (más allá de nuestros engañosos sentidos o de lo que nos dicen la tradición y los mitos)? ¿Cómo debemos vivir y organizar la sociedad (más allá de lo que dictan las normas convencionales, los sacerdotes o los poderosos)? 


Según Jaspers y otros, plantear públicamente estas cuestiones generó una profunda crisis y revolución espiritual en la que aún estaríamos inmersos. Ahora bien, aunque de esto no habla Jaspers, el desarrollo de las respuestas a esa crisis parece haber sido muy distinto en unas civilizaciones y otras. Muy en general, y simplificando muchísimo, las civilizaciones más orientales (desde Oriente próximo a la China) parecieron dar una "respuesta religiosa" a las grandes preguntas. La revolución pareció, en ellas, fundamentalmente religiosa, y supuso un cambio desde el animismo, el ritualismo (con sus sacrificios y prácticas mágicas) y la mitología politeísta, hasta las grandes religiones monoteístas y rodeadas de teología que reinan hoy en el mundo (el confucionismo y el taoísmo, el budismo, el mazdeísmo, el judaísmo y las otras religiones abrahámicas). En estas nuevas religiones la verdadera realidad se concibe, en general, como algo trascendente (vinculada a un Dios innombrable y oculto); al ser humano como un alma diferente al cuerpo; la verdad como fruto de una revelación o experiencia espiritual; y la vida buena como una práctica de virtudes como la compasión y el ascetismo.

Frente a esta manera religiosa de responder a las grandes preguntas, los sabios de Occidente (los filósofos), en cambio, parecieron apostar por algo radicalmente nuevo: la crítica de toda verdad mítica o religiosa y la búsqueda de una respuesta racional a aquellas mismas cuestiones. En lugar de un Dios innombrable, los filósofos comenzaron a buscar un principio o causa racional como explicación de todo. En vez de un alma opuesta al mundo, los filósofos pensaron al ser humano como un alma capaz de comprender y dominar ese mismo mundo. En lugar de como una revelación divina, los filósofos consideraron a la verdad como un desvelamiento o descubrimiento debido a la razón y la observación humanas. Y en lugar del ascetismo cultivado por algunas de las religiones orientales, los filósofos produjeron una variada oferta de modos de vida, incluyendo modelos éticos y políticos basados en la afirmación de los deseos individuales, el afán de mejora y el progreso material... Esta “apuesta” por la explicación y el diálogo racional, por el dominio técnico de la naturaleza, por la autonomía humana y por el deseo de progresar fue, desde entonces, la seña de identidad de nuestra civilización. Algunos piensan que gracias a esta apuesta la humanidad despertó del todo (otros piensan que, por culpa de ella, los humanos nos perdimos del todo) y fue desarrollando a lo largo de los siglos todo el potencial de conocimiento e ingenio que, según solemos decir, nos define a los seres humanos. Con la filosofía especialmente nació un modo de saber puramente teórico (un saber por saber, no vinculado a necesidades prácticas ni a prácticas religiosas), reflexivo (un saber del saber mismo, dirigido no solo a explicar, sino a explicar el por qué de la propia explicación) y siempre crítico (un saber contra todo saber, desconfiado, interrogativo, carente de fe) ...





Este “despertar” filosófico de Occidente ocurrió en torno al siglo VI a. C, en las prósperas colonias griegas del Mediterráneo y en pequeñas ciudades en que la gente estaba acostumbrada a negociar y discutirlo todo en plazas y asambleas, y en las que la religión estaba a cargo de poetas que igualaban a dioses y hombres bajo una misma Ley común (la Necesidad o el Destino). No siendo el mundo fruto de la sola voluntad incomprensible de los dioses, sino cosa de leyes, los filósofos se lanzaron al descubrimiento de esas leyes, buscaron explicaciones “naturales” (basadas en la observación y la lógica) a lo que antes se explicaba con mitos y leyendas, cambiaron la revelación por el descubrimiento, la creencia ingenua por la reflexión crítica, la repetición por la innovación, y el lenguaje imaginativo por los argumentos y los conceptos abstractos...

En Grecia, este tránsito desde el saber mítico al saber racional, o como suele decirse: el paso del mito al logos (logos significa “razón” o “argumento”), no ocurrió de la noche a la mañana, sino muy lentamente, hasta el punto de que los primeros filósofos aún hablaban en un lenguaje mítico, daban nombres de dioses a las causas naturales y se expresaban a través de poemas y cuentos... Pero aunque lento, el proceso fue imparable. Los hombres acabaron por arrinconar a los dioses y empezaron a dar razón de todo por sí mismos. La filosofía y, con ella, la civilización occidental, habían nacido... 

