lunes, 5 de octubre de 2026

4. Cosmovisión mítica y teorización filosófica. El paso del mito al logos según Aristófanes


Los pelasgos eran un pueblo antiquísimo que poblaba algunos territorios de la antigua Grecia hace unos 4.000 años, antes de la llegada de los pueblos indoeuropeos que constituyeron la civilización griega. Aunque se sabe muy poco de ellos, podemos atrevernos a imaginar que vivirían en aldeas de barro y caña, dedicados a la recolección, la pesca y algunas pequeñas actividades agrícolas y ganaderas. Toda su existencia estaría volcada, desde niños, al trabajo y a la crianza. Es posible suponer que casi su único entretenimiento estuviera ligado a la llegada, cuando la ocasión y los caminos lo permitían, del juglar o contador de historias, sucesos y leyendas como esta que os reproduzco. Se trata del mito pelasgo de la creación: 

      “En el principio Eurínome, la Diosa de Todas las Cosas, surgió desnuda del Caos, pero no encontró nada sólido en lo que apoyar los pies y, en consecuencia, separó el mar del firmamento y danzó
solitaria sobre sus olas. Danzó hacia el sur y el viento puesto en movimiento tras ella pareció algo nuevo y aparte con que poder empezar una obra de creación. Se dio la vuelta y se apoderó de ese viento norte, lo frotó entre sus manos y he aquí que surgió la gran serpiente Ofión. Eurínome bailó para calentarse, cada vez más agitadamente, hasta que Ofión se sintió lujurioso, se enroscó alrededor de los miembros divinos y se ayuntó con la diosa. (...) Así fue como Eurínome quedó encinta. / Luego asumió la forma de una paloma aclocada en las olas, y a su debido tiempo puso el Huevo Universal. A petición suya Ofión se enroscó siete veces alrededor de ese huevo, hasta que se empolló y dividió en dos. De él salieron todas las cosas que existen, sus hijos: el sol, la luna, los planetas, las estrellas, la tierra con sus montañas y ríos, sus árboles, hierbas y criaturas vivientes (...)”. [Según R. Graves en
Los mitos griegos (Alianza, 1985, pp. 29 ss. )]



Ahora comparad el mito que acabáis de leer con este otro texto. Se trata de un fragmento de Empédocles, un filósofo griego del siglo V, que investigó, según se dice, sobre la naturaleza:  

    "[Empédocles] dice que los elementos [el fuego, la tierra, el aire, el agua y el quinto elemento: el éter] estuvieron antes combinados por la Amistad, pero que más tarde, a medida que se fueron separando por la acción de Odio, formaron este mundo nuestro.  (...) Dice Empédocles que el éter fue lo primero que se separó; lo siguió la tierra, de la cual, comprimida en demasía por la fuerza de la rotación, brotó el agua y de ella se evaporó el aire; el cielo surgió del éter y el sol del fuego, y los seres terrestres son fruto de la compresión de los otros (...) [Estos seres terrestres] en los que todo sucedió como si hubieran nacido para un determinado fin, se conservaron por hallarse adecuadamente constituidos por azar; aquellos en los que no ocurrió así, murieron y siguen muriendo, al modo como Empédocles dice respecto de las “criaturas vacunas con humano rostro” ". [Noticias sobre el pensamiento de Empédocles, cit. en De Tales a Demócrito. Fragmentos presocráticos. Ed. Alianza; Madrid, 1988, pp. 244 y 246]. 



Y, ahora, leed por último este breve fragmento sobre una conocida tesis científica sobre el origen del universo: 

"Dentro de las teorías cosmológicas, la hipótesis del Big Bang (Gran Explosión) es la que cuenta con mayor respaldo entre los científicos. Basándose en medidas de la expansión del Universo utilizando observaciones de las supernovas tipo 1a, en función de la variación de temperatura en diferentes escalas en la radiación de fondo de microondas y en función de la correlación de las galaxias, la edad del Universo es de aproximadamente 13,7 +/- 0,2 miles de millones de años. La materia hasta ese momento, es un punto de densidad infinita que, en un momento dado, explota provocando su expansión en todas las direcciones y generando lo que conocemos como nuestro Universo. Inmediatamente después del momento de la explosión, cada partícula de materia comenzó a alejarse muy rápidamente una de otra, de la misma manera que al inflar un globo este va ocupando más espacio expandiendo su superficie. Según se expandía el Universo, la radiación residual del Big Bang continuó enfriándose, hasta llegar a una temperatura de unos 3 K (-270 ºC). Estos vestigios de radiación de fondo de microondas fueron detectados por los radioastrónomos en 1965, proporcionando así lo que la mayoría de los astrónomos consideran la confirmación de la teoría del Big Bang. Uno de los problemas sin resolver en el modelo de Universo en expansión es si el Universo es abierto o cerrado (esto es, si se expandirá indefinidamente o se volverá a contraer). Un intento de resolver este problema es determinar si la densidad media de la materia en el Universo es mayor que el valor crítico en el modelo de Friedmann. Ahora bien, hasta que se comprenda el fenómeno de la materia oscura, este método de determinar el destino del Universo será poco convincente"



