lunes, 26 de octubre de 2026

13. Lo que siempre quiso saber sobre las ideas de Platón y nunca se atrevió a preguntar






La llamada “teoría de las ideas” es la teoría ontológica de Platón, es decir, la teoría platónica acerca de la realidad. Platón nunca la expuso, que sepamos, de manera sistemática. Como buen filósofo lo que hace es pensarla y discutirla una y otra vez, tal como muestra en sus diálogos.


¿CÓMO AFRONTA PLATÓN EL PROBLEMA DE LA REALIDAD?

Como casi todos los filósofos anteriores, Platón afronta el problema de la realidad distinguiendo entre aquello que se nos aparece inmediatamente a los sentidos (y que se muestra inconsistente, absurdo y caótico) y aquello otro que la razón reconoce como necesario para dotar de identidad, causa, ley y cognoscibilidad a lo real. A lo primero lo llamará "mundo sensible" y a lo segundo "mundo inteligible", pues solo podemos conocerlo a través de la inteligencia. El mundo sensible se compone de todo lo que creemos percibir o experimentar (las cosas, seres y sucesos físicos o psíquicos); el mundo inteligible se compone de lo que Platón va a llamar "formas" o "ideas". Estas "formas" van a ser la respuesta de Platón a la pregunta por la "arkhé" típica de los presocráticos; es decir, a la pregunta por aquello que constituye la identidad de las cosas, lo que las causa o mueve, y lo que determina su forma de ser. 


¿QUÉ SON LAS IDEAS PLATÓNICAS?

En sus diálogos, Platón habla constantemente de ciertas “formas” o “ideas”. Estas formas o ideas:
(a) son las cosas verdaderamente reales;
(b) son el aspecto que tienen en común los distintos individuos que componen una clase o género (por ejemplo, la idea o forma de ser humano o de caballo); o los distintos aspectos o cualidades que podemos atribuir a un individuo o género (por ejemplo, la idea o forma de animalidad, racionalidad, nobleza, ancianidad, prudencia, belleza, etc. ); más discutiblemente podrían ser el aspecto que tienen en común las distintas partes y momentos de un individuo particular (por ejemplo, la idea o forma de Sócrates o de Rocinante), pero esta idea no es fácilmente atribuible a Platón;
(e) son el modelo ideal o perfecto de cada individuo, género o cualidad de los que son idea o forma;
(c) son trascendentes, es decir, independientes del espacio y el tiempo (no son extensas o corpóreas, pueden "estar" en muchos lugares sin dividirse, no cambian ni están sujetas al tiempo), por lo que no son cosas físicas o sensibles;
(d) son objetivas, no subjetivas; no son fenómenos mentales (pues estos están sujetos al tiempo) ni dependen de que las pensemos para existir (pueden ser el objeto del pensamiento, pero no son pensamientos).
(e) son la condición de posibilidad del conocimiento, en cuanto permiten identificar y reconocer a las cosas atribuyéndoles unidad, identidad y determinadas cualidades o propiedades (X es una cosa, animal, caballo, bello, noble, etc.).





¿POR QUÉ CREE PLATÓN QUE EXISTEN LAS IDEAS?

Primero: Si las cosas sensibles existen de algún modo (aun como apariencias) han de tener identidad y ciertas propiedades o aspectos característicos; ahora bien, ni la identidad ni las propiedades con que caracterizamos a las cosas tienen cabida en el mundo sensible; por tanto, si las cosas sensibles existen (de algún modo), ha de existir también un ámbito de realidad no sensible en donde radiquen su identidad y las propiedades que las caracterizan (este ámbito es el que llamamos el mundo de las formas o ideas). Explicación: Nada puede ser sin unidad (sin ser "una" cosa) ni sin cierta identidad estable (sin ser "lo mismo" de un instante a otro); pero las cosas sensibles son continuamente divisibles en partes y momentos diferentes, por lo que en ningún caso se cumple en ellas la mínima condición para ser, que es la unidad o identidad (A = A). Este ocurre también en los fenómenos psíquicos, pues aunque no estén sujetos al espacio, sí que están sujetos al tiempo. Siendo así, las cosas sensibles (físicas o psíquicas) solo pueden ser algo en relación con otras cosas que sí tengan esa unidad o identidad; esas otras cosas son las formas o ideas trascendentes. Además, las cosas sensibles son lo que son en tanto poseen determinados aspectos o propiedades (son... grandes, vivas, nobles, dinámicas, hermosas, humanas, etc.), pero ninguna de estas propiedades puede ser una cosa física o psíquica (fijaos que, por ejemplo lo grande o lo vivo pueden estar en muchos lugares y tiempos a la vez, o no estar en ninguno, sin dejar de ser lo que son); son, pues, formas o ideas. 

Segundo: Las cosas sensibles están en un continuo proceso de devenir, de evolución o de involución (por eso nos parecen más o menos perfectas o imperfectas, más o menos grandes, vivas, nobles, hermosas, etc.); ahora bien, si las cosas sensibles existen y devienen ha de existir también aquello en razón de lo cual evolucionan o involucionan: algo que ya no evolucione ni involucione, y que no puede pertenecer al mundo sensible (pues en él, como decimos, todo esta en proceso de cambio); esto que no cambia ni deviene, porque ya es perfecto, son las ideas o formas inteligibles, que son también modelos de perfección ideales para las cosas que participan de ellas. Explicación: todo en el mundo sensible nos parece más o menos imperfecto o inacabado (no hay caballos, personas, ni círculos concretos que sean perfectos); de hecho, todo lo sensible se mueve y cambia, bien para desarrollarse o para deteriorarse. Ahora bien, la experiencia de lo imperfecto y del cambio no sería posible sin la existencia de lo perfecto e invariable; esta perfección no existe en el mundo sensible, pero como es condición del mismo, si existe el mundo sensible ha de existir esa perfección, pero no en el mundo sensible, sino en el mundo inteligible de las formas o ideas, que son también el modelo de perfección de las cosas sensibles, es decir, el grado máximo de ser cada cosa y de cada propiedad de cada cosa (el ser humano perfecto, el caballo perfecto, la belleza perfecta, etc.).