La Escuela de Atenas, pintada por Rafael 


Ahora bien, aunque muchos autores afirman que la filosofía surge en su forma más propia en la Grecia antigua, la mayoría de ellos admite también que en otras civilizaciones se ha dado algo, como mínimo, similar a la filosofía. De entrada, muchos de los rasgos que caracterizan a la filosofía griega más arcaica están también presentes en la teosofía hindú o la tradición sapiencial china. Así, podemos ver que como en los textos religiosos hindúes o en las obras atribuidas a Confucio o Lao-Tsé, se trata no solo de las mismas cuestiones que interesan a la filosofía (la distinción entre lo trascendente y lo aparente, el problema de lo uno y lo múltiple, la diferenciación entre lo permanente y lo cambiante, la relación alma-cuerpo, las tensiones entre individuo y sociedad, etc.), sino que se utiliza un lenguaje abstracto y argumentativo (ser, unidad, dualidad, justicia...), e incluso se practica el diálogo entre maestro y discípulo tal como en la filosofía griega. Ahora bien, las llamadas "filosofías orientales" no abandonaron nunca su vinculación a los textos religiosos, y ahondaron solo en ciertas cuestiones filosóficas (ontología, ética...) desde una perspectiva con frecuencia mística, mientras que la filosofía occidental, desvinculada casi totalmente de la religión (tanto en sus inicios como, especialmente, en las épocas moderna y contemporánea) aplicó el "bisturí" de la razón a todo tipo de asuntos, incluyendo al propio conocimiento (y a la propia razón), y ha tenido, por lo general, más relación con la ciencia que con la religión. De todos estos datos quizás no se pueda deducir que la filosofía, como saber opuesto al mito y al saber común, brote con la misma intensidad en todas partes, sino solo que hay que moderar la tan celebrada opinión de que la filosofía es un “invento” griego o, por extensión, occidental (y eso pese a que la filosofía académica que se cultiva hoy en todo el mundo tiene como referente fundamental a esa misma filosofía occidental).


¿Estáis de acuerdo con todo esto? 
¿Son tan diferentes la civilización occidental y la oriental? ¿Cuál crees que condujo por un mejor camino a la humanidad? ¿No cometimos los occidentales un tremendo error al probar del árbol de la sabiduría? ¿No estará la felicidad más en la entrega confiada y la inocencia (la fe) que en el conocimiento y el "progreso"?


Os enlazo, por cierto, esta entrada del maravilloso blog de nuestro amigo y vecino de caverna Juan Antonio Negrete, y que trata también de los orígenes de la filosofía.


Y aquí la presentación de clase: 









lunes, 28 de septiembre de 2026

2. Cuatro temas de conversación para seducir a un filósofo/a. Periodos de la Historia de la Filosofía



Creo que tenemos ya claro que nos interesa estar con gente interesante con la que compartir y medir nuestras ideas y aprender. ¿Y habrá alguien más loco por las ideas que un filósofo? Durante este curso vamos a traer aquí a la caverna a los más grandes. Ya veremos mediante qué técnicas parapsicológicas (es broma). La cosa es que una vez se nos aparezcan se (nos) queden (dentro). Ya os podéis imaginar que son gente inquieta a la que no le va nada aburrirse. Pues bien, para seducir a un filósofo o filósofa nada mejor que sacar los siguientes cuatro temas de conversación, que son también las cuatro grandes preguntas o ramas de la filosofía. Y las cuatro cosas que más importa pensar y saber en la vida, creo yo (aunque esto también habrá que discutirlo, claro). 


  1. La pregunta ontológica (o metafísica): ¿QUÉ ES LA REALIDAD? Ojo, que esta pregunta admite variaciones: ¿Qué significa ser o existir? ¿Qué cosas son realmente reales? (de esto se ocupa la ontología general) ¿Hay modos o grados de existencia? ¿Qué es la naturaleza? (este es el tema de la cosmología o filosofía de la naturaleza) ¿Existe una realidad perfecta o divina?  (de esto se ocupa la teología filosófica)… ¿Y qué decir de esa realidad que parece estar entre la naturaleza y Dios: nosotros, los seres humanos, la sociedad, la historia, la cultura…? ¡Un momento! Esta última pregunta es tan importante que merece un apartado propio…

