martes, 20 de octubre de 2026

12. El mito de la caverna



Imagina, dice Platón, unos hombres prisioneros desde niños en una oscura caverna. En ella viven atados de tal modo que sólo pueden mirar hacia la pared del fondo. Detrás de ellos se encuentra un pequeño muro y detrás de él, sin que los prisioneros puedan verlos, pasan unos extraños hombres hablando entre sí y portando objetos en la cabeza con forma de hombres, animales y cosas diversas; un poco más allá de ellos hay una hoguera. La luz de la hoguera ilumina a esos extraños seres y sus objetos de manera que la sombra de tales objetos se proyecta en el fondo de la cueva. ¿Qué será el mundo (pregunta Platón) para esos prisioneros? Ellos creerán, sin duda, que el mundo no es más que las sombras y los ecos que miran y escuchan en el fondo de la caverna. 

¿Pero qué pasaría si liberáramos a uno de esos prisioneros? Se quedaría asombrado al comprobar que lo que veía no eran sino la sombra de cosas y seres que desconocía. Y si lograra salir de la cueva y ver, no copias de objetos que figuran otras cosas, sino a las propias cosas iluminadas por el Sol, se sorprendería aún más, pues comprendería que los objetos y sombras de la caverna no son sino copias (y copias de copias) de las cosas reales que existen fuera. Mientras se acostumbrase a la luz solar, el prisionero tendría que mirar estas cosas reales en sus reflejos en el agua y otras superficies, pero, más tarde, podría mirarlas directamente, e incluso percatarse de que es el sol el que permite admirarlas a todas. 

Imaginaos que este hombre quisiera volver a la caverna a contarle a sus compañeros todo lo que ha visto. Al principio, y mientras se acostumbrara de nuevo a la oscuridad, se comportaría torpemente y sería el hazmerreir de todos. Pero cuando contara a los demás lo que ha visto fuera, sería aún peor: lo tomarían por loco e incluso es posible que intentaran hacerle daño y matarle. 


 

Esto es, en esencia, el contenido del mito o alegoría de la caverna. Algunos de los textos orientativos de la prueba PAU tratan de él, así que es conveniente que reflexiones sobre él y trates de interpretarlo. Qué creéis que nos quiere decir este mito? ¿Qué es lo que más os ha llamado la atención en él? ¿Creéis que nos revela algo importante? ¿Tiene algo que ver con vuestra vida cotidiana, o con lo que hacéis todos los días aquí en clase? Verás que, conforme vayamos conociendo aspectos del pensamiento de Platón, iremos profundizando cada vez más en esta interpretación.



Por cierto, pulsando AQUÍ podéis escuchar el mito en nuestra versión radiofónica.

Y aquí, la presentación de clase




11. Platón, o de por qué hay que pensar antes de actuar

 


 Aristocles, apodado Platón, es para muchos el mayor filósofo de la antigüedad, y uno de los más importantes de toda la historia de la filosofía. Discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles, forma con ellos la gran triada de la filosofía griega. Es difícil exagerar su influencia. Casi toda la filosofía posterior se ha hecho con él o contra él, pero nunca sin él. En sus diálogos expuso y discutió sobre todos los asuntos de la filosofía: la realidad, el ser humano, la verdad, la bondad y la justicia, la belleza... 

Platón nació en Atenas en el 427 a.C., en el seno de una familia aristocrática y vinculada al poder político. Parece ser que su primera intención fue la de ser poeta, pero su encuentro con Sócrates, a los 20 años, le despertó la vocación por la filosofía. 

Al joven Platón le tocó contemplar la decadencia de su ciudad tras el esplendor de la época clásica. La larga guerra del Peloponeso sumió a la democracia ateniense en una grave crisis, y acabó con la hegemonía económica y política de Atenas sobre el resto de Grecia. 
En el 404, tras la victoria definitiva de Esparta y sus aliados, los vencedores imponen en Atenas el gobierno de los Treinta tiranos. Algunos de los dirigentes del nuevo gobierno eran familiares de Platón e invitaron al joven a participar en política, pero este se negó, espantado por la violencia y la injusticia que caracterizaba al nuevo régimen. 

 Muy poco después, cuando cae el gobierno de los Treinta y se reinstaura la democracia, Platón vuelve a albergar esperanzas sobre la regeneración política de Atenas, pero la actuación de los nuevos dirigentes le decepciona de nuevo, especialmente tras el proceso y ejecución de su amigo y maestro Sócrates, al que Platón consideraba “el hombre más justo de Atenas”.



 Convencido de que, en gran parte, la decadencia de Atenas se debía al relativismo moral difundido por los sofistas (más adelante hablaremos de todo esto), Platón se entregó al esfuerzo filosófico por demostrar la existencia de principios y valores absolutos desde los que reconstruir la vida política. En su diálogo más conocido, titulado República, Platón esboza las líneas maestras de un nuevo régimen político basado en la educación y en el gobierno de los más sabios, pues, según él, solo quienes supieran qué es lo justo podrían actuar políticamente de una manera adecuada.

