Marx adopta el “mecanismo” de la dialéctica hegeliana, consistente en un proceso de tres fases: la "tesis" (lo dado, el momento inicial), la "antítesis" (el enfrentamiento con lo dado y su negación), y la "síntesis" (la resolución del conflicto mediante la aparición de una situación nueva); pero lo aplica a la historia, no al Espíritu (para Marx, que es un filósofo materialista, no existe tal cosa como el “Espíritu”).
Historia de la filosofía para cavernícolas
sábado, 11 de abril de 2026
67. La teoría política marxista. El materialismo histórico (2): la lucha de clases.
Marx adopta el “mecanismo” de la dialéctica hegeliana, consistente en un proceso de tres fases: la "tesis" (lo dado, el momento inicial), la "antítesis" (el enfrentamiento con lo dado y su negación), y la "síntesis" (la resolución del conflicto mediante la aparición de una situación nueva); pero lo aplica a la historia, no al Espíritu (para Marx, que es un filósofo materialista, no existe tal cosa como el “Espíritu”).
jueves, 9 de abril de 2026
66. La teoría política marxista. El materialismo histórico (1): infraestructura y superestructura.
Según el materialismo histórico, la base real de toda cultura es una determinada "infraestructura" económica y social. Esta infraestructura comprende básicamente dos cosas: (a) los medios y fuerzas productivas con las que cuenta una sociedad (materias primas, tierras, fábricas, trabajadores, capital, etc.) y (b) el modo en el que se relaciona la gente con estas fuerzas productivas (quiénes las poseen, quiénes se limitan a trabajar, cómo se organiza el trabajo...) generando clases sociales (siendo las clases habitualmente dos: la clase de los propietarios y la clase de los trabajadores). Todos los demás elementos que componen una sociedad (la política, las costumbres, la religión, la filosofía...) dependen, según Marx, de la infraestructura económica y social, y tienen la importante función de legitimar y justificar dicha infraestructura. A estos elementos políticos e ideológicos (leyes, tradiciones, creencias, ideas, etc.) se les denomina "superestructura". En la superestructura podemos distinguir, a su vez, dos niveles: la superestructura política y la superestructura ideológica.
La superestructura política (el sistema de gobierno, el derecho, la policía, etc.) tiene la función de dar cobertura institucional al orden social y económico, estableciendo y haciendo cumplir las leyes apropiadas para que dicho orden se mantenga vigente.
La superestructura ideológica comprende muchas cosas: la moral y las costumbres, los ritos y fiestas, la educación, el arte, las creencias religiosas, incluso la ciencia y la filosofía (especialmente aquella que se ocupa de "interpretar, pero no de transformar" el mundo). La función de esta superestructura (a la que, a veces, se la llama, sin más, "ideología") es justificar y convencer a la gente de la validez y necesidad del orden social establecido, ocultando las contradicciones y tensiones inherentes a dicho sistema y desactivando las ideas contrarias al mismo.Veamos algunos ejemplos.
En la sociedad feudal, la infraestructura determinaba que la propiedad de las fuerzas productivas (que era, sobre todo, la tierra y los siervos) estuviera adscrita a la nobleza y el alto clero. Las relaciones de producción eran claramente desiguales, de manera que unos pocos (los propietarios de la tierra) vivían del trabajo de otros (siervos, campesinos), dándose así dos clases sociales (estamentos) bien diferenciadas.En cuanto a la superestructura, la sociedad feudal se caracteriza por la filosofía y la religión cristiana, el arte medieval, la monarquía absoluta y muchos otros... Todos estos elementos servían para justificar y legitimar el modo de producción y el orden social feudalista.

Así, la idea de un Dios único y todopoderoso que gobernaba el mundo servía para justificar la monarquía absoluta (en la que una única persona, el rey, gobernaba a todos). La monarquía imponía leyes que, a su vez, protegían e institucionalizaban la diferencia social entre señores y siervos y el modo de producción imperante. La ideología medieval servía, además, para desactivar las tensiones sociales y evitar rebeliones, inculcando la idea del origen divino de la estructura social y política, y la reparación de las injusticias en "otro mundo" (en el Reino de Dios).