¿Qué diferencias encuentras entre estos textos? Parece evidente que todos hablan de lo mismo (de la creación del mundo), pero ¿todos lo hacen de la misma manera? ¿Qué diferencias hay entre unos y otros? 

Las diferencias entre el relato mítico y el discurso racional serían, entre otras, estas: 

1. Las narraciones míticas no constituyen un saber racional, es decir: no se fundan en datos obtenidos por la observación ni en argumentos lógicos, sino en la tradición, la fe, la emoción y ciertos eventos prodigiosos (visiones, milagros...), mientras que los explicaciones filosóficas y científicas se fundan en razonamientos y en la observación experimental. 

2. Los mitos explican los sucesos de un modo que, desde la perspectiva humana, resulta incomprensible o arbitrario (ocurren por la voluntad inescrutable de los dioses o por una misteriosa intervención del Destino), mientras que la filosofía o la ciencia buscan causas humanamente observables o definibles que permitan predecir los fenómenos.

3. Los mitos son presuntas verdades reveladas por la divinidad a cierto tipo de personas (poetas, sacerdotes, chamanes...), mientras que la ciencia o la filosofía se compone de verdades hipotéticas desveladas a todos aquellos que pongan empeño en conocerlas.

4. En los mitos no está clara la distinción entre lo que se cuenta y lo real contado (a veces el propio contar se supone como origen mismo de lo real), por lo que no constituye un saber reflexivo o consciente de sí (lo que se cuenta se confunde con lo real), mientras que la filosofía y la ciencia son plenamente conscientes de que sus producciones son meras teorías que pueden o no describir correctamente lo real.

5. Por no ser consciente de sí, el saber mítico no es un saber crítico que ponga en duda sus propias afirmaciones, mientras que la ciencia y la filosofía son saberes autocríticos que dudan constantemente de sí mismos.

6. Por no ser un saber crítico, el saber mítico apenas cambia; los mitos se repiten de generación en generación, y solo cambian por error de transmisión o por adaptación a nuevos contextos culturales. La filosofía y la ciencia son saberes en constante revisión y cambio.

7. El saber mítico no constituye un conjunto sistemático de ideas coherentes entre sí, sino un cúmulo de imágenes y relatos a menudo contradictorio. La ciencia y la filosofía construyen sistemas complejos de ideas que intentan ser coherentes entre sí.

8. El saber mítico utiliza un lenguaje imaginativo y poético, estructuras narrativas, y formas y temas cercanos a la realidad común (dioses antropomórficos con características humanas, intervenciones en el mundo, relaciones con personas...), para lograr seducir al auditorio, mientras que la filosofía y la ciencia emplean un lenguaje abstracto y preciso, estructuras puramente argumentativas, y tratan temas muy alejados, a veces, de la realidad cotidiana. 

9. El saber mítico está relacionado con ciertas "técnicas" o prácticas mágicas (ritos, sacrificios, sortilegios...); el saber filosófico y científico se desvincula de estas "técnicas" y la sustituye, en ocasiones, por la tecnología derivada de la aplicación de ciertos conocimientos teóricos.




En este fragmento de la comedia de Aristófanes "Las Nubes", podéis encontrar un ejemplo muy claro de lo que supone, para la mentalidad de los antiguos griegos, el paso del mito al logos. En él, el viejo Estrepsíades, un campesino cargado de deudas, pretende ingresar en una "escuela de filósofos" (dirigida por un tal Sócrates), con objeto de aprender a usar los argumentos para resolver sus problemas... 