Tercero. Si las cosas sensibles fueran las únicas cosas reales, no podrían ser conocidas (ni siquiera como apariencias), pues carecerían de la unidad, identidad y propiedades necesarias para poder ser identificadas y definidas; ahora bien, dado que podemos conocer de algún modo a las cosas sensibles, han de existir otras realidades no sensibles que hagan posible dicho conocimiento (estas otras realidades no sensibles son las formas o ideas). Explicación: si las cosas fueran físicas o psíquicas (corpóreas y cambiantes), no podrían conocerse, pues lo corpóreo es infinitamente divisible en partes diferentes (carece de unidad, de límite o fin, y es por tanto indefinible) y, junto con lo psíquico o mental, está continuamente cambiando (nunca es lo mismo de un momento a  otro); así, nunca podríamos decir de algo que "es una cosa”, pues siempre podríamos volver a dividirla en dos partes diferentes, ni tampoco podríamos decir que "es la misma cosa", pues al decirlo ya sería otra (pues habría cambiado en el tiempo). Además, todo lo que podemos decir de una cosa sensible (más allá de que es una y la misma cosa) son propiedades o predicados (es bajo, es feo, es gordo, es sabio, es ateniense...), ninguno de los cuales tienen naturaleza sensible (lo bajo, lo feo, lo gordo, lo noble... no son objetos sensibles, ni físicos ni psíquicos). 


¿PERO ENTONCES, CUÁNTOS TIPOS DE REALIDAD EXISTEN, SEGÚN PLATÓN?

Como hemos visto, Platón habla de dos tipos de realidad o mundos: el mundo sensible y el mundo inteligible (dualismo platónico). El mundo sensible es el mundo de las cosas físicas (y psíquicas), sujetas al tiempo y al espacio, divisibles y cambiantes (nacen, cambian, mueren...) y que se nos aparece ante los sentidos. De otro lado, el mundo inteligible es el mundo de las formas o ideas trascendentes, ajenas al tiempo y al espacio, cuyos seres (las ideas) son incorpóreos, indivisibles, eternos (no nacen ni cambian ni mueren) y perfectos; es un mundo que no podemos experimentar con los sentidos, pero sí podemos captar con la inteligencia, especialmente cuando filosofamos.

Ahora bien, de esos dos mundos, el mundo realmente verdadero (y fundamento del otro) es el mundo inteligible. El mundo sensible es descrito por Platón como un reflejo o imagen del mundo inteligible, y que no puede ser en sí mismo nada (¿monismo platónico?). Como hemos visto en el punto anterior, las cosas físicas (o psíquicas) no tienen ser o identidad por sí mismas (son infinitamente divisibles y cambiantes). Solo son en cuanto se relacionan con las ideas (lo unitario, lo permanente de cada cosa). Un caballo no pueden ser (ni ser pensado) sino por participar de la forma o idea de caballo. Son las formas lo que dan unidad y permanencia a las cosas. Por el contrario, el mundo inteligible existe por sí mismo. Las ideas son lo que son por sí mismas, no necesitan a las cosas físicas para ser. La idea de caballo es lo que es, y siempre será así, haya o no caballos sensibles y particulares en el mundo. La idea de dos o de círculo es lo que es, aunque nadie las piense o descubra. Sin las ideas las cosas físicas (o psíquicas) no pueden ser nada. Pero sin las cosas físicas (o psíquicas) las ideas siguen siendo exactamente lo que son.

Platón establece algunas distinciones más, tanto en el mundo sensible como en el mundo de inteligible. En el mundo sensible diferencia las cosas físicas (por ejemplo, los caballos, los árboles, etc.) de sus imágenes y reflejos (por ejemplo, una pintura representando un caballo o un árbol). Las imágenes de los objetos físicos representan para la ontología platónica el menor grado de realidad posible, pues dado que los objetos físicos son imágenes o reflejos de las ideas, las imágenes de los objetos físicos serían como “imágenes de imágenes” (Por esto Platón dice en ocasiones que el arte está alejado “dos veces” de la realidad).


En el mundo inteligible diferencia, en primer lugar, entre las ideas reflejadas en el mundo sensible, y las ideas consideradas en sí mismas. Las ideas reflejadas en el mundo sensible (tal como se narra en el mito de la caverna, los objetos reales no se pueden mirar directamente, sino que primero han de contemplarse reflejados en el agua, etc.) son las ideas en tanto explicación científica del mundo sensible, esto es, entendidas como hipótesis desde las que comprender y organizar los datos sensibles. De estas ideas científicas, las más fundamentales (las menos mezcladas con el mundo sensible) son las matemáticas, aunque las ideas matemáticas no dejan de tener cierta relación con lo sensible o inmanente: el espacio (la geometría) y el tiempo (la aritmética). Más allá de las ideas tal como se reflejan en las cosas sensibles, están las ideas consideradas en sí mismas, independientemente de lo sensible son las ideas puras con las que trabaja el filósofo. 

Ahora bien, las ideas consideradas en sí mismas pueden ser de muchos tipos. Platón parece sugerir a veces que hay tantas ideas como cosas o individuos (por ejemplo, la idea o forma de cada persona o cada caballo...), aunque esto es problemático. Las que sí menciona constantemente son las ideas de género (idea de caballo, de hombre, etc.) y de propiedad o cualidad (idea de blancura, grandeza, etc.), sobre todo de cualidades morales y estéticas (ideas de virtud, valentía, belleza...). En algún diálogo plantea ciertas ideas más fundamentales (las ideas de ser, identidad, diferencia, movimiento, reposo...), de las que “participarían” las demás. Pero la idea más fundamental de todas, la idea o forma de todas las demás, es la que denomina “Idea de bien”, con la que se representa la unidad y perfección que comparten todas las ideas.