Movido por su discípulo y amigo Dion, Platón viajó varias veces a Siracusa con objeto de poner en práctica su teoría política, aunque todos sus intentos fueron en vano. A la vez fundó en Atenas la Academia como un centro de investigación para filósofos.

En cierto modo, la vida de Platón parece encarnar la del sabio que, en su obra la República, se siente moralmente compelido a “volver a la caverna” a educar y liberar a los hombres.

Como podéis leer, el mismo Platón escribió sobre todo esto en esta carta (la llamada Carta VII):

"Antes, cuando yo era joven, sentí lo mismo que les pasa a otros muchos: tenía la idea de dedicarme a la política tan pronto como fuera dueño de mis actos. Entonces se produjo una revolución; al frente de este cambio político se establecieron como jefes cincuenta y un hombres. Ocurría que algunos de ellos eran parientes míos y me invitaron a colaborar en trabajos que, según ellos, me interesaban. Lo que me ocurrió no es de extrañar, dada mi juventud: yo creí que iba a gobernar la ciudad sacándola de un régimen injusto para llevarla a un sistema justo, de modo que puse una enorme atención en ver lo que podía conseguir. En realidad, lo que vi es que en poco tiempo hicieron parecer de oro al antiguo régimen; entre otras cosas enviaron a mi querido y viejo amigo Sócrates, de quien no pondría ningún reparo en afirmar que fue el hombre más justo de su época, para que, acompañado de otras personas, detuviera a un ciudadano y lo condujera violentamente a la ejecución. Pero Sócrates no obedeció y se arriesgó a toda clase de peligros antes que colaborar en sus iniquidades. Viendo, pues, todas estas cosas, me indigné y me abstuve de las vergüenzas de aquella época.
Poco tiempo después cayó el régimen de los Treinta, y otra vez me arrastró el deseo de dedicarme a la política. Pero la casualidad quiso que algunos de los que ocupaban el poder hicieran comparecer ante el tribunal a nuestro amigo Sócrates y presentaran ante él la acusación más inicua y más inmerecida. Al observar yo todas estas cosas, cuanto más atentamente lo observaba más difícil me parecía administrar bien los asuntos públicos. Entonces me vi obligado a reconocer, en alabanza de la filosofía verdadera, que sólo a partir de ella es posible distinguir lo que es justo, tanto en la vida pública como en la privada"
.[Platón. Carta VII. Extractos]



¿Qué pensáis? ¿Creéis que es necesario pensar sobre lo que es lo justo antes de actuar políticamente? ¿Creéis que es así, investigando sobre lo que es justo, como se llega habitualmente a ser político?...







Aquí, la presentación de clase:

10. Los problemas filosóficos de las teorías pluralistas.

 

Para muchos, las teorías pluralistas representan la culminación del pensamiento presocrático (sobre todo, por su lejano parecido a las teorías científicas modernas). Para otros representa una vuelta a la filosofía materialista de los milesios, lejos de la profundidad filosófica alcanzada por filósofos como Parménides. En cualquier caso, sus tesis van a resultar (como todas) muy discutibles. Veamos por qué.

1. La tesis principal del pluralismo es que la realidad es fundamentalmente múltiple, pero esto significa no entender el problema fundamental de la filosofía presocrática (y de toda la filosofía e incluso la ciencia): el problema de intentar explicar lo múltiple a partir de una única sustancia (agua, energía, número, ser…).

Si la teoría que se nos propone afirma que la realidad está compuesta de múltiples elementos (por ejemplo, de las cuatro raíces de Empédocles: tierra, aire, fuego, agua, más las fuerzas del amor y el odio, y ciertas leyes…) la pregunta que vuelve a nosotros de nuevo es la pregunta por la "arkhé": ¿qué tienen en común todas esas cosas? 

2. Si la “arkhé” es lo múltiple, como piensan los pluralistas, esto acarrea numerosos problemas lógicos. Por ejemplo: si la realidad son los átomos, y todo está compuesto en el fondo de átomos, ¿qué es lo que los distingue en cantidad y forma? Empecemos por la cantidad.

Si los átomos son muchos, ¿qué los separa? Solo pueden ser otros átomos (y así hasta el infinito, con lo que el límite entre los átomos sería ilimitado) o el vacío, como propone Demócrito; pero el vacío es algo no corpóreo, ¿y cómo puede lo que no es corpóreo separar los cuerpos de los átomos? (si el vacío fuera algún otro tipo de materia sutil distinta de los elementos que separa, entonces no sería cierto que todo lo que hay son átomos, como sostienen los atomistas). Por otra parte, si los átomos se distinguen por su forma, ¿qué es lo que da forma a los distintos átomos, qué materia atómica da forma a la propia materia de los átomos para hacerlos distintos unos de otros?


3. Otro problema ligado al pluralismo es el del carácter compuesto de los elementos básicos. Empédocles y Demócrito no creen que sus elementos (las cuatro raíces de Empédocles, o los átomos) sean divisibles. ¿Pero qué razón hay para que algo que es de naturaleza corporal o extensa, como un trozo de tierra o un átomo, no pueda dividirse en partes o unidades menores?  