    2. La pregunta antropológica (o psicológica): ¿QUÉ ES EL SER HUMANO? ¿Qué lugar ocupamos en el cosmos? ¿Somos algo más que animales muy complicados? ¿Qué nos diferencia de las máquinas? ¿Qué es la mente? ¿Cómo influye la cultura en lo que somos? ¿De dónde venimos, para qué estamos aquí, y a dónde vamos cuando llega la muerte?...        
                                                                                                                 3. La pregunta epistemológica (o gnoseológica), que se refiere a la relación teórica que hay entre el ser humano y la realidad, es decir, al conocimiento. ¿EN QUÉ CONSISTE EL CONOCIMIENTO? ¿Es realmente posible conocer? ¿Conocemos con los sentidos o con la razón? ¿Cómo podemos estar seguros de que estamos seguros de algo? ¿Cómo sabemos que lo que pensamos, decimos, oímos, teorizamos...es verdadero? ¿Qué es de verdad la verdad?...                                        

                                                   
    4. La pregunta ética y política (e incluso estética) que atiende también a la relación entre nosotros y el mundo, pero esta vez, a la relación práctica.  ¿QUÉ  DEBERÍAMOS HACER PARA QUE LA REALIDAD FUERA MEJOR DE LO QUE ES? ¿Qué es lo que hay que hacer para ser buenos y felices? ¿Y para que la sociedad sea más justa? ¿Y para que las cosas sean más hermosas? ¿Qué es lo bueno? ¿Qué es lo justo? ¿Qué es lo bello?

El mundo, la existencia humana, la verdad, la bondad, la justicia, la belleza.... Lo que es todo, lo que somos nosotros, lo que podemos saber, lo que debemos hacer... ¿Se pueden pensar ideas más grandes y poderosas que aquellas que tratan de todo eso? ¿Hay algún otro tema de conversación interesante que no esté relacionado de algún modo con estos cuatro? ¿Cuál? Decídmelo si lo encontráis.






Por otra parte, todas estas ideas y preguntas han sido tratadas por filósofos y filósofas a lo largo de un buen número de siglos que, en el caso de Occidente, solemos dividir en eras o etapas: la Antigüedad, la Edad Media, la Edad Moderna y la Edad Contemporánea. 

La filosofía antigua comienza en torno al siglo VII a. C, con los filósofos griegos y, según algunos, acaba en torno al siglo V d. C. (El emperador romano Justiniano cierra la Academia platónica un poco después, en el 529 d. C). Sin embargo esto es ambiguo, pues filósofos muy importantes, a los que consideramos medievales, como San Agustín de Hipona, nacen y escriben aún en el siglo IV d. C. Nosotros preferimos pensar que la filosofía antigua (griega y latina) se solapa con los inicios de la filosofía medieval hasta el siglo V aproximadamente, teniendo en cuenta que desde el siglo I d.C. comienza a cultivarse también, mezclada con ella, la teología y la filosofía cristiana.


La filosofía medieval comienza en un periodo que va del siglo I al siglo V d. C y acaba en torno al siglo XIV, con la muerte de Guillermo de Ockham y el desarrollo del Renacimiento en Italia. 

La filosofía moderna comienza en torno al siglo XIV, con el desarrollo del Renacimiento, y se da por aproximadamente acabada a principios del siglo XIX, con la muerte de Immanuel Kant. 

Finalmente, la filosofía contemporánea comprende desde principios del siglo XIX hasta nuestros días. 


Como veis, la filosofía antigua y medieval ocupa, cada una de ellas, unos catorce siglos, mientras que la filosofía moderna y contemporánea transcurren durante un número mucho más modesto de años; sin embargo, el caudal de filósofos y filósofas que conocemos bien es, obviamente, mayor en la época moderna y contemporánea. 

En cualquier caso, es importante retener bien el nombre y localización de estos periodos, pues será en torno a ellos y a las áreas ya citadas de la filosofía (ontología, antropología, etc.) como organizaremos las teorías y filósofos a estudiar y como se organizaran también las preguntas de los exámenes. 

Tened también en cuenta que el currículo se organiza en tres bloques, que no coinciden exactamente con los periodos históricos. El primer bloque se corresponde con la filosofía antigua, el segundo bloque con la filosofía medieval y moderna, y el tercer bloque con la filosofía contemporánea a partir del pensamiento de I. Kant. 





Y aquí la presentación de clase: 


Además, y para ir entrenándote, puedes invocar y discutir de lo que quieras con cualquier filósofo en este chat (parte de la web de IA educativa del profesor Ramón Besonías). 

viernes, 25 de septiembre de 2026

1. La primera clase de Historia de la Filosofía. Curso 2026/27

 

Todos los años me pregunto por qué quiero yo dar un curso de filosofía. Y también me pregunto por qué habéis de quererlo vosotros (si la filosofía fuera solo una cuestión mía o de unos pocos, como la astronomía o el rugby, no sería cosa de mucho valor, ¿no?).