¿CÓMO SE RELACIONAN EL MUNDO SENSIBLE Y EL MUNDO INTELIGIBLE?

Platón explica de distintos modos (a veces de modo imaginativo o mítico) la relación entre las ideas y los seres sensibles. En algunos casos utiliza el concepto de “participación”: las cosas sensibles participan de las ideas, y por eso son lo que son (por ejemplo: algo es un caballo blanco porque participa de las ideas de caballo y de blancura). En otros casos (en el diálogo el Timeo) Platón emplea otra metáfora típica: las ideas son el modelo de las cosas sensibles, que serían meras copias suyas. Según esta última concepción Platón narra a través de mitos (recurso muy frecuente en Platón) como un dios creador (el “demiurgo”) habría dado “forma” o límite a la materia fijándose en el modelo que son las ideas. Otra manera, más psicológica, de entender la relación entre ideas y cosas alude al alma humana, que contiene en sí el recuerdo de las ideas y las proyecta y reconoce en las cosas sensibles al percibirlas o conocerlas (las ideas serían algo que “pone” el alma al ver las cosas, aunque esta interpretación no es literalmente platónica –Platón no dice esto-- sino una interpretación que cabría hacer de sus teorías).

¿CÓMO SE RELACIONAN ENTRE SÍ LAS IDEAS? ¿QUÉ ES LA IDEA DE BIEN?

Platón no deja claro cómo es la relación entre esas realidades que son las ideas. Desde el punto de vista del conocimiento humano, se relacionan a través del pensamiento, sobre todo del pensamiento filosófico, al que Platón denomina “dialéctico” (véase la siguiente entrada). Desde el punto de vista de las propias ideas, podríamos interpretar que unas se comprenden en otras, hasta llegar a la idea que las comprende a todas de forma absolutamente unitaria. Esta “idea de ideas” es la “idea de Bien”. Si cada idea representa lo unitario y perfecto de cada clase o género de cosas (lo unitario y perfecto de todos y los caballos, lo unitario y perfecto de todos los hombres, etc.), la idea de todas y cada una de las ideas representará lo unitario y perfecto en sí mismo, es decir: la máxima unidad y perfección. Esta idea absolutamente una y perfecta ya no puede ser pensada bajo ninguna otra idea (su existencia solo puede ser “intuida” como necesaria), está “más allá de todo”, pero es lo que permite que todo sea (incluyendo a las ideas) y pueda ser conocido. Platón la simboliza con la imagen del Sol, que lo alumbra todo, permitiendo que las cosas sean y sean conocidas (pero sin que nada pueda "alumbrarlo" a él).

LA TEORÍA DE LAS IDEAS EN LA ALEGORÍA DE LA CAVERNA 

En el mito o alegoría de la caverna (que aparece en alguno de los textos orientativos) encontramos representada, a través de imágenes, la teoría sobre la realidad de Platón. El mundo interior a la caverna representa el mundo sensible (la tierra, el mundo de “abajo”), y el mundo exterior a la caverna representa el mundo inteligible o real (lo celeste, el mundo de “arriba”, las ideas). El mito también escenifica los cuatro grados de realidad (de menor a mayor) y las relaciones entre ellos. Las imágenes o sombras en el fondo de la caverna (objetos de la imaginación) son las copias o reflejos de las cosas físicas que van apareciendo tras el tabique, alumbradas por el fuego (imagen y copia, a su vez, del Sol, y que tal vez simbolice a la razón humana), y que son el modelo de aquellas. Pero, a la vez, tales cosas físicas son objetos hechos a imitación (copias, imágenes) de las cosas reales que existen fuera de la caverna (las ideas), que son su modelo. Estas ideas se conocen primero reflejadas en superficies pulidas, dice la alegoría (es decir, como hipótesis explicativas de las cosas sensibles, o como lo que hoy llamaríamos “ideas científicas” – entre las que Platón destaca siempre las matemáticas –). A su vez, todas estas existen y son conocidas en sí mismas (al modo filosófico, sin ser ya hipótesis para explicar el mundo sensible) gracias a la luz del sol (la idea de Bien) que es el modelo de todas ellas, esto es: la idea misma de unidad y perfección.


¿QUÉ OBJECIONES PODRÍAN HACERSE A LA TEORÍA DE LAS IDEAS?

Primera: La relación entre el mundo sensible y el inteligible es muy problemática. ¿Cómo pueden relacionarse “realidades” tan distintas? El dualismo presenta siempre este problema. El concepto de participación quizás no sea satisfactorio, pues, por ejemplo, si un hombre concreto es "hombre" por participar o parecerse a la idea de hombre, esto querría decir que hay otra idea, la de la forma en común de ese hombre concreto con el hombre ideal, y así hasta el infinito (la forma en común de la forma en común del hombre concreto y el hombre ideal con el hombre ideal, etc., etc.). A esto se le llama “el problema del tercer hombre”.

Segunda: Si suponemos un mayor grado de monismo en Platón, y comprendemos el mundo sensible como una realidad aparente o ilusoria (en el fondo, las cosas sensibles no serían realidades, sino apariencias), aparece otro problema. ¿Qué tipo de realidad es lo aparente (lo que parece que es, pero no es nada por sí mismo)? 

Tercera: Para muchos filósofos, negar o minusvalorar la realidad del mundo que vemos no es admisible, pues de alguna manera la realidad de este mundo es evidente (no ilusoria). En este sentido, la explicación de Platón no es suficiente, pues no explica lo evidente. 

Cuarta: la existencia de realidades trascendentes (“fuera” del espacio y el tiempo) resulta también inadmisible a muchos filósofos (por ejemplo, a los filósofos materialistas o “inmanentistas”), para los cuales nada puede existir si no es en el espacio y el tiempo. Ni los "fantasmas" (seres incorpóreos) ni los "vampiros" (seres inmortales) existen, diríamos en broma, no hay ángeles ni dioses, todo eso son mitos, igual que las ideas platónicas. En realidad las ideas no serían, según estos filósofos, más que abstracciones que produce la mente a partir de la experiencia del único mundo real, que sería el mundo sensible. 