4.  Para Empédocles y Anaxágoras las combinaciones y recombinaciones de elementos son causados por fuerzas (la Amistad y la Discordia, o el Nous). Pero la naturaleza de estas fuerzas no está clara: ¿Están también constituidas de materia? ¿Y las leyes, son también algo material? Y si así fuera, ¿podrían las leyes, siendo de una materia concreta, determinar la forma de comportarse de la materia en general? ¿O son, como parece que son en Anaxágoras, algo divino e inteligente, volviendo así al pensamiento arcaico de los milesios? 

5. El que los cambios se expliquen por recombinación de elementos que en sí mismos no cambian no soluciona el problema lógico del cambio, sólo “lo cambia de lugar”, por así decir. Que un montón de átomos se convierta en un árbol, supone pasar del no-ser árbol al ser árbol, y del ser-un-montón-de-átomos-dispersos a no-ser-un-montón-de-átomos-dispersos. El problema de Parménides no ha sido resuelto.

6. Si como opinan Empédocles o Anaxágoras en la realidad no hay vacío o no ser, sino que todo es un plenum compacto, no parece que haya “lugar” para el movimiento de los elementos. La solución de los atomistas a este problema consiste en afirmar que hay un vacío o no ser. Pero, ¿cómo es que hay algo que no es? Y si se afirma que este vacío es, pero no es corpóreo, ¿de qué está hecho? ¿Y cómo, si no es corpóreo, va a sustentar el movimiento de los átomos, que son corpóreos?...

7. En general, la idea de infinito, manejadas por los pluralistas, conduce a todo tipo de absurdos. Si, por ejemplo, en las “semillas” de Anaxágoras hay infinitamente un poco de todo, y en cada poco de todo hay también un poco de todo, etc., todas las semillas han de ser finalmente idénticas, por lo que resulta difícil de justificar que no sean una única sustancia. De otro lado, en un infinito de átomos, ¿qué espacio queda para el espacio vacío? Además, si las combinaciones entre elementos son infinitas (y hay, como reconocen los atomistas, infinitos mundos), todo se vuelve contradictorio (una misma cosa sería infinitamente diferente de sí misma, pues en cada uno de esos mundos tendría una forma distinta). Tal vez esto último no afecte a los atomistas (para quienes las cosas compuestas no representan nada verdaderamente real – solo son reales los átomos y el vacío –), pero no deja de resultar una dificultad lógica para explicar el mundo aparente que vemos.

8. Los atomistas acuden a veces al concepto o idea de “azar”. Pero la idea de azar implica que los sucesos ocurren sin causa aparente, esto es, aparentemente “por nada”. ¿Pero es lógico que las cosas sean o se muevan “por nada”, sin causa alguna?






lunes, 19 de octubre de 2026

9. Tumultuosa rueda de prensa de los filósofos pluralistas


Las anteriores teorías filosóficas no podían justificar lógicamente la pluralidad y el cambio (¿Cómo surge todo de una misma cosa? ¿Cómo se mueve un ser a sí mismo?...). Los filósofos pluralistas tampoco. Empédocles, Anaxágoras, Demócrito, Leucipo... se limitan a aceptar la pluralidad y el cambio como algo innegable, y a partir de ahí lo explican todo. Empédocles con cuatro principios (Aire, Tierra, Agua, Fuego) que son unidos por dos fuerzas (Amor y Odio) dando lugar a todos los seres y sucesos en un proceso continuo de expansión (Odio) y contracción (Amor). Anaxágoras plantea infinitas semillas (homeomerías) que son movidas por un misterioso ser (el "Nous" o Inteligencia) y que, al combinarse, dan lugar a todo lo que vemos. Finalmente, Demócrito y Leucipo, afirman que existen infinitos átomos con formas distintas que, al moverse azarosamente en el vacío, chocan y se engarzan unos con otros para dar lugar a distintas cosas y mundos. Cómo os podéis imaginar, las teorías pluralistas tienen muchos problemas: ¿Cómo es que existen tantas cosas al principio? ¿Qué tienen en común, cual es su "arkhé"? ¿Qué da forma a los distintos átomos y por qué son indivisibles? ¿De dónde salen las fuerzas que mueven a los elementos? ¿En qué consiste el misterioso "Nous" de Anaxágoras? ¿Cómo se mueven las cosas en el vacío? ¿Puede existir el azar? ¿Podría haber infinitos mundos?... 

Para entender estas viejas teorías y sus problemas, no os perdáis la siguiente rueda de prensa (ni la presentación del final, en la que aparecen resumidas las teorías y los problemas).


De nuestro corresponsal en Atenas. Siglo V a.C. Los tres “filósofos” del momento, Empédocles, Anaxágoras y Demócrito, decidieron ayer ofrecer al público los resultados de su investigación sobre la physis en una rueda de prensa que, tras las preguntas de algunos periodistas, desembocó en una virulenta discusión y la salida airada de dos de los filósofos de la sala. Este blog ofrece en rigurosa exclusiva un extracto de lo que allí ocurrió.

