La concepción marxista del ser humano puede encontrarse en sus primeros escritos. Para la antropología de Marx, claramente materialista, el hombre no es una esencia abstracta, ni pura autoconciencia contemplativa (como para la mayoría de los filósofos), sino un ser concreto, corpóreo e histórico, que se realiza a través de sus acciones y relaciones sociales en un contexto cultural determinado, en estrecha relación con la realidad socioeconómica y material. Cabría decir, en este sentido, que, para Marx, el ser humano no nace, sino que se hace, y que se hace fundamentalmente a través de su trabajo, que es su hacer principal.
La noción de trabajo es aquí fundamental. Para Marx, el trabajo no es solo la actividad por la que transformamos la materia para generar un producto, ni un simple medio para obtener recursos económicos, sino aquello que nos hace ser quienes somos. Cuando preguntamos a alguien "¿y tú qué eres?", la respuesta suele ser: "yo soy médico, jardinero, escritor, estudiante...". Para Marx, el trabajo es (o debería ser) la actividad por la que desarrollamos y expresamos libremente nuestras capacidades humanas (el pensamiento, la conciencia crítica, la creatividad, la determinación moral...), logramos reconocimiento social y construimos nuestra identidad personal, proyectándonos y reconociéndonos en aquello que creamos (transformando el mundo a imagen de nuestros deseos e ideales). Dicho más brevemente: a través del trabajo nos realizamos como seres humanos. De hecho, a menudo el drama de una persona sin trabajo no solo reside en carecer de recursos, sino en sentirse insignificante, inútil, un "don nadie"...
Ahora bien, Marx va a constatar que el tipo de trabajo que la nueva sociedad industrial ofrece a la mayoría, especialmente al proletariado industrial (a los obreros), no solo no permite ese desarrollo de las capacidades y relaciones humanas, sino que las debilita y destruye, convirtiendo a los seres humanos en seres "alienados". En vez de "realización" del ser humano, lo que la moderna sociedad industrial produce es su "alienación".
En segundo lugar, el trabajo del obrero es alienante respecto al mismo proceso de transformación de la materia, en cuanto este no está diseñado o elegido por el trabajador, ni expresa, por tanto, su subjetividad o sus intereses (sino los intereses de otro, o del mero capital); o en cuanto a que, dada su naturaleza mecánica, no desarrolla las capacidades más propiamente humanas (el ingenio, la inteligencia, la creatividad...) del trabajador.
En tercer lugar, es alienación respecto al producto del trabajo. El trabajo genera productos, creaciones, pero estas les son arrebatadas al trabajador y son convertidas en mercancía para beneficio exclusivo del patrono. Este beneficio (la "plusvalía") va destinado a aumentar el capital, la desigualdad y la situación de alienación del trabajador.
¿Pensad ahora en vuestra situación actual como estudiantes? ¿Es o no es alienante? No sé a vosotros, pero a mi, a veces, el instituto me parece como una fábrica, un inmenso edificio en el que, a toque de sirena, los obreros-alumnos ocupan sus pupitres enfilados frente a pizarras y ordenadores, mientras el patrón-profesor se pasea supervisándolo todo. Una vez situados, los obreros-alumnos se pasan el día repitiendo gestos mecánicos: haciendo como que atienden, escribiendo lo que les dictan, contestando lo que les han dicho que tienen que contestar en los exámenes. En casi ninguna de las horas, semanas y años que llevan aquí, esos obreros-alumnos eligen lo que se hace en clase, ni hacen nada que se relacione con sus verdaderos intereses y deseos. Casi ninguno de ellos se esfuerza por sí mismo, sino para contentar a otros (padres, profesores...) o para lograr las recompensas que les han enseñado a desear. La mayoría ha aprendido ya a disimular su desinterés y afrontan curso tras curso, examen tras examen, por pura disciplina ciega. Otros malviven de esa mínima ración de autenticidad que son la ensoñación en clase, las fugas clandestinas, las pequeñas bromas... Y para colmo, entre ellos también se promueve la competencia, las relaciones no elegidas (disponiendo junto a quien se sienta cada quien, "para que no hablen"), la segregación por notas, o incluso por sexo, con objeto de mejorar el rendimiento (pues esos alumnos-obreros no son una excepción con respecto a otros productos del mercado: se "fabrican" para que den beneficio, para que coloquen su currículo en el mercado de trabajo)...

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