Pensad un momento y decidme por qué acudís al instituto, o a cualquier otro lugar que os guste más (es decir, cualquiera). ¿Por qué preferís vivir como vivís, dejándoos llevar o decidiendo hacer esto o aquello? O, sencillamente: ¿por qué vivís, para qué?.. Me apuesto mi sueldo de todo el curso a que la respuesta es esta: todo lo que hacéis (o dejáis de hacer) es... por algo que tenéis en la cabeza, es decir: por eso que llamamos... "ideas". Seamos o no conscientes de ellas, sean nuestras o de otros, sean buenas o malas, tenemos la cabeza llena de ideas, y todo lo que hacemos, percibimos, sentimos, deseamos y pensamos (sobre el mundo, sobre nosotros mismos, sobre los demás...), todo-todo depende de esas ideas... 


Pues bien, la filosofía no es más que el deseo de hacerte consciente y dueño de tus propias
 ideas y, por tanto, de tu propia vida. Aquel que es consciente de las ideas que le mueven puede criticarlas y mejorarlas (y, así, mejorar también su vida). 

¿Y esto de hacerse uno consciente de las ideas como se hace? Fácil (¿fácil?): a través de la reflexión. ¿De la qué? La reflexión es algo así como obtener un "reflejo" de las ideas que tenemos en la cabeza; como ponerlas "frente a un espejo". Es pensar en lo que pensamos. 

La reflexión se hace de dos formas: el monólogo (me "flexiono" y me pienso hacia dentro), y el diálogo (que es el arte de de hacerme flexible para con las ideas de los demás, de ponerme en su lugar para comprender y asimilar esas ideas y así no ser un... "idiota").

Fotografía de Chema Madoz

El idiota es el que cree que sus ideas son "las ideas" (es decir, el que se cree sabio). Pero esto suele ser falso. Ni nuestras ideas son nuestras (casi siempre las hemos aprendido de otros), ni son más que verdades a medias (y eso en el mejor de los casos). Para que sean mejores (y nosotros con ellas) conviene verlas y buscarlas como piezas de un puzle que solo podemos completar con las ideas de los otros, esas a las que nos asomamos a través del diálogo. Tal vez  completando ese puzle podamos acercarnos a esa quimera que es la verdad...  


Dejar de ser un idiota (ese es uno de los objetivos de la filosofía) tiene que ver, pues, con buscarnos en el espejo y el eco de los demás. Los demás, los otros, son... las ideas que no tenemos. Por eso es tan importante el diálogo, la comunicación, el amor... Es decir, el deseo de comprender a los demás (de comprender sus ideas) y de compartir con ellos nuestros pensamientos. Comprender (escuchar, leer...) a los demás, y comunicarnos con ellos (hablar, escribir...), es como abrazarlos en esa parte suya que no se ve ni se toca, en la más íntima, allí donde están de verdad y de donde proviene toda su vida, en la parte de... sus ideas. 


¿Y a quién preferimos amar, al que más ideas tiene para comprender o al que menos? Parece obvio que al primero (¿Para qué amar a alguien que sea tan tonto o más que nosotros?) ... ¡Y eso vamos a hacer aquí! Tener amores con los filósofos y filósofas, con esos que más se han aventurado en la jungla de las ideas y más pueden darnos a comprender. Los invocaremos uno a uno, y frotaremos nuestras ideas con las suyas hasta quedarnos preñados de... ¡de nosotros mismos!   



Porque, en el fondo, las ideas de esos filósofos son... nosotros, nuestra misma raíz. Conocer la historia del pensamiento es conocer la forma con que hemos llegado a ver, sentir, desear y pensar tal como lo hacemos hoy. Y también abrirse a la posibilidad de cambiarla y, de esa manera, cambiar también el mundo... 

A veces la historia de la filosofía me parece como la historia de una única Mente que fuera dialogando consigo misma, pensándose siglo a siglo, a través de cada uno de los grandes filósofos y filósofas., hasta conocerse del todo, hasta hacerse totalmente transparente, toda luz sin sombra. Tal vez nosotros somos parte de ese proceso, y tal vez esa Mente sea la que ahora piensa y habla a través de nosotros. 
Tal vez.

Bienvenidos de nuevo a este curso de amor y filosofía (si es que no son lo mismo).





Entrevistas iniciales "qué es para ti la filosofía" en 2B, 2D y 2F