Anaxágoras.- Señores, silencio por favor (Se oyen múltiples rumores en la sala; al parecer la indumentaria del filósofo Empédocles ha levantado revuelo; Demócrito, entre tanto, ríe a carcajadas mientras conversa con algunos periodistas). ¡Silencio! (el público de la sala, abarrotada, al fin se calla). Ejem. Señores. En la filosofía se abre hoy una nueva etapa, la etapa pluralista. Durante estos últimos cien años, nuestros antecesores han extendido creencias que, pese a su esfuerzo y buena intención, han llenado de errores las cabezas de nuestros contemporáneos. Desde el ínclito Tales y sus secuaces hasta el agudo Parménides, pasando por los sabios pitagóricos y por el oscuro y soberbio Heráclito, se ha mantenido la peregrina idea de que todo se reduce, en realidad, a una única cosa o principio. Ya sea el agua de Tales, el aire de Anaxímenes o el número de Pitágoras. Pero el gran Parménides demostró que de una sola cosa solo puede provenir ella misma, y que además ésta, por su soledad, no tiene motivo ni ocasión ninguna para moverse o cambiar, negando así lo que parece a todas luces evidente: que el mundo está lleno de múltiples cosas que cambian y se mueven.
Empédocles.- ¡Inadmisible, eso es inadmisible! Pero nosotros, gracias a nosotros mismos (especialmente a mí) y no a los dioses, hemos descubierto la Verdad, que más luminosa aún que el sagrado Sol ha incendiado nuestras almas del fuego de la...
Anaxágoras.- Abreviando. La naturaleza, afirmamos nosotros, consta de múltiples principios, infinitos diríamos yo y mi colega Demócrito aquí presente, o tal vez cuatro como afirma el venerable Empédocles…
Empédocles (con voz cavernosa y afectada).- ¡Cuatro son las raíces de las cosas: Zeus resplandeciente, Hera avivadora, Aidoneo y Nesti que de lágrimas destila la fuen…!
Anaxágoras (interrumpiéndolo bruscamente).- Es decir, fuego, aire, tierra y agua, ¿no maestro? (Empedocles hace un gesto de desprecio y se calla). Pues bien, de estos elementos, finitos o infinitos, hemos descubierto que están hechas todas las cosas, muchas y cambiantes ellas, pero únicos y permanentes aquellos.