Estrepsíades.- Pero Zeus, según vosotros, a ver, ¡por la Tierra!: ¿Zeus Olímpico, no es un dios?
Sócrates.- ¿Qué Zeus? No digas tonterías. Zeus ni siquiera existe.
E.- Pero, ¿tu qué dices? Pues, ¿quién hace llover? Esto, acláramelo antes de nada.
S.- ¡Esas, claro! [señalando a las Nubes] Y te lo demostraré con pruebas de gran peso. A ver: ¿dónde has visto tú que alguna vez llueva sin nubes? Sin embargo, lo que tendría que ser es que él [Zeus] hiciera llover con el cielo despejado y que éstas estuvieran ausentes.
E.- ¡Por Apolo!, con lo que acabas de decir le has dado un apoyo al asunto éste. Y la cosa es que yo antes creía a pies juntillas que Zeus orinaba a través de una criba. Pero explícame quién es el que produce los truenos, eso que me hace a mí temblar de miedo.
S.- Estas [las Nubes] producen los truenos al ser empujadas por todas partes.
E.- A ver, a ti que no se te pone nada por delante: ¿cómo?
S.- Cuando se saturan de agua y por necesidad son forzadas a moverse, como están llenas de lluvia, necesariamente son impulsadas hacia abajo; entonces, chocan unas contra otras y, como pesan mucho, se rompen con gran estrépito.
E.- Pero el que las obliga a moverse, ¿quién es? ¿No es Zeus?
S.- Ni mucho menos; es un torbellino etéreo.
E.- ¿Torbellino? No me había dado cuenta de eso, de que Zeus no existe y de que en su lugar reina ahora Torbellino. Pero aún no me has explicado nada del estruendo y el trueno.
S.- ¿No me has oído? Las nubes, al estar llenas de agua, te digo que chocan unas con otras y hacen ruido porque son muy densas.
E.- Vamos a ver: eso, ¿quién se lo va a creer?
S.- Te lo voy a explicar poniéndote a ti como ejemplo. En las Panateneas, cuanto ya estás harto de sopa de carne, ¿no se te revuelven las tripas y de pronto se produce un movimiento en ellas que empieza a producir borborigmos?
E.- Sí, por Apolo, y al momento provoca un jaleo horrible y un alboroto; y la dichosa sopa produce un ruido y un estruendo tremendo, como un trueno; primero flojito, “papax, papax”, después más fuerte “papapapax”, y cuando cago, talmente un trueno, “papapapax”, como hacen ellas.
S.- Pues fíjate qué pedos tan grandes han salido de ese vientre tan pequeño. Y el aire éste, que es infinito, ¿cómo no va a ser natural que produzca truenos tan grandes?

(Aristófanes, Las nubes. 366-394, versión de E. García Novo. Alianza editorial, 1987)




¿Qué novedades presenta las explicaciones de Sócrates en comparación con las explicaciones míticas que cita Estrepsíades?

¿Por qué crees que tanta gente sigue prefiriendo las explicaciones míticas y religiosas a las científicas y filosóficas?  

Y aquí la presentación de clase: 

martes, 29 de septiembre de 2026

3. La hipótesis del tiempo axial y el nacimiento de la filosofía en la Grecia antigua. Las filosofías no occidentales



Como hemos dicho en entradas anteriores la filosofía es reflexión y diálogo, pensar en lo que pensamos y mirarnos en las ideas de otros para conocernos y perfeccionarnos, ser más libres y felices. También dijimos que las ideas más grandes y profundas son las que tienen que ver con el misterio de la existencia (la realidad), con nuestra naturaleza e identidad (el ser humano), con el problema de la verdad (el conocimiento) y con la inquietud por vivir bien, ser justos o apreciar la belleza (los valores). Y que el curso que hemos empezado va de esto: de la historia de estas ideas, de cómo los hombres las descubrieron, las convirtieron en preguntas e intentaron darles respuesta. Al final de esta historia estamos nosotros, enfrentados a las mismas preguntas y a la misma dificultad y necesidad de responderlas. Por el camino, durante miles de años, el esfuerzo de intentarlo ha ido poblando nuestra mente de creencias y teorías que son las que hoy configuran nuestra forma de pensar y, por eso mismo, nuestra manera de ser y de actuar... Pero, ahora, vayamos a los comienzos de esta historia.
Mito egipcio de Geb y Nut


Podría decirse (y esto no es más que una historia figurada) que en el alba de las civilizaciones humanas, y durante miles de años, los seres humanos confiaron apasionadamente (o, al menos, bastante más que ahora) en los cuentos y en los mitos, como hacen todavía los niños. En esta época mítica (o "infantil"), las historias y leyendas sobre dioses y héroes daban respuesta a las grandes preguntas humanas (ya sabéis cuáles son), y el conocimiento disponible, despreocupado de esas grandes cuestiones, se limitaba a resolver problemas prácticos. Los hombres miraban, como hoy, a las estrellas, pero no por afán de comprender su naturaleza, sino para guiar sus barcos y para buscar señales del dios que gobernaba el mundo y del que dependía su suerte.