Quinta: en cualquier caso, con su teoría del mundo inteligible, y dado que el mundo sensible parece innegable, Platón complica el problema ontológico, más que resolverlo: multiplicar las realidades y no poder explicar satisfactoriamente ninguna de ellas (ni la realidad de las cosas sensibles ni la de las cosas inteligibles) es visto, por algunos filósofos, como un gran error. 



Aquí, la presentación de clase:


martes, 20 de octubre de 2026

12. El mito de la caverna



Imagina, dice Platón, unos hombres prisioneros desde niños en una oscura caverna. En ella viven atados de tal modo que sólo pueden mirar hacia la pared del fondo. Detrás de ellos se encuentra un pequeño muro y detrás de él, sin que los prisioneros puedan verlos, pasan unos extraños hombres hablando entre sí y portando objetos en la cabeza con forma de hombres, animales y cosas diversas; un poco más allá de ellos hay una hoguera. La luz de la hoguera ilumina a esos extraños seres y sus objetos de manera que la sombra de tales objetos se proyecta en el fondo de la cueva. ¿Qué será el mundo (pregunta Platón) para esos prisioneros? Ellos creerán, sin duda, que el mundo no es más que las sombras y los ecos que miran y escuchan en el fondo de la caverna. 

¿Pero qué pasaría si liberáramos a uno de esos prisioneros? Se quedaría asombrado al comprobar que lo que veía no eran sino la sombra de cosas y seres que desconocía. Y si lograra salir de la cueva y ver, no copias de objetos que figuran otras cosas, sino a las propias cosas iluminadas por el Sol, se sorprendería aún más, pues comprendería que los objetos y sombras de la caverna no son sino copias (y copias de copias) de las cosas reales que existen fuera. Mientras se acostumbrase a la luz solar, el prisionero tendría que mirar estas cosas reales en sus reflejos en el agua y otras superficies, pero, más tarde, podría mirarlas directamente, e incluso percatarse de que es el sol el que permite admirarlas a todas. 

Imaginaos que este hombre quisiera volver a la caverna a contarle a sus compañeros todo lo que ha visto. Al principio, y mientras se acostumbrara de nuevo a la oscuridad, se comportaría torpemente y sería el hazmerreir de todos. Pero cuando contara a los demás lo que ha visto fuera, sería aún peor: lo tomarían por loco e incluso es posible que intentaran hacerle daño y matarle. 


 

Esto es, en esencia, el contenido del mito o alegoría de la caverna. Algunos de los textos orientativos de la prueba PAU tratan de él, así que es conveniente que reflexiones sobre él y trates de interpretarlo. Qué creéis que nos quiere decir este mito? ¿Qué es lo que más os ha llamado la atención en él? ¿Creéis que nos revela algo importante? ¿Tiene algo que ver con vuestra vida cotidiana, o con lo que hacéis todos los días aquí en clase? Verás que, conforme vayamos conociendo aspectos del pensamiento de Platón, iremos profundizando cada vez más en esta interpretación.



Por cierto, pulsando AQUÍ podéis escuchar el mito en nuestra versión radiofónica.

Y aquí, la presentación de clase




11. Platón, o de por qué hay que pensar antes de actuar

 


 Aristocles, apodado Platón, es para muchos el mayor filósofo de la antigüedad, y uno de los más importantes de toda la historia de la filosofía. Discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles, forma con ellos la gran triada de la filosofía griega. Es difícil exagerar su influencia. Casi toda la filosofía posterior se ha hecho con él o contra él, pero nunca sin él. En sus diálogos expuso y discutió sobre todos los asuntos de la filosofía: la realidad, el ser humano, la verdad, la bondad y la justicia, la belleza... 

Platón nació en Atenas en el 427 a.C., en el seno de una familia aristocrática y vinculada al poder político. Parece ser que su primera intención fue la de ser poeta, pero su encuentro con Sócrates, a los 20 años, le despertó la vocación por la filosofía. 

Al joven Platón le tocó contemplar la decadencia de su ciudad tras el esplendor de la época clásica. La larga guerra del Peloponeso sumió a la democracia ateniense en una grave crisis, y acabó con la hegemonía económica y política de Atenas sobre el resto de Grecia. 
En el 404, tras la victoria definitiva de Esparta y sus aliados, los vencedores imponen en Atenas el gobierno de los Treinta tiranos. Algunos de los dirigentes del nuevo gobierno eran familiares de Platón e invitaron al joven a participar en política, pero este se negó, espantado por la violencia y la injusticia que caracterizaba al nuevo régimen. 

 Muy poco después, cuando cae el gobierno de los Treinta y se reinstaura la democracia, Platón vuelve a albergar esperanzas sobre la regeneración política de Atenas, pero la actuación de los nuevos dirigentes le decepciona de nuevo, especialmente tras el proceso y ejecución de su amigo y maestro Sócrates, al que Platón consideraba “el hombre más justo de Atenas”.



 Convencido de que, en gran parte, la decadencia de Atenas se debía al relativismo moral difundido por los sofistas (más adelante hablaremos de todo esto), Platón se entregó al esfuerzo filosófico por demostrar la existencia de principios y valores absolutos desde los que reconstruir la vida política. En su diálogo más conocido, titulado República, Platón esboza las líneas maestras de un nuevo régimen político basado en la educación y en el gobierno de los más sabios, pues, según él, solo quienes supieran qué es lo justo podrían actuar políticamente de una manera adecuada.

Movido por su discípulo y amigo Dion, Platón viajó varias veces a Siracusa con objeto de poner en práctica su teoría política, aunque todos sus intentos fueron en vano. A la vez fundó en Atenas la Academia como un centro de investigación para filósofos.