Demócrito.- A ver, ¿nadie en esta sala ha gozado de pequeño con esos juegos de construcción en los que, con pequeñas piezas, bien duras y diferentes, se podían imitar, engarzándolas con habilidad, el Partenón o el teatro de Dionisos? Pues a imagen de esos juegos de construcción está hecha la realidad. Cada uno de los objetos y seres que vemos no son más que combinaciones afortunadas de esas infinitas y minúsculas piezas, indivisibles ellas, que yo llamo átomos. Las múltiples cosas visibles se construyen y se destruyen, nacen y mueren, pero los átomos invisibles, sus piezas, son siempre los mismos y jamás se destruyen. ¿Habéis entendido?
Periodista 1.- Aristóbulo, de Noticias del Ática. ¿Cómo se reúnen y se desunen esos átomos o lo que sea para formar las cosas? ¿Algún dios, quizás, es el que juega con ellos?
Anaxágoras.- ¡Dios no, sino “Nous” se llama la suprema  Inteligencia que hace torbellino de esos elementos minúsculos y da lugar a los compuestos que conocemos!
Demócrito.- Ja, ja, ja… Mi estimado colega Anaxágoras persiste en viejas creencias de viejas. No hace falta “Nous” ninguno, querido. Mis átomos, al menos, se mueven ellos sólitos y sin quererlo nada ni nadie se unen y se desunen oportunamente para formar este sol que nos alumbra o tu anticuada y venerable cabeza.
Anaxágoras.- Te recuerdo, Demócrito de Abdera, que por negar todo tipo de viejas creencias, y afirmar que el sol no es más que una piedra llameante, me ando jugando esa cabeza ante las ignorantes multitudes. Un poder inteligente, mi “Nous”, es, quieras tú o no quieras, necesario para que el movimiento de esas semillas, de las que todo está hecho, tenga dirección y sentido.
Empédocles.- ¡La Discordia, como veis, pero también el Amor, mueven el mundo! Son estas viejas fuerzas en movimiento las que unen y desunen, alternativamente, y según antiquísimas leyes, las raíces del cosmos!
Demócrito.- ¡Qué diablos de leyes! ¡De qué Amor y Discordia hablas! Me desconciertas con ese lenguaje, impropio de filósofos. ¡El cosmos no es más que una colección de infinitos átomos moviéndose en el vacío y creando mundos y cosas diversas al chocar unos con otros!
Periodista 2.- Aristógato, del Maratón Noticiero. Si no he entendido mal ustedes pretenden justificar con argumentos la existencia de la pluralidad y el movimiento. ¿No es así?
Anaxágoras.- Así es, joven.
Periodista 2.- Pero comienzan su argumento diciendo que el principio de la realidad son muchos átomos, semillas o lo que sea, y que estas cositas están en movimiento, bien por sí solas, bien ayudadas por el Amor, el Odio y cosas así. ¿No es esto?
Empédocles.- Más o menos.
Periodista 2.- Entonces, o mucho me equivoco, o están ustedes demostrando la pluralidad y el movimiento con el astuto argumento de que por principio existen la pluralidad y el movimiento. ¿No es así?
Empédocles.- Hum. Noto en este joven cierta ironía…
Periodista 3.- Aristópsema, de La Verdad de Elea. El sabio Parménides decía que ni el cambio ni el movimiento eran posibles, pues lo que cambia, en tanto cambia, es y no es lo mismo, y lo que se mueve, en tanto se mueve, está y no está en el mismo sitio. No veo por ninguna parte que sus teorías pluralistas contradigan en nada estos argumentos.
Periodista 2.- ¡Cierto! Si el Amor hace el milagro de unir las piezas de mi mente para que logre comprender a Empédocles, yo entonces he cambiado, pero en ese caso soy el mismo aunque ya no lo sea. ¿Cómo se explica esto?
Empédocles (muy enfadado).- Sigo notando mucha ironía en ese joven.
Demócrito.- Ja, ja, ja… ¡Pero tiene toda la razón! Los argumentos de Parménides contra la pluralidad y el cambio son irrefutables. La única prueba de que existen muchas cosas y de que cambian es… Que lo vemos. Pero, ¿es cierto lo que vemos? Yo estoy convencido de que no. En realidad la realidad son átomos y vacío. Todo lo que vemos es ilusión. En fin…
Anaxágoras.- (Estallando) ¡Vacío! ¿Pero de qué hablas? Te ríes tú de mi “Nous” y no te ríes de tu absurda noción de vacío!
Demócrito.- Oye, yo me río de todo. Pero lo más risible de todo es que tú y ese poeta de Agrigento (señalando a Empédocles) penséis que vuestras extrañas partículas puedan ser muchas y moverse en ausencia de vacío. ¿Qué las distingue entonces? ¿Cómo pueden desplazarse si todo está lleno de ellas? ¿Me lo podéis explicar, por favor?
Empédocles.- (cada vez más enfadado) ¡¿Y puedes tú explicarnos, sin artificios poéticos por supuesto, qué diablos es ese “algo que no es nada” y a lo que tú llamas "vacío"?!
Demócrito.- ¡¡Pregúntaselo a los físicos de dentro de veinte siglos, a ver si ellos te lo saben decir!!
Periodista 2.- Ja, ja, ja. Parece que entre Empédocles y Demócrito ha estallado la Discordia…
Empédocles.- ¡Te lo avisé! (Le tira una de sus sandalias de bronce al periodista 2). ¡Mira a ver si nace el Amor entre esa y tu cabeza, insolente!
Demócrito.- (Con una amarga sonrisa) Veis, todo esto demuestra que el mundo no está regido por ninguna “Inteligencia”.

(Anaxágoras se marcha indignado. Empédocles ha salido corriendo detrás del periodista 2 y de su valiosa sandalia. Los demás periodistas salen. Tan solo quedan unos cuantos alrededor de Demócrito que se queda hablando animadamente con ellos. Parece que charlan acerca de los cuidados que requieren las viñas y de cómo hacer buen vino). 

¿Qué os ha parecido, en general, la teoría de los pluralistas? ¿Os parece más acertada que las teorías del resto de los filósofos presocráticos? ¿Por qué? ¿Qué problemas podéis encontrar en ella?


Aquí tenéis la presentación de clase:


viernes, 16 de octubre de 2026

8. Ser o no ser. He ahí la cuestión (de Parménides).


Si para los milesios el ser (arkhé) de las cosas es una materia misteriosa (viva como un animal y armoniosa como un dios), y para los pitagóricos una serie de formas o estructuras matemáticas, los eleatas dan una respuesta aún más extraña, más que matemática, puramente lógica... ¿Qué son en el fondo las cosas? ¡Pues... que son! ¡Y que no pueden no ser! Este es el son que repiten al unísono Parménides de Elea y sus discípulos (el más conocido de ellos fue Zenón, famoso por sus increíbles paradojas)... 

La solución de los milesios al problema de la realidad está todavía empapada de mitología y está cercana a la experiencia común. La que dan los pitagóricos se parece más a una respuesta científica, como la que daría hoy un físico matemático. Y la que dan los eleatas es, por vez primera, puramente racional o lógica, es decir: estrictamente filosófica

Zenón muestra las puertas a la verdad y la falsedad (Veritas et Falsitas). Fresco en la Biblioteca de El Escorial, Madrid.


Si le preguntáramos a Parménides, el más destacado entre los eleatas, que en qué consiste la realidad y qué ley la gobierna nos diría algo así:
-         La realidad consiste en que es. Lo que tienen en común todas las cosas es que son, que las hay, que las podemos pensar como siendo. 
-         Lo que gobierna la realidad son una especie de leyes “lógicas”. Y estas leyes dicen que “lo que es, es, y lo que no es, no es; y que nada puede ser y no ser” (Más claro, agua –pero no la de Tales—; a estas leyes se le llamarán luego: el principio de identidad y el principio de no contradicción).

La realidad consiste en que es. Pero ¿cómo es? Las tres ideas más interesantes de Parménides al respecto son estas:

  1. La realidad es una sola cosa e indivisible. ¿Y cómo es eso? Razonemos (cerrando los ojos, que nos confunden). Si la realidad fuera más de una (múltiple) estaría dividida en partes, pero entonces cada parte sería y no sería: seria la parte que es pero no sería las demás partes. Además, estas partes serían diferentes una de otras, pero como todas tienen en común el ser, sólo podrían diferenciarse en algo distinto del ser, es decir, en el no ser, es decir, en nada. Pero si no se diferencian en nada, no se diferencian. Luego son la misma. Luego no hay partes. Todo es uno.

  1. La realidad es invariable e inmóvil. Es invariable porque, si cambiara sería y no sería la misma, como cuando yo digo “yo he cambiado”, con lo cual refiero que “yo” sigo siendo el mismo (porque he sido yo el que he cambiado) pero no sigo siendo el mismo (porque he cambiado). Si cambiara en parte, tendría partes, lo que ya hemos demostrado que es imposible. Además, la parte que cambia pasaría del ser (lo que era) al no ser (pues ya no es lo que era). Por todo esto, la realidad no nace ni muere, es eterna. Para nacer tendría que no ser antes de nacer y ser después. Y para morir tendría que ser antes de morir y no ser después. Imposible. Además, ¿cómo se explica que las cosas aparezcan (nazcan) y desaparezcan (mueran) así, como si fueran los objetos en el sombrero de un mago?... La realidad tampoco se mueve, porque lo que se mueve tendría que estar y no estar en el lugar en el que se mueve, lo cual no es menos imposible. 
  2. La realidad ha de ser perfecta, no puede carecer de nada (si careciera de algo, entonces no sería ese algo de que carece y, por tanto, sería y no sería). Tampoco carece, pues, de límites o forma. La forma de la realidad es esférica (la esfera figura la idea de perfección entre los griegos; mientras que la línea o la ausencia de límites -- lo infinito -- denota más bien imperfección).

  3. Así que, la realidad es que es. Y como tal es única, indivisible, invariable, eterna, inmóvil y... perfecta.


Muchos filósofos (por no hablar de la gente común) han tachado de insensata la teoría de Parménides (escrita, por cierto, en forma de poema, lo que tiene su miga, siendo un filósofo tan racional). Unos dicen que, diga lo que diga el pensamiento, ellos ven la diferencia entre las cosas y los cambios de unas en otras (Parménides les diría que los sentidos nos engañan. Para ver cómo lo hacen pulsa en la siguiente figura). 





Otros piensan que la lógica de Parménides está equivocada, que confunde los múltiples sentidos en que se dice "ser", o que no distingue las "cosas" de sus "propiedades" (Parménides les diría que admitir esas distinciones es admitir ya lo inadmisible: las partes, la pluralidad). 

Lo que de todas todas es cierto, es que Parménides nos hace pensar. ¿Se le puede pedir más a un filósofo?



¿Y, por cierto, qué piensas tú de todo esto?

¿Quieres oír la voz de Parménides discutiendo con los ciudadanos de Elea? Pulsa aquí. Y si quieres saber más sobre este filósofo pulsa aquí y aquí también.
Y para leer en directo las extrañas discusiones que tenía Zenón (discípulo de Parménides) con sus paisanos, pulsa aquí y luego acá. 

Aquí tienes, también, la presentación de clase:


Y aquí, el fabuloso Rap de Parménides de nuestro alumno Peter:


martes, 13 de octubre de 2026

7. Pitágoras = [ Todo es (Número) ]

Alguien dijo que “tres son las naturalezas del Universo: los dioses, los mortales y los que son como Pitágoras”. De Pitágoras y los pitagóricos se decían en la antigüedad las cosas más increíbles y maravillosas: que tenían prohibido comer habas o mirar su rostro en un espejo junto a la lumbre, que el Maestro --que no solía dejarse ver y cuyo nombre no se podía pronunciar-- era hermoso como un ángel, que las almas de los difuntos se reencarnaban en otros cuerpos (mejores o peores según los méritos de cada cual)… Pero lo más increíble y maravilloso de todo es que creían que la realidad era Número...

El pitagorismo es una corriente filosófico-religiosa creada alrededor de la figura de Pitágoras de Samos (s. VI a. C.). Sus dos propuestas filosóficas más importantes son la teoría de la metempsicosis (reencarnación de las almas) y la teoría de que todo es número. Empecemos por esta última. 

El cosmos, creían ellos, estaba constituido tan armoniosa como matemáticamente. De hecho, las armonías, comenzando por las musicales, obedecían a precisas razones matemáticas. Y cuando el alma captaba esa matemática precisión se tornaba ella misma tan armoniosa y razonable como el mundo (solo así, por cierto, se podía encarnar en seres tan superiores como… ¡los pitagóricos!).