Pero según algunos filósofos, como Karl Jaspers, allá por el primer milenio a. C. tuvo lugar una gran transformación espiritual en el mundo civilizado. Jaspers pensó que esta transformación marcaba un eje o punto de referencia en el tiempo histórico, y denomino a esta época "era axial". Su planteamiento es tan discutible como sugerente: entre el 800 y el 200 a. C. habrían vivido unos personajes paradigmáticos que, sin conexión aparente entre ellos, infundieron en distintas sociedades y culturas una forma distinta de encarar las grandes preguntas. Estos personajes extravagantes fueron Confucio y Lao-Tsé en China, Buda y otros hombres santos y sabios en la India (brahmanes, jainistas), Zaratustra y sus seguidores en Persia, Elías y otros profetas en Palestina, y los sofistas y filósofos en la Grecia antigua... Con ellos la humanidad pareció despertar, como un adolescente que comenzara a cuestionarlo todo. 

Imagen de Confucio
Estos personajes críticos y extravagantes (como suelen ser los adolescentes desde la perspectiva de los adultos), todos ellos con un aura religiosa, iban de pueblo en pueblo dialogando con sus discípulos y con la gente; preferían las plazas a los templos, el ocio al negocio, y cultivar la vida interior antes que repetir las tradiciones y ritos de sus antepasados... Todos ellos parecen enormemente críticos con la tradición, con las formas de religiosidad ritual y con el conocimiento puramente "externo" y superficial de las cosas... Con ellos se difunde el aprecio por la reflexión y lo trascendente (lo que no se ve y existe más allá de las apariencias), y las grandes preguntas toman, tal vez por vez primera, carta de naturaleza: ¿En qué consiste la verdadera realidad
 (más allá del mundo sensible)? ¿Cuál es la naturaleza que compartimos todos los seres humanos (más allá de nuestra procedencia o grupo cultural o incluso de la vida terrenal)? ¿Qué podemos creer y por qué (más allá de nuestros engañosos sentidos o de lo que nos dicen la tradición y los mitos)? ¿Cómo debemos vivir y organizar la sociedad (más allá de lo que dictan las normas convencionales, los sacerdotes o los poderosos)? 


Según Jaspers y otros, plantear públicamente estas cuestiones generó una profunda crisis y revolución espiritual en la que aún estaríamos inmersos. Ahora bien, aunque de esto no habla Jaspers, el desarrollo de las respuestas a esa crisis parece haber sido muy distinto en unas civilizaciones y otras. Muy en general, y simplificando muchísimo, las civilizaciones más orientales (desde Oriente próximo a la China) parecieron dar una "respuesta religiosa" a las grandes preguntas. La revolución pareció, en ellas, fundamentalmente religiosa, y supuso un cambio desde el animismo, el ritualismo (con sus sacrificios y prácticas mágicas) y la mitología politeísta, hasta las grandes religiones monoteístas y rodeadas de teología que reinan hoy en el mundo (el confucionismo y el taoísmo, el budismo, el mazdeísmo, el judaísmo y las otras religiones abrahámicas). En estas nuevas religiones la verdadera realidad se concibe, en general, como algo trascendente (vinculada a un Dios innombrable y oculto); al ser humano como un alma diferente al cuerpo; la verdad como fruto de una revelación o experiencia espiritual; y la vida buena como una práctica de virtudes como la compasión y el ascetismo.

Frente a esta manera religiosa de responder a las grandes preguntas, los sabios de Occidente (los filósofos), en cambio, parecieron apostar por algo radicalmente nuevo: la crítica de toda verdad mítica o religiosa y la búsqueda de una respuesta racional a aquellas mismas cuestiones. En lugar de un Dios innombrable, los filósofos comenzaron a buscar un principio o causa racional como explicación de todo. En vez de un alma opuesta al mundo, los filósofos pensaron al ser humano como un alma capaz de comprender y dominar ese mismo mundo. En lugar de como una revelación divina, los filósofos consideraron a la verdad como un desvelamiento o descubrimiento debido a la razón y la observación humanas. Y en lugar del ascetismo cultivado por algunas de las religiones orientales, los filósofos produjeron una variada oferta de modos de vida, incluyendo modelos éticos y políticos basados en la afirmación de los deseos individuales, el afán de mejora y el progreso material... Esta “apuesta” por la explicación y el diálogo racional, por el dominio técnico de la naturaleza, por la autonomía humana y por el deseo de progresar fue, desde entonces, la seña de identidad de nuestra civilización. Algunos piensan que gracias a esta apuesta la humanidad despertó del todo (otros piensan que, por culpa de ella, los humanos nos perdimos del todo) y fue desarrollando a lo largo de los siglos todo el potencial de conocimiento e ingenio que, según solemos decir, nos define a los seres humanos. Con la filosofía especialmente nació un modo de saber puramente teórico (un saber por saber, no vinculado a necesidades prácticas ni a prácticas religiosas), reflexivo (un saber del saber mismo, dirigido no solo a explicar, sino a explicar el por qué de la propia explicación) y siempre crítico (un saber contra todo saber, desconfiado, interrogativo, carente de fe) ...