En cierto modo, la vida de Platón parece encarnar la del sabio que, en su obra la República, se siente moralmente compelido a “volver a la caverna” a educar y liberar a los hombres.

Como podéis leer, el mismo Platón escribió sobre todo esto en esta carta (la llamada Carta VII):

"Antes, cuando yo era joven, sentí lo mismo que les pasa a otros muchos: tenía la idea de dedicarme a la política tan pronto como fuera dueño de mis actos. Entonces se produjo una revolución; al frente de este cambio político se establecieron como jefes cincuenta y un hombres. Ocurría que algunos de ellos eran parientes míos y me invitaron a colaborar en trabajos que, según ellos, me interesaban. Lo que me ocurrió no es de extrañar, dada mi juventud: yo creí que iba a gobernar la ciudad sacándola de un régimen injusto para llevarla a un sistema justo, de modo que puse una enorme atención en ver lo que podía conseguir. En realidad, lo que vi es que en poco tiempo hicieron parecer de oro al antiguo régimen; entre otras cosas enviaron a mi querido y viejo amigo Sócrates, de quien no pondría ningún reparo en afirmar que fue el hombre más justo de su época, para que, acompañado de otras personas, detuviera a un ciudadano y lo condujera violentamente a la ejecución. Pero Sócrates no obedeció y se arriesgó a toda clase de peligros antes que colaborar en sus iniquidades. Viendo, pues, todas estas cosas, me indigné y me abstuve de las vergüenzas de aquella época.
Poco tiempo después cayó el régimen de los Treinta, y otra vez me arrastró el deseo de dedicarme a la política. Pero la casualidad quiso que algunos de los que ocupaban el poder hicieran comparecer ante el tribunal a nuestro amigo Sócrates y presentaran ante él la acusación más inicua y más inmerecida. Al observar yo todas estas cosas, cuanto más atentamente lo observaba más difícil me parecía administrar bien los asuntos públicos. Entonces me vi obligado a reconocer, en alabanza de la filosofía verdadera, que sólo a partir de ella es posible distinguir lo que es justo, tanto en la vida pública como en la privada"
.[Platón. Carta VII. Extractos]



¿Qué pensáis? ¿Creéis que es necesario pensar sobre lo que es lo justo antes de actuar políticamente? ¿Creéis que es así, investigando sobre lo que es justo, como se llega habitualmente a ser político?...







Aquí, la presentación de clase:

10. Los problemas filosóficos de las teorías pluralistas.

 

Para muchos, las teorías pluralistas representan la culminación del pensamiento presocrático (sobre todo, por su lejano parecido a las teorías científicas modernas). Para otros representa una vuelta a la filosofía materialista de los milesios, lejos de la profundidad filosófica alcanzada por filósofos como Parménides. En cualquier caso, sus tesis van a resultar (como todas) muy discutibles. Veamos por qué.

1. La tesis principal del pluralismo es que la realidad es fundamentalmente múltiple, pero esto significa no entender el problema fundamental de la filosofía presocrática (y de toda la filosofía e incluso la ciencia): el problema de intentar explicar lo múltiple a partir de una única sustancia (agua, energía, número, ser…).

Si la teoría que se nos propone afirma que la realidad está compuesta de múltiples elementos (por ejemplo, de las cuatro raíces de Empédocles: tierra, aire, fuego, agua, más las fuerzas del amor y el odio, y ciertas leyes…) la pregunta que vuelve a nosotros de nuevo es la pregunta por la "arkhé": ¿qué tienen en común todas esas cosas? 

2. Si la “arkhé” es lo múltiple, como piensan los pluralistas, esto acarrea numerosos problemas lógicos. Por ejemplo: si la realidad son los átomos, y todo está compuesto en el fondo de átomos, ¿qué es lo que los distingue en cantidad y forma? Empecemos por la cantidad.

Si los átomos son muchos, ¿qué los separa? Solo pueden ser otros átomos (y así hasta el infinito, con lo que el límite entre los átomos sería ilimitado) o el vacío, como propone Demócrito; pero el vacío es algo no corpóreo, ¿y cómo puede lo que no es corpóreo separar los cuerpos de los átomos? (si el vacío fuera algún otro tipo de materia sutil distinta de los elementos que separa, entonces no sería cierto que todo lo que hay son átomos, como sostienen los atomistas). Por otra parte, si los átomos se distinguen por su forma, ¿qué es lo que da forma a los distintos átomos, qué materia atómica da forma a la propia materia de los átomos para hacerlos distintos unos de otros?


3. Otro problema ligado al pluralismo es el del carácter compuesto de los elementos básicos. Empédocles y Demócrito no creen que sus elementos (las cuatro raíces de Empédocles, o los átomos) sean divisibles. ¿Pero qué razón hay para que algo que es de naturaleza corporal o extensa, como un trozo de tierra o un átomo, no pueda dividirse en partes o unidades menores?  

4.  Para Empédocles y Anaxágoras las combinaciones y recombinaciones de elementos son causados por fuerzas (la Amistad y la Discordia, o el Nous). Pero la naturaleza de estas fuerzas no está clara: ¿Están también constituidas de materia? ¿Y las leyes, son también algo material? Y si así fuera, ¿podrían las leyes, siendo de una materia concreta, determinar la forma de comportarse de la materia en general? ¿O son, como parece que son en Anaxágoras, algo divino e inteligente, volviendo así al pensamiento arcaico de los milesios? 

5. El que los cambios se expliquen por recombinación de elementos que en sí mismos no cambian no soluciona el problema lógico del cambio, sólo “lo cambia de lugar”, por así decir. Que un montón de átomos se convierta en un árbol, supone pasar del no-ser árbol al ser árbol, y del ser-un-montón-de-átomos-dispersos a no-ser-un-montón-de-átomos-dispersos. El problema de Parménides no ha sido resuelto.