En la sociedad capitalista (que es lo que más interesa a Marx), la propietaria de las fuerzas productivas es la burguesía, y las relaciones de producción son también de dominación y explotación de una clase (los proletarios) por la otra (la burguesía).
Los obreros, dueños tan solo de su fuerza de trabajo, la venden al burgués por una cantidad menor a la de los beneficios que se obtienen de ella (a la diferencia entre el salario y el beneficio que obtiene el burgués le llama Marx "plusvalía").
De otro lado, la ideología burguesa cumple la función de justificar el orden social capitalista y burgués. La filosofía de Hegel (un filósofo muy conocido del siglo XIX), por ejemplo, afirma que el Estado moderno es la "realización" política de la Razón, con lo que no cabe oponerse racionalmente a él (aunque en realidad ese Estado no hace, según Marx, sino representar los intereses económicos de la burguesía dominante).
La mentalidad o ideología moderna alienta también la libertad individual y hace a cada individuo responsable de su situación económica, cuando en realidad esto es incierto, pues los obreros, en cuanto desposeídos de la propiedad de los medios productivos, carecen de casi toda posibilidad de liberarse de su situación.Más aún, la cultura burguesa, con su arte amable y, diríamos hoy, con toda la inmensa industria del entretenimiento cultural, procura que los obreros permanezcan ajenos e inconscientes de su situación, generando la necesaria conformidad para que la "máquina" capitalista siga funcionando...


Y aquí tenéis la presentación de clase:
65. La antropología marxista: el concepto de alienación
La concepción marxista del ser humano puede encontrarse en sus primeros escritos. Para la antropología de Marx, claramente materialista, el hombre no es una esencia abstracta, ni pura autoconciencia contemplativa (como para la mayoría de los filósofos), sino un ser concreto, corpóreo e histórico, que se realiza a través de sus acciones y relaciones sociales en un contexto cultural determinado, en estrecha relación con la realidad socioeconómica y material. Cabría decir, en este sentido, que, para Marx, el ser humano no nace, sino que se hace, y que se hace fundamentalmente a través de su trabajo, que es su hacer principal.
La noción de trabajo es aquí fundamental. Para Marx, el trabajo no es solo la actividad por la que transformamos la materia para generar un producto, ni un simple medio para obtener recursos económicos, sino aquello que nos hace ser quienes somos. Cuando preguntamos a alguien "¿y tú qué eres?", la respuesta suele ser: "yo soy médico, jardinero, escritor, estudiante...". Para Marx, el trabajo es (o debería ser) la actividad por la que desarrollamos y expresamos libremente nuestras capacidades humanas (el pensamiento, la conciencia crítica, la creatividad, la determinación moral...), logramos reconocimiento social y construimos nuestra identidad personal, proyectándonos y reconociéndonos en aquello que creamos (transformando el mundo a imagen de nuestros deseos e ideales). Dicho más brevemente: a través del trabajo nos realizamos como seres humanos. De hecho, a menudo el drama de una persona sin trabajo no solo reside en carecer de recursos, sino en sentirse insignificante, inútil, un "don nadie"...
Ahora bien, Marx va a constatar que el tipo de trabajo que la nueva sociedad industrial ofrece a la mayoría, especialmente al proletariado industrial (a los obreros), no solo no permite ese desarrollo de las capacidades y relaciones humanas, sino que las debilita y destruye, convirtiendo a los seres humanos en seres "alienados". En vez de "realización" del ser humano, lo que la moderna sociedad industrial produce es su "alienación".
En segundo lugar, el trabajo del obrero es alienante respecto al mismo proceso de transformación de la materia, en cuanto este no está diseñado o elegido por el trabajador, ni expresa, por tanto, su subjetividad o sus intereses (sino los intereses de otro, o del mero capital); o en cuanto a que, dada su naturaleza mecánica, no desarrolla las capacidades más propiamente humanas (el ingenio, la inteligencia, la creatividad...) del trabajador.