Este “despertar” filosófico de Occidente ocurrió en torno al siglo VI a. C, en las prósperas colonias griegas del Mediterráneo y en pequeñas ciudades en que la gente estaba acostumbrada a negociar y discutirlo todo en plazas y asambleas, y en las que la religión estaba a cargo de poetas que igualaban a dioses y hombres bajo una misma Ley común (la Necesidad o el Destino). No siendo el mundo fruto de la sola voluntad incomprensible de los dioses, sino cosa de leyes, los filósofos se lanzaron al descubrimiento de esas leyes, buscaron explicaciones “naturales” (basadas en la observación y la lógica) a lo que antes se explicaba con mitos y leyendas, cambiaron la revelación por el descubrimiento, la creencia ingenua por la reflexión crítica, la repetición por la innovación, y el lenguaje imaginativo por los argumentos y los conceptos abstractos...

En Grecia, este tránsito desde el saber mítico al saber racional, o como suele decirse: el paso del mito al logos (logos significa “razón” o “argumento”), no ocurrió de la noche a la mañana, sino muy lentamente, hasta el punto de que los primeros filósofos aún hablaban en un lenguaje mítico, daban nombres de dioses a las causas naturales y se expresaban a través de poemas y cuentos... Pero aunque lento, el proceso fue imparable. Los hombres acabaron por arrinconar a los dioses y empezaron a dar razón de todo por sí mismos. La filosofía y, con ella, la civilización occidental, habían nacido... 

La Escuela de Atenas, pintada por Rafael 


Ahora bien, aunque muchos autores afirman que la filosofía surge en su forma más propia en la Grecia antigua, la mayoría de ellos admite también que en otras civilizaciones se ha dado algo, como mínimo, similar a la filosofía. De entrada, muchos de los rasgos que caracterizan a la filosofía griega más arcaica están también presentes en la teosofía hindú o la tradición sapiencial china. Así, podemos ver que como en los textos religiosos hindúes o en las obras atribuidas a Confucio o Lao-Tsé, se trata no solo de las mismas cuestiones que interesan a la filosofía (la distinción entre lo trascendente y lo aparente, el problema de lo uno y lo múltiple, la diferenciación entre lo permanente y lo cambiante, la relación alma-cuerpo, las tensiones entre individuo y sociedad, etc.), sino que se utiliza un lenguaje abstracto y argumentativo (ser, unidad, dualidad, justicia...), e incluso se practica el diálogo entre maestro y discípulo tal como en la filosofía griega. Ahora bien, las llamadas "filosofías orientales" no abandonaron nunca su vinculación a los textos religiosos, y ahondaron solo en ciertas cuestiones filosóficas (ontología, ética...) desde una perspectiva con frecuencia mística, mientras que la filosofía occidental, desvinculada casi totalmente de la religión (tanto en sus inicios como, especialmente, en las épocas moderna y contemporánea) aplicó el "bisturí" de la razón a todo tipo de asuntos, incluyendo al propio conocimiento (y a la propia razón), y ha tenido, por lo general, más relación con la ciencia que con la religión. De todos estos datos quizás no se pueda deducir que la filosofía, como saber opuesto al mito y al saber común, brote con la misma intensidad en todas partes, sino solo que hay que moderar la tan celebrada opinión de que la filosofía es un “invento” griego o, por extensión, occidental (y eso pese a que la filosofía académica que se cultiva hoy en todo el mundo tiene como referente fundamental a esa misma filosofía occidental).


¿Estáis de acuerdo con todo esto? 
¿Son tan diferentes la civilización occidental y la oriental? ¿Cuál crees que condujo por un mejor camino a la humanidad? ¿No cometimos los occidentales un tremendo error al probar del árbol de la sabiduría? ¿No estará la felicidad más en la entrega confiada y la inocencia (la fe) que en el conocimiento y el "progreso"?


Os enlazo, por cierto, esta entrada del maravilloso blog de nuestro amigo y vecino de caverna Juan Antonio Negrete, y que trata también de los orígenes de la filosofía.