6. Si como opinan Empédocles o Anaxágoras en la realidad no hay vacío o no ser, sino que todo es un plenum compacto, no parece que haya “lugar” para el movimiento de los elementos. La solución de los atomistas a este problema consiste en afirmar que hay un vacío o no ser. Pero, ¿cómo es que hay algo que no es? Y si se afirma que este vacío es, pero no es corpóreo, ¿de qué está hecho? ¿Y cómo, si no es corpóreo, va a sustentar el movimiento de los átomos, que son corpóreos?...

7. En general, la idea de infinito, manejadas por los pluralistas, conduce a todo tipo de absurdos. Si, por ejemplo, en las “semillas” de Anaxágoras hay infinitamente un poco de todo, y en cada poco de todo hay también un poco de todo, etc., todas las semillas han de ser finalmente idénticas, por lo que resulta difícil de justificar que no sean una única sustancia. De otro lado, en un infinito de átomos, ¿qué espacio queda para el espacio vacío? Además, si las combinaciones entre elementos son infinitas (y hay, como reconocen los atomistas, infinitos mundos), todo se vuelve contradictorio (una misma cosa sería infinitamente diferente de sí misma, pues en cada uno de esos mundos tendría una forma distinta). Tal vez esto último no afecte a los atomistas (para quienes las cosas compuestas no representan nada verdaderamente real – solo son reales los átomos y el vacío –), pero no deja de resultar una dificultad lógica para explicar el mundo aparente que vemos.

8. Los atomistas acuden a veces al concepto o idea de “azar”. Pero la idea de azar implica que los sucesos ocurren sin causa aparente, esto es, aparentemente “por nada”. ¿Pero es lógico que las cosas sean o se muevan “por nada”, sin causa alguna?






lunes, 19 de octubre de 2026

9. Tumultuosa rueda de prensa de los filósofos pluralistas


Las anteriores teorías filosóficas no podían justificar lógicamente la pluralidad y el cambio (¿Cómo surge todo de una misma cosa? ¿Cómo se mueve un ser a sí mismo?...). Los filósofos pluralistas tampoco. Empédocles, Anaxágoras, Demócrito, Leucipo... se limitan a aceptar la pluralidad y el cambio como algo innegable, y a partir de ahí lo explican todo. Empédocles con cuatro principios (Aire, Tierra, Agua, Fuego) que son unidos por dos fuerzas (Amor y Odio) dando lugar a todos los seres y sucesos en un proceso continuo de expansión (Odio) y contracción (Amor). Anaxágoras plantea infinitas semillas (homeomerías) que son movidas por un misterioso ser (el "Nous" o Inteligencia) y que, al combinarse, dan lugar a todo lo que vemos. Finalmente, Demócrito y Leucipo, afirman que existen infinitos átomos con formas distintas que, al moverse azarosamente en el vacío, chocan y se engarzan unos con otros para dar lugar a distintas cosas y mundos. Cómo os podéis imaginar, las teorías pluralistas tienen muchos problemas: ¿Cómo es que existen tantas cosas al principio? ¿Qué tienen en común, cual es su "arkhé"? ¿Qué da forma a los distintos átomos y por qué son indivisibles? ¿De dónde salen las fuerzas que mueven a los elementos? ¿En qué consiste el misterioso "Nous" de Anaxágoras? ¿Cómo se mueven las cosas en el vacío? ¿Puede existir el azar? ¿Podría haber infinitos mundos?... 

Para entender estas viejas teorías y sus problemas, no os perdáis la siguiente rueda de prensa (ni la presentación del final, en la que aparecen resumidas las teorías y los problemas).


De nuestro corresponsal en Atenas. Siglo V a.C. Los tres “filósofos” del momento, Empédocles, Anaxágoras y Demócrito, decidieron ayer ofrecer al público los resultados de su investigación sobre la physis en una rueda de prensa que, tras las preguntas de algunos periodistas, desembocó en una virulenta discusión y la salida airada de dos de los filósofos de la sala. Este blog ofrece en rigurosa exclusiva un extracto de lo que allí ocurrió.

Anaxágoras.- Señores, silencio por favor (Se oyen múltiples rumores en la sala; al parecer la indumentaria del filósofo Empédocles ha levantado revuelo; Demócrito, entre tanto, ríe a carcajadas mientras conversa con algunos periodistas). ¡Silencio! (el público de la sala, abarrotada, al fin se calla). Ejem. Señores. En la filosofía se abre hoy una nueva etapa, la etapa pluralista. Durante estos últimos cien años, nuestros antecesores han extendido creencias que, pese a su esfuerzo y buena intención, han llenado de errores las cabezas de nuestros contemporáneos. Desde el ínclito Tales y sus secuaces hasta el agudo Parménides, pasando por los sabios pitagóricos y por el oscuro y soberbio Heráclito, se ha mantenido la peregrina idea de que todo se reduce, en realidad, a una única cosa o principio. Ya sea el agua de Tales, el aire de Anaxímenes o el número de Pitágoras. Pero el gran Parménides demostró que de una sola cosa solo puede provenir ella misma, y que además ésta, por su soledad, no tiene motivo ni ocasión ninguna para moverse o cambiar, negando así lo que parece a todas luces evidente: que el mundo está lleno de múltiples cosas que cambian y se mueven.
Empédocles.- ¡Inadmisible, eso es inadmisible! Pero nosotros, gracias a nosotros mismos (especialmente a mí) y no a los dioses, hemos descubierto la Verdad, que más luminosa aún que el sagrado Sol ha incendiado nuestras almas del fuego de la...
Anaxágoras.- Abreviando. La naturaleza, afirmamos nosotros, consta de múltiples principios, infinitos diríamos yo y mi colega Demócrito aquí presente, o tal vez cuatro como afirma el venerable Empédocles…
Empédocles (con voz cavernosa y afectada).- ¡Cuatro son las raíces de las cosas: Zeus resplandeciente, Hera avivadora, Aidoneo y Nesti que de lágrimas destila la fuen…!
Anaxágoras (interrumpiéndolo bruscamente).- Es decir, fuego, aire, tierra y agua, ¿no maestro? (Empedocles hace un gesto de desprecio y se calla). Pues bien, de estos elementos, finitos o infinitos, hemos descubierto que están hechas todas las cosas, muchas y cambiantes ellas, pero únicos y permanentes aquellos.