En tercer lugar, es alienación respecto al producto del trabajo. El trabajo genera productos, creaciones, pero estas les son arrebatadas al trabajador y son convertidas en mercancía para beneficio exclusivo del patrono. Este beneficio (la "plusvalía") va destinado a aumentar el capital, la desigualdad y la situación de alienación del trabajador.
¿Pensad ahora en vuestra situación actual como estudiantes? ¿Es o no es alienante? No sé a vosotros, pero a mi, a veces, el instituto me parece como una fábrica, un inmenso edificio en el que, a toque de sirena, los obreros-alumnos ocupan sus pupitres enfilados frente a pizarras y ordenadores, mientras el patrón-profesor se pasea supervisándolo todo. Una vez situados, los obreros-alumnos se pasan el día repitiendo gestos mecánicos: haciendo como que atienden, escribiendo lo que les dictan, contestando lo que les han dicho que tienen que contestar en los exámenes. En casi ninguna de las horas, semanas y años que llevan aquí, esos obreros-alumnos eligen lo que se hace en clase, ni hacen nada que se relacione con sus verdaderos intereses y deseos. Casi ninguno de ellos se esfuerza por sí mismo, sino para contentar a otros (padres, profesores...) o para lograr las recompensas que les han enseñado a desear. La mayoría ha aprendido ya a disimular su desinterés y afrontan curso tras curso, examen tras examen, por pura disciplina ciega. Otros malviven de esa mínima ración de autenticidad que son la ensoñación en clase, las fugas clandestinas, las pequeñas bromas... Y para colmo, entre ellos también se promueve la competencia, las relaciones no elegidas (disponiendo junto a quien se sienta cada quien, "para que no hablen"), la segregación por notas, o incluso por sexo, con objeto de mejorar el rendimiento (pues esos alumnos-obreros no son una excepción con respecto a otros productos del mercado: se "fabrican" para que den beneficio, para que coloquen su currículo en el mercado de trabajo)...
martes, 7 de abril de 2026
64. Karl Marx: el contexto histórico y filosófico
Según Marx, la nueva economía capitalista que iba a traer, según los burgueses, prosperidad para todos y abolición de la servidumbre, no había traído más que miseria y una nueva servidumbre para la mayoría. Marx constató como miles de niños, mujeres y hombres eran brutalmente explotados en las fábricas del norte de Europa, trabajando durante todo el día en condiciones inhumanas, insalubres, con salarios de subsistencia, despedidos cuando caían enfermos o eran demasiado viejos para seguir en el tajo, mientras otros, los parados, deambulaban por las calles ignorantes de que su estado era necesario para que el gran empresario pudiera alcanzar mayores beneficios... Ahora se comprende -- decía Marx -- que las revoluciones burguesas no consistieran, para la mayoría, sino en pasar de ser siervos del señor feudal a obreros miserables a merced del patrón y el capitalista burgués.
Durante esas mismas revoluciones, los burgueses prometieron igualdad ante la ley y gobiernos participativos, pero Marx constata también aquí que las promesas de la burguesía revolucionaria (una vez llegada al poder) se habían quedado en nada: el voto se reservó a los ciudadanos con cierto nivel de renta, los sindicatos se prohibieron, las huelgas obreras fueron duramente reprimidas por la policía...
Tan solo algunos pequeños burgueses bienintencionados, como los socialistas utópicos, habían intentado, según Marx, concebir una nueva situación, si bien de manera totalmente errónea, pues no entendían los complejos mecanismos de la máquina infernal del capitalismo. Según Marx, ni siquiera los sindicatos, pese a lo heroico de su lucha, comprendían que los problemas no desaparecían reclamando mejoras en las condiciones de trabajo, pues este, en cuanto sirve al capital y no a la realización del hombre, era intrínsecamente injusto.