Y aquí la presentación de clase: 









lunes, 28 de septiembre de 2026

2. Cuatro temas de conversación para seducir a un filósofo/a. Periodos de la Historia de la Filosofía



Creo que tenemos ya claro que nos interesa estar con gente interesante con la que compartir y medir nuestras ideas y aprender. ¿Y habrá alguien más loco por las ideas que un filósofo? Durante este curso vamos a traer aquí a la caverna a los más grandes. Ya veremos mediante qué técnicas parapsicológicas (es broma). La cosa es que una vez se nos aparezcan se (nos) queden (dentro). Ya os podéis imaginar que son gente inquieta a la que no le va nada aburrirse. Pues bien, para seducir a un filósofo o filósofa nada mejor que sacar los siguientes cuatro temas de conversación, que son también las cuatro grandes preguntas o ramas de la filosofía. Y las cuatro cosas que más importa pensar y saber en la vida, creo yo (aunque esto también habrá que discutirlo, claro). 


  1. La pregunta ontológica (o metafísica): ¿QUÉ ES LA REALIDAD? Ojo, que esta pregunta admite variaciones: ¿Qué significa ser o existir? ¿Qué cosas son realmente reales? (de esto se ocupa la ontología general) ¿Hay modos o grados de existencia? ¿Qué es la naturaleza? (este es el tema de la cosmología o filosofía de la naturaleza) ¿Existe una realidad perfecta o divina?  (de esto se ocupa la teología filosófica)… ¿Y qué decir de esa realidad que parece estar entre la naturaleza y Dios: nosotros, los seres humanos, la sociedad, la historia, la cultura…? ¡Un momento! Esta última pregunta es tan importante que merece un apartado propio…

    2. La pregunta antropológica (o psicológica): ¿QUÉ ES EL SER HUMANO? ¿Qué lugar ocupamos en el cosmos? ¿Somos algo más que animales muy complicados? ¿Qué nos diferencia de las máquinas? ¿Qué es la mente? ¿Cómo influye la cultura en lo que somos? ¿De dónde venimos, para qué estamos aquí, y a dónde vamos cuando llega la muerte?...        
                                                                                                                 3. La pregunta epistemológica (o gnoseológica), que se refiere a la relación teórica que hay entre el ser humano y la realidad, es decir, al conocimiento. ¿EN QUÉ CONSISTE EL CONOCIMIENTO? ¿Es realmente posible conocer? ¿Conocemos con los sentidos o con la razón? ¿Cómo podemos estar seguros de que estamos seguros de algo? ¿Cómo sabemos que lo que pensamos, decimos, oímos, teorizamos...es verdadero? ¿Qué es de verdad la verdad?...                                        

                                                   
    4. La pregunta ética y política (e incluso estética) que atiende también a la relación entre nosotros y el mundo, pero esta vez, a la relación práctica.  ¿QUÉ  DEBERÍAMOS HACER PARA QUE LA REALIDAD FUERA MEJOR DE LO QUE ES? ¿Qué es lo que hay que hacer para ser buenos y felices? ¿Y para que la sociedad sea más justa? ¿Y para que las cosas sean más hermosas? ¿Qué es lo bueno? ¿Qué es lo justo? ¿Qué es lo bello?

El mundo, la existencia humana, la verdad, la bondad, la justicia, la belleza.... Lo que es todo, lo que somos nosotros, lo que podemos saber, lo que debemos hacer... ¿Se pueden pensar ideas más grandes y poderosas que aquellas que tratan de todo eso? ¿Hay algún otro tema de conversación interesante que no esté relacionado de algún modo con estos cuatro? ¿Cuál? Decídmelo si lo encontráis.






Por otra parte, todas estas ideas y preguntas han sido tratadas por filósofos y filósofas a lo largo de un buen número de siglos que, en el caso de Occidente, solemos dividir en eras o etapas: la Antigüedad, la Edad Media, la Edad Moderna y la Edad Contemporánea. 

La filosofía antigua comienza en torno al siglo VII a. C, con los filósofos griegos y, según algunos, acaba en torno al siglo V d. C. (El emperador romano Justiniano cierra la Academia platónica un poco después, en el 529 d. C). Sin embargo esto es ambiguo, pues filósofos muy importantes, a los que consideramos medievales, como San Agustín de Hipona, nacen y escriben aún en el siglo IV d. C. Nosotros preferimos pensar que la filosofía antigua (griega y latina) se solapa con los inicios de la filosofía medieval hasta el siglo V aproximadamente, teniendo en cuenta que desde el siglo I d.C. comienza a cultivarse también, mezclada con ella, la teología y la filosofía cristiana.


La filosofía medieval comienza en un periodo que va del siglo I al siglo V d. C y acaba en torno al siglo XIV, con la muerte de Guillermo de Ockham y el desarrollo del Renacimiento en Italia. 

La filosofía moderna comienza en torno al siglo XIV, con el desarrollo del Renacimiento, y se da por aproximadamente acabada a principios del siglo XIX, con la muerte de Immanuel Kant. 

Finalmente, la filosofía contemporánea comprende desde principios del siglo XIX hasta nuestros días. 


Como veis, la filosofía antigua y medieval ocupa, cada una de ellas, unos catorce siglos, mientras que la filosofía moderna y contemporánea transcurren durante un número mucho más modesto de años; sin embargo, el caudal de filósofos y filósofas que conocemos bien es, obviamente, mayor en la época moderna y contemporánea. 

En cualquier caso, es importante retener bien el nombre y localización de estos periodos, pues será en torno a ellos y a las áreas ya citadas de la filosofía (ontología, antropología, etc.) como organizaremos las teorías y filósofos a estudiar y como se organizaran también las preguntas de los exámenes. 

Tened también en cuenta que el currículo se organiza en tres bloques, que no coinciden exactamente con los periodos históricos. El primer bloque se corresponde con la filosofía antigua, el segundo bloque con la filosofía medieval y moderna, y el tercer bloque con la filosofía contemporánea a partir del pensamiento de I. Kant. 





Y aquí la presentación de clase: 


Además, y para ir entrenándote, puedes invocar y discutir de lo que quieras con cualquier filósofo en este chat (parte de la web de IA educativa del profesor Ramón Besonías). 

viernes, 25 de septiembre de 2026

1. La primera clase de Historia de la Filosofía. Curso 2026/27

 

Todos los años me pregunto por qué quiero yo dar un curso de filosofía. Y también me pregunto por qué habéis de quererlo vosotros (si la filosofía fuera solo una cuestión mía o de unos pocos, como la astronomía o el rugby, no sería cosa de mucho valor, ¿no?).

Pensad un momento y decidme por qué acudís al instituto, o a cualquier otro lugar que os guste más (es decir, cualquiera). ¿Por qué preferís vivir como vivís, dejándoos llevar o decidiendo hacer esto o aquello? O, sencillamente: ¿por qué vivís, para qué?.. Me apuesto mi sueldo de todo el curso a que la respuesta es esta: todo lo que hacéis (o dejáis de hacer) es... por algo que tenéis en la cabeza, es decir: por eso que llamamos... "ideas". Seamos o no conscientes de ellas, sean nuestras o de otros, sean buenas o malas, tenemos la cabeza llena de ideas, y todo lo que hacemos, percibimos, sentimos, deseamos y pensamos (sobre el mundo, sobre nosotros mismos, sobre los demás...), todo-todo depende de esas ideas... 


Pues bien, la filosofía no es más que el deseo de hacerte consciente y dueño de tus propias
 ideas y, por tanto, de tu propia vida. Aquel que es consciente de las ideas que le mueven puede criticarlas y mejorarlas (y, así, mejorar también su vida). 

¿Y esto de hacerse uno consciente de las ideas como se hace? Fácil (¿fácil?): a través de la reflexión. ¿De la qué? La reflexión es algo así como obtener un "reflejo" de las ideas que tenemos en la cabeza; como ponerlas "frente a un espejo". Es pensar en lo que pensamos. 

La reflexión se hace de dos formas: el monólogo (me "flexiono" y me pienso hacia dentro), y el diálogo (que es el arte de de hacerme flexible para con las ideas de los demás, de ponerme en su lugar para comprender y asimilar esas ideas y así no ser un... "idiota").

Fotografía de Chema Madoz

El idiota es el que cree que sus ideas son "las ideas" (es decir, el que se cree sabio). Pero esto suele ser falso. Ni nuestras ideas son nuestras (casi siempre las hemos aprendido de otros), ni son más que verdades a medias (y eso en el mejor de los casos). Para que sean mejores (y nosotros con ellas) conviene verlas y buscarlas como piezas de un puzle que solo podemos completar con las ideas de los otros, esas a las que nos asomamos a través del diálogo. Tal vez  completando ese puzle podamos acercarnos a esa quimera que es la verdad...  