Pero no, no es que el mundo estuviera escrito en lenguaje matemático, como diría siglos después Galileo. Para los pitagóricos el mundo estaba hecho de matemáticas, de números, de puntos (el uno), líneas (el dos), planos (el tres) y volúmenes (el cuatro). Quién esto averiguaba era calificado con un diez (1+2+3+4), os lo juro, ¡por la sagrada Tetractys!

Cuentan que algunos pitagóricos se suicidaron tras descubrir los números irracionales (¡en su querido triángulo rectángulo!). Otros, más astutos, planearon una nueva ontología en la que lo Uno o Impar (el número Padre de todos los demás números) generaba el mundo uniéndose y dando límites a lo Dos o Par (el número Madre, infinito e irracional). Conocer cada cosa fue entonces cuestión de saber la combinación exacta de Unidad y Dualidad que la generaba y gobernaba (hoy diríamos, quizás, conocer su código binario –su código de barras—).



¡Increíble, verdad! Pues antes de sucumbir a la tentación de reíros de todo esto, pensad en lo siguiente. ¿Qué es lo más esencial para que exista una cosa? ¿La materia de la que está hecha, o la forma que tiene? Si la esencia de una cosa, por ejemplo, de una mesa o del Teatro romano de Mérida, es su forma (y así debe ser, pues la madera sin más, o un montón de piedras, no son una mesa ni un teatro), entonces el ser de las cosas es algo formal, y no material. Como la forma no es ninguna materia concreta (por eso puede implementarse en muchos materiales distintos), no puede verse, ni tocarse... pero sí pensarse. ¡Como las matemáticas!... 


 

Para los pitagóricos las formas más fundamentales de todas son las formas matemáticas: las estructuras geométricas y numéricas. Así que todo, en el fondo, estaría hecho de matemáticas, de números (hoy diríamos: de ecuaciones). Incluso la materia, pues ¿hay algún trozo de materia, por pequeño que sea, que no sea, en el fondo, una forma especial de organizarse sus partes, átomos o partículas (describible mediante fórmulas y números)? 

Todo, todo es matemático. Aunque nos parezca verlo como algo material y colorido. Al fin y al cabo, ya sabemos que las imágenes que vemos (como las de este blog) están formadas, en el fondo, por números, por códigos de ceros y unos... ¿No podría pasar lo mismo con todo?... Mira este vídeo de un famoso físico y matemático, y tal vez te convenzas...

  
Aristóteles y otros autores antiguos (y modernos) acusaban al pitagorismo de ser una filosofía ingenua y tosca, que confundía las abstracciones numéricas con las cosas reales, lo cuantitativo con lo cualitativo, pero... ¿No sería el pitagorismo una expresión simple de la creencia filosófica (y científica) de que todo lo real es racional, es decir, matematizable; tan racional y matematizable que, en el límite, no podría haber distinción alguna entre matemáticas y realidad?

Pitagóricos celebrando el amanecer. Óleo de Fyodor Bronnikov.

En cuanto a la otra teoría famosa de los pitagóricos, la metempsicosis o transmigración de las almas, no abundaremos mucho en ella (tampoco se conoce gran cosa). Pitágoras y sus discípulos parecían creer que la "forma" del ser humano era algo divino identificable con el alma, y que tras su "encarnación" (o caída) en el cuerpo, manifestaba una suerte de inquietud por volver a su verdadero lugar (la región divina). Esta inquietud haría que las almas se reencarnaran de un cuerpo a otro tras la muerte, en una jerarquía de existencias que iría desde la más simple a la más elevada o cercana a las formas matemáticas y divinas, que es la del sabio. Una vez el alma, encarnada en sabio, comprendiera esas formas, se reconocería a sí misma como una de ellas y, purificada ya de todo cuerpo o materia, volvería a su lugar natural. 

Por cierto, si queréis saber más de los pitagóricos aquí tenéis un magnífico diálogo entre un pitagórico y un milesio obtenido por un prestigioso equipo de parapsicólogos y viajeros del tiempo dirigidos por el Prof. Juan Antonio Negrete (si además de leerlo queréis oírlo: aquí tenéis la versión radiofónica)

Además, si pulsáis aquí podréis escuchar la entrevista que logramos realizar a Pitágoras. Y sobre el número áureo y la sucesión de Fibonacci podéis ver este ilustrativo vídeo 

Y aquí tenéis la presentación de clase 



             ¿Qué crees tú: está todo "hecho de matemáticas"? 
¿Será cierto que todo se puede "digitalizar", convertir en una                             "matriz"  numérica, en un código de barras? 
                                      ¿Por qué no?







viernes, 9 de octubre de 2026

6. La física arcaica de los milesios y una entrevista con Tales de Mileto



Es típico comenzar a narrar la historia de la filosofía por los llamados filósofos presocráticos. Se considera a tales filósofos como los más antiguos conocidos. Todos ellos vivieron entre finales del s. VII y el s. V a. C en lo que era entonces el mundo griego (una serie de ciudades repartidas por todo el mediterráneo oriental –incluyendo la actual Grecia— unidas por una lengua y cultura comunes). De su obra sólo conservamos unos pocos fragmentos literales y algunos comentarios de autores posteriores, todo lo cual ha llegado hasta nosotros a través de fuentes indirectas. El nombre de “presocráticos” alude al hecho de que tales filósofos se anteponen históricamente a aquellos otros con los que comienza la denominada “época clásica” de la filosofía griega, y que son Sócrates y Platón. 

Los filósofos presocráticos son muchos y muy distintos, pero, pese a ello, tienen una serie de características comunes: 

(a) Representan una fase transitoria entre el pensamiento mítico y el pensamiento propiamente filosófico. Todavía utilizan un lenguaje poético e imaginativo y conceptos tomados de los mitos, dando a la "arkhé" un carácter, en ocasiones, divino.

(b) Se ocupan preferentemente de la filosofía de la naturaleza (la “phýsis”) y, por extensión, del problema de la realidad, practicando una especie de ontología arcaica o primitiva dirigida a buscar el principio y origen común a todas las cosas, lo que las constituye y lo que causa y determina su movimiento (la "arkhé"). 


(c) Las respuestas que dan los primeros filósofos griegos a la pregunta por la “arkhé” se pueden organizar (aun muy ambiguamente) en dos grandes grupos: respuestas inmanentistas (en las que la "arkhé" es un elemento sensible y material, como lo Húmedo en Tales, el Aire en Anaxímenes, tal vez el “Ápeiron” de Anaximandro, los cuatro Principios de Empédocles, las Homeomerías de Anaxágoras, los Átomos de Demócrito) y respuestas más trascendentalistas (en las que la “arkhé” se concibe como un principio formal o legal, como los Números de los pitagóricos o el “Lógos” de Heráclito, o como una entidad lógica de naturaleza abstracta y captable solo por la razón como el “Ser” de Parménides).

Para los milesios (Tales, Anaximandro y Anaxímenes) el principio común y generador de todo es un único elemento natural (más o menos subyacente a la naturaleza visible): lo Húmedo o Agua para Tales, un elemento indeterminado e ilimitado (“Ápeiron”) para Anaximandro, o el Aire para Anaxímenes. Este elemento es eterno (siempre ha existido, no ha podido ser creado de otra cosa) y omnipresente (lo ocupa todo). Además está en continuo movimiento y mediante este movimiento genera el resto de las cosas (que aparecen por parejas de opuestos que se determinan y limitan lo uno a lo otro: lo seco y lo húmedo, lo frío y lo cálido, etc.). Ahora bien, este movimiento o devenir fundamental (el del Agua, Ápeiron, el Aire…) no es caótico, sigue una “ley” estable (una especie de criterio de “justicia” cósmica) que determina que todas las cosas, oponiéndose unas a otras, mantengan en equilibrio al mundo (para lo cual cada uno de los opuestos ha de ser generado en su justa medida: ni en exceso ni de forma insuficiente).

Así pues, en la arkhé de los milesios se mezcla lo que hoy entenderíamos como “materia”, una “fuerza” que la mueve, y una “ley” según la cual la fuerza mueve a la materia. ¿Cómo pueden mezclarse estas tres cosas tan diferentes: materia, fuerza, ley, en una sola? Seguramente asumiendo que la arkhé es como un dios que se identifica con la naturaleza, con su propia fuerza o poder de metamorfosis, y con la ley que determina estas metamorfosis. Al fin, no olvidemos que los presocráticos son filósofos que aún están a medio camino entre el saber mítico y el saber estrictamente racional; fundan sus teorías en la observación y el razonamiento (por ejemplo, acerca de los distintos estados del agua o el aire, o en relación con su presencia en determinados procesos biológicos...), pero también en mitos tradicionales (por ejemplo, en torno al papel del agua o el "aliento vital" en determinados mitos cosmogónicos).

Para que conozcáis un poco más de cerca a alguno de ellos, en esta entrevista os presentamos a Tales de Mileto. Considerado el primer filósofo de la historia occidental, Tales fue un ingeniero, matemático y astrónomo, además de un viajero incansable. Se hizo mundialmente famoso por sus opiniones acerca del origen del mundo. Logramos grabar esta entrevista en la Clínica Hipócrates, en donde se hallaba convaleciente tras haber caído a un pozo. Para leer la entrevista además de escucharla pulsar aquí.



¿Qué es lo que más te convence y lo que menos te convence de la teoría de Tales?
Si la "arkhé" es una sola cosa (el Agua, el Aire...), ¿cómo puede producir otra cosa que no sea ella misma?
¿Podría justificarse el movimiento o la existencia de leyes si todo estuviera hecho de lo mismo?
¿Encuentras en la física actual alguna idea o problema similar a los que hemos visto en los milesios? ¿Qué sería lo análogo a la "arkhé" para los físicos actuales? 


Y aquí tenéis la presentación de clase:




Aquí una estupenda entrada, también sobre Tales, de nuestro vecino y amigo de blog.