Para Marx la única respuesta posible a la situación histórica de su tiempo era la lucha revolucionaria. Para él, la historia se movía según las leyes de la lucha de clases. Y lo que ayer era la lucha entre los reyes y el pueblo coaligado a la burguesía naciente, había de ser ahora la lucha del pueblo contra la clase burguesa que lo oprimía y explotaba sin misericordia. Esta lucha, ayudada por las contradicciones inherentes al propio desarrollo capitalista, habría de dar lugar, según Marx, a la ruptura con el régimen parlamentario burgués, la toma del poder por parte del proletariado y la instauración del comunismo.
Por todo esto es necesaria -- dice Marx - una filosofía nueva, una filosofía que atienda a la verdadera realidad, a lo que constituye el pilar de las sociedades y el motor de los cambios históricos: la economía y la lucha de clases; y una filosofía que sea capaz, además, de iluminar la práctica revolucionaria para hacer de este mundo un lugar más justo (de Marx es la célebre frase: "la filosofía se ha dedicado únicamente a explicar el mundo; cuando de lo que se trata es de transformarlo").
martes, 24 de marzo de 2026
63. EJERCICIO: SER O NO SER NIETZSCHEANO
62. EJERCICIOS CON TEXTOS FILOSOFÍCOS 6
TEXTO
"Cómo el mundo verdadero acabó convirtiéndose en una fábula
(Historia de un error)"
1. El mundo verdadero, asequible al sabio, al piadoso, al virtuoso, -él vive en ese mundo, es ese mundo.
(La forma más antigua de la Idea, relativamente inteligente, simple, convincente. Transcripción de la tesis «yo, Platón, soy la verdad»).
2. El mundo verdadero, inasequible por ahora, pero prometido al sabio, al piadoso, al virtuoso («al pecador que hace penitencia»).
(Progreso de la Idea: ésta se vuelve más sutil, más capciosa, más inaprensible, -se convierte en una mujer, se hace cristiana...).
3. El mundo verdadero, inasequible, indemostrable, imprometible, pero ya en cuanto pensado, un consuelo, una obligación, un imperativo.
(En el fondo, el viejo sol, pero visto a través de la niebla y el escepticismo; la Idea, sublimizada, pálida, nórdica, königsburguense).
4. El mundo verdadero -¿inasequible? En todo caso, inalcanzado. Y en cuanto inalcanzado, también desconocido. Por consiguiente, tampoco consolador, redentor, obligante: ¿a qué podría obligarnos algo desconocido? ...
(Mañana gris.Primer bostezo de la razón.Canto del gallo del positivismo).
5. El «mundo verdadero» -una Idea que ya no sirve para nada, que ya ni siquiera obliga, -una Idea que se ha vuelto inútil, superflua, por consiguiente una Idea refutada: ¡eliminémosla!
(Día claro; desayuno; retorno del bon sens y de la jovialidad; rubor avergonzado de Platón; ruido endiablado de todos los espíritus libres)
6. Hemos eliminado el mundo verdadero: ¿qué mundo ha quedado?, ¿Acaso el aparente?... ¡No!, ¡al eliminar el mundo verdadero hemos eliminado también el aparente!
(Mediodía; instante de la sombra más corta; final del error más largo; punto culminante de la humanidad; INCIPIT ZARATHUSTRA)
1. Lee el texto y, para cada uno de los seis fragmentos invéntate una paráfrasis en la que digas lo mismo (según lo que entiendas) pero con tus propias palabras, y con un estilo lo más poético o metafórico que puedas.
2. Vuelve a leer el párrafo 5 e intenta averiguar qué es lo que está intentando decirnos Nietzsche. ¿Por qué se dice que hay un retorno a la "jovialidad"? ¿Por qué se alude al "rubor avergonzado" de Platón?
3. Vuelve a leer el párrafo 6 y averigua qué es lo que se dice en él. ¿Por qué se afirma que se ha llegado al "final del error más largo"?









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