Dejar de ser un idiota (ese es uno de los objetivos de la filosofía) tiene que ver, pues, con buscarnos en el espejo y el eco de los demás. Los demás, los otros, son... las ideas que no tenemos. Por eso es tan importante el diálogo, la comunicación, el amor... Es decir, el deseo de comprender a los demás (de comprender sus ideas) y de compartir con ellos nuestros pensamientos. Comprender (escuchar, leer...) a los demás, y comunicarnos con ellos (hablar, escribir...), es como abrazarlos en esa parte suya que no se ve ni se toca, en la más íntima, allí donde están de verdad y de donde proviene toda su vida, en la parte de... sus ideas. 


¿Y a quién preferimos amar, al que más ideas tiene para comprender o al que menos? Parece obvio que al primero (¿Para qué amar a alguien que sea tan tonto o más que nosotros?) ... ¡Y eso vamos a hacer aquí! Tener amores con los filósofos y filósofas, con esos que más se han aventurado en la jungla de las ideas y más pueden darnos a comprender. Los invocaremos uno a uno, y frotaremos nuestras ideas con las suyas hasta quedarnos preñados de... ¡de nosotros mismos!   



Porque, en el fondo, las ideas de esos filósofos son... nosotros, nuestra misma raíz. Conocer la historia del pensamiento es conocer la forma con que hemos llegado a ver, sentir, desear y pensar tal como lo hacemos hoy. Y también abrirse a la posibilidad de cambiarla y, de esa manera, cambiar también el mundo... 

A veces la historia de la filosofía me parece como la historia de una única Mente que fuera dialogando consigo misma, pensándose siglo a siglo, a través de cada uno de los grandes filósofos y filósofas., hasta conocerse del todo, hasta hacerse totalmente transparente, toda luz sin sombra. Tal vez nosotros somos parte de ese proceso, y tal vez esa Mente sea la que ahora piensa y habla a través de nosotros. 
Tal vez.

Bienvenidos de nuevo a este curso de amor y filosofía (si es que no son lo mismo).





Entrevistas iniciales "qué es para ti la filosofía" en 2B, 2D y 2F





jueves, 21 de mayo de 2026

EJERCICIO CON TEXTOS FILOSÓFICOS 10

 


1. Lee, contextualiza y comenta los siguiente textos de Platón y Aristóteles, relacionándolo con las ideas y teorías de sus autores, y comparando su contenido con el de cualquier otro autor, autora (uno o más de uno) corriente o perspectiva filosófica.


TEXTO 1 (PLATÓN)

-Ciertamente, las otras denominadas "excelencias" del alma parecen estar cerca de las del cuerpo, ya que, si no se hallan presentes previamente, pueden después ser implantadas por el hábito y el ejercicio: pero la excelencia del comprender da la impresión de corresponder más bien a algo más divino, que nunca pierde su poder, y que según hacia dónde sea dirigida es útil y provechosa, o bien inútil y perjudicial. 

Platón: República. Libro VII, Madrid: Editorial Gredos, 1986.


TEXTO 2 (ARISTÓTELES)

La comunidad perfecta de varias aldeas es la ciudad, que tiene ya, por así decirlo, el nivel más alto de autosuficiencia, que nació a causa de las necesidades de la vida, pero subsiste para el vivir bien. De aquí que toda ciudad es por naturaleza, si también lo son las comunidades primeras. La ciudad es el fin de aquéllas, y la naturaleza es fin. En efecto, lo que cada cosa es, una vez cumplido su desarrollo, decimos que es su naturaleza, así de un hombre, de un caballo o de una casa. 

Aristóteles: Política. Madrid: Gredos, 1988. LIBRO I


TEXTO 3 (ARISTÓTELES)

Todas las cosas se definen por su función y por sus facultades, de suerte que cuando éstas ya no son tales no se puede decir que las cosas son las mismas, sino del mismo nombre. Así pues, es evidente que la ciudad es por naturaleza y es anterior al individuo; porque si cada uno por separado no se basta a sí mismo, se encontrará de manera semejante a las demás partes en relación con el todo. Y el que no puede vivir en comunidad, o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la ciudad, sino una bestia o un dios.

Aristóteles: Política. Madrid: Gredos, 1988. LIBRO I


Y aquí tenéis algunas ideas para realizar o corregir el ejercicio.

sábado, 2 de mayo de 2026

Calificaciones tercer trimestre y recuperación final Historia de la Filosofía

 Las calificaciones del tercer trimestre y la lista de alumnos/as que han de asistir a la prueba final de recuperación de Historia de la Filosofía, con toda la información al respecto y las horas de atención al alumnado, han sido enviadas a cada alumno/a por Rayuela. Mirad vuestro correo. Si hubiera algún problema de recepción, escribidme a mi dirección de Rayuela o a filosofiavictor@gmail.com

Gracias y ánimo que ya queda muy poco.