Demócrito.- A ver, ¿nadie en esta sala ha gozado de pequeño con esos juegos de construcción en los que, con pequeñas piezas, bien duras y diferentes, se podían imitar, engarzándolas con habilidad, el Partenón o el teatro de Dionisos? Pues a imagen de esos juegos de construcción está hecha la realidad. Cada uno de los objetos y seres que vemos no son más que combinaciones afortunadas de esas infinitas y minúsculas piezas, indivisibles ellas, que yo llamo átomos. Las múltiples cosas visibles se construyen y se destruyen, nacen y mueren, pero los átomos invisibles, sus piezas, son siempre los mismos y jamás se destruyen. ¿Habéis entendido?
Periodista 1.- Aristóbulo, de Noticias del Ática. ¿Cómo se reúnen y se desunen esos átomos o lo que sea para formar las cosas? ¿Algún dios, quizás, es el que juega con ellos?
Anaxágoras.- ¡Dios no, sino “Nous” se llama la suprema  Inteligencia que hace torbellino de esos elementos minúsculos y da lugar a los compuestos que conocemos!
Demócrito.- Ja, ja, ja… Mi estimado colega Anaxágoras persiste en viejas creencias de viejas. No hace falta “Nous” ninguno, querido. Mis átomos, al menos, se mueven ellos sólitos y sin quererlo nada ni nadie se unen y se desunen oportunamente para formar este sol que nos alumbra o tu anticuada y venerable cabeza.
Anaxágoras.- Te recuerdo, Demócrito de Abdera, que por negar todo tipo de viejas creencias, y afirmar que el sol no es más que una piedra llameante, me ando jugando esa cabeza ante las ignorantes multitudes. Un poder inteligente, mi “Nous”, es, quieras tú o no quieras, necesario para que el movimiento de esas semillas, de las que todo está hecho, tenga dirección y sentido.
Empédocles.- ¡La Discordia, como veis, pero también el Amor, mueven el mundo! Son estas viejas fuerzas en movimiento las que unen y desunen, alternativamente, y según antiquísimas leyes, las raíces del cosmos!
Demócrito.- ¡Qué diablos de leyes! ¡De qué Amor y Discordia hablas! Me desconciertas con ese lenguaje, impropio de filósofos. ¡El cosmos no es más que una colección de infinitos átomos moviéndose en el vacío y creando mundos y cosas diversas al chocar unos con otros!
Periodista 2.- Aristógato, del Maratón Noticiero. Si no he entendido mal ustedes pretenden justificar con argumentos la existencia de la pluralidad y el movimiento. ¿No es así?
Anaxágoras.- Así es, joven.
Periodista 2.- Pero comienzan su argumento diciendo que el principio de la realidad son muchos átomos, semillas o lo que sea, y que estas cositas están en movimiento, bien por sí solas, bien ayudadas por el Amor, el Odio y cosas así. ¿No es esto?
Empédocles.- Más o menos.
Periodista 2.- Entonces, o mucho me equivoco, o están ustedes demostrando la pluralidad y el movimiento con el astuto argumento de que por principio existen la pluralidad y el movimiento. ¿No es así?
Empédocles.- Hum. Noto en este joven cierta ironía…
Periodista 3.- Aristópsema, de La Verdad de Elea. El sabio Parménides decía que ni el cambio ni el movimiento eran posibles, pues lo que cambia, en tanto cambia, es y no es lo mismo, y lo que se mueve, en tanto se mueve, está y no está en el mismo sitio. No veo por ninguna parte que sus teorías pluralistas contradigan en nada estos argumentos.
Periodista 2.- ¡Cierto! Si el Amor hace el milagro de unir las piezas de mi mente para que logre comprender a Empédocles, yo entonces he cambiado, pero en ese caso soy el mismo aunque ya no lo sea. ¿Cómo se explica esto?
Empédocles (muy enfadado).- Sigo notando mucha ironía en ese joven.
Demócrito.- Ja, ja, ja… ¡Pero tiene toda la razón! Los argumentos de Parménides contra la pluralidad y el cambio son irrefutables. La única prueba de que existen muchas cosas y de que cambian es… Que lo vemos. Pero, ¿es cierto lo que vemos? Yo estoy convencido de que no. En realidad la realidad son átomos y vacío. Todo lo que vemos es ilusión. En fin…
Anaxágoras.- (Estallando) ¡Vacío! ¿Pero de qué hablas? Te ríes tú de mi “Nous” y no te ríes de tu absurda noción de vacío!
Demócrito.- Oye, yo me río de todo. Pero lo más risible de todo es que tú y ese poeta de Agrigento (señalando a Empédocles) penséis que vuestras extrañas partículas puedan ser muchas y moverse en ausencia de vacío. ¿Qué las distingue entonces? ¿Cómo pueden desplazarse si todo está lleno de ellas? ¿Me lo podéis explicar, por favor?
Empédocles.- (cada vez más enfadado) ¡¿Y puedes tú explicarnos, sin artificios poéticos por supuesto, qué diablos es ese “algo que no es nada” y a lo que tú llamas "vacío"?!
Demócrito.- ¡¡Pregúntaselo a los físicos de dentro de veinte siglos, a ver si ellos te lo saben decir!!
Periodista 2.- Ja, ja, ja. Parece que entre Empédocles y Demócrito ha estallado la Discordia…
Empédocles.- ¡Te lo avisé! (Le tira una de sus sandalias de bronce al periodista 2). ¡Mira a ver si nace el Amor entre esa y tu cabeza, insolente!
Demócrito.- (Con una amarga sonrisa) Veis, todo esto demuestra que el mundo no está regido por ninguna “Inteligencia”.

(Anaxágoras se marcha indignado. Empédocles ha salido corriendo detrás del periodista 2 y de su valiosa sandalia. Los demás periodistas salen. Tan solo quedan unos cuantos alrededor de Demócrito que se queda hablando animadamente con ellos. Parece que charlan acerca de los cuidados que requieren las viñas y de cómo hacer buen vino). 

¿Qué os ha parecido, en general, la teoría de los pluralistas? ¿Os parece más acertada que las teorías del resto de los filósofos presocráticos? ¿Por qué? ¿Qué problemas podéis encontrar en ella?


Aquí tenéis la presentación de clase:


viernes, 16 de octubre de 2026

8. Ser o no ser. He ahí la cuestión (de Parménides).


Si para los milesios el ser (arkhé) de las cosas es una materia misteriosa (viva como un animal y armoniosa como un dios), y para los pitagóricos una serie de formas o estructuras matemáticas, los eleatas dan una respuesta aún más extraña, más que matemática, puramente lógica... ¿Qué son en el fondo las cosas? ¡Pues... que son! ¡Y que no pueden no ser! Este es el son que repiten al unísono Parménides de Elea y sus discípulos (el más conocido de ellos fue Zenón, famoso por sus increíbles paradojas)... 

La solución de los milesios al problema de la realidad está todavía empapada de mitología y está cercana a la experiencia común. La que dan los pitagóricos se parece más a una respuesta científica, como la que daría hoy un físico matemático. Y la que dan los eleatas es, por vez primera, puramente racional o lógica, es decir: estrictamente filosófica

Zenón muestra las puertas a la verdad y la falsedad (Veritas et Falsitas). Fresco en la Biblioteca de El Escorial, Madrid.


Si le preguntáramos a Parménides, el más destacado entre los eleatas, que en qué consiste la realidad y qué ley la gobierna nos diría algo así:
-         La realidad consiste en que es. Lo que tienen en común todas las cosas es que son, que las hay, que las podemos pensar como siendo. 
-         Lo que gobierna la realidad son una especie de leyes “lógicas”. Y estas leyes dicen que “lo que es, es, y lo que no es, no es; y que nada puede ser y no ser” (Más claro, agua –pero no la de Tales—; a estas leyes se le llamarán luego: el principio de identidad y el principio de no contradicción).

La realidad consiste en que es. Pero ¿cómo es? Las tres ideas más interesantes de Parménides al respecto son estas:

  1. La realidad es una sola cosa e indivisible. ¿Y cómo es eso? Razonemos (cerrando los ojos, que nos confunden). Si la realidad fuera más de una (múltiple) estaría dividida en partes, pero entonces cada parte sería y no sería: seria la parte que es pero no sería las demás partes. Además, estas partes serían diferentes una de otras, pero como todas tienen en común el ser, sólo podrían diferenciarse en algo distinto del ser, es decir, en el no ser, es decir, en nada. Pero si no se diferencian en nada, no se diferencian. Luego son la misma. Luego no hay partes. Todo es uno.

  1. La realidad es invariable e inmóvil. Es invariable porque, si cambiara sería y no sería la misma, como cuando yo digo “yo he cambiado”, con lo cual refiero que “yo” sigo siendo el mismo (porque he sido yo el que he cambiado) pero no sigo siendo el mismo (porque he cambiado). Si cambiara en parte, tendría partes, lo que ya hemos demostrado que es imposible. Además, la parte que cambia pasaría del ser (lo que era) al no ser (pues ya no es lo que era). Por todo esto, la realidad no nace ni muere, es eterna. Para nacer tendría que no ser antes de nacer y ser después. Y para morir tendría que ser antes de morir y no ser después. Imposible. Además, ¿cómo se explica que las cosas aparezcan (nazcan) y desaparezcan (mueran) así, como si fueran los objetos en el sombrero de un mago?... La realidad tampoco se mueve, porque lo que se mueve tendría que estar y no estar en el lugar en el que se mueve, lo cual no es menos imposible. 
  2. La realidad ha de ser perfecta, no puede carecer de nada (si careciera de algo, entonces no sería ese algo de que carece y, por tanto, sería y no sería). Tampoco carece, pues, de límites o forma. La forma de la realidad es esférica (la esfera figura la idea de perfección entre los griegos; mientras que la línea o la ausencia de límites -- lo infinito -- denota más bien imperfección).

  3. Así que, la realidad es que es. Y como tal es única, indivisible, invariable, eterna, inmóvil y... perfecta.


Muchos filósofos (por no hablar de la gente común) han tachado de insensata la teoría de Parménides (escrita, por cierto, en forma de poema, lo que tiene su miga, siendo un filósofo tan racional). Unos dicen que, diga lo que diga el pensamiento, ellos ven la diferencia entre las cosas y los cambios de unas en otras (Parménides les diría que los sentidos nos engañan. Para ver cómo lo hacen pulsa en la siguiente figura). 





Otros piensan que la lógica de Parménides está equivocada, que confunde los múltiples sentidos en que se dice "ser", o que no distingue las "cosas" de sus "propiedades" (Parménides les diría que admitir esas distinciones es admitir ya lo inadmisible: las partes, la pluralidad). 

Lo que de todas todas es cierto, es que Parménides nos hace pensar. ¿Se le puede pedir más a un filósofo?



¿Y, por cierto, qué piensas tú de todo esto?

¿Quieres oír la voz de Parménides discutiendo con los ciudadanos de Elea? Pulsa aquí. Y si quieres saber más sobre este filósofo pulsa aquí y aquí también.
Y para leer en directo las extrañas discusiones que tenía Zenón (discípulo de Parménides) con sus paisanos, pulsa aquí y luego acá. 

Aquí tienes, también, la presentación de clase:


Y aquí, el fabuloso Rap de Parménides de nuestro alumno Peter: