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sábado, 7 de mayo de 2016

Cómo hacer un examen de filosofía (3er. trimestre).

A continuación, os doy información y algunos consejos para hacer bien el examen de Historia de la filosofía, según el modelo de las P.A.U., y aplicándolo a los contenidos del tercer trimestre.

CONSEJOS PARA TODO EL EXAMEN.

Distribuye el tiempo y el espacio del papel. Da prioridad a las preguntas primera y última (valen más).

Antes de empezar a responder a cada pregunta piensa y haz un breve esquema (en un papel en sucio que se te proporcione) de todo lo que quieres decir (pero no ocupes más de unos minutos en ello).

Cuida la expresión, la ortografía, los signos de puntuación, la claridad de la letra y la presentación.

Evita el lenguaje coloquial, no abuses de los ejemplos, evita juicios de valor y frases rotundas sobre lo que dicen los autores.

Ten cuidado con los hechos y datos históricos, así como con los nombres y términos técnicos. Si no recuerdas bien un dato, término o nombre, no los pongas (mejor una ausencia que una metedura de pata).

Evita los esquemas, los dibujos, las frases sueltas. Las respuestas tienen que ser una redacción bien compuesta, con su principio, su desarrollo y su conclusión.

EL COMENTARIO DE TEXTO (hasta 3 puntos)

Ten en cuenta los siguientes pasos: (1) Presenta muy brevemente la obra y el autor a los que pertenece el fragmento (puedes ver esto en la Guia de Lectura); (2) analiza el significado de los términos subrayados, en relación con la filosofía del autor (vienen señalados en la Guía de lectura); y (3) comenta el sentido del texto indicando lo que nos quiere decir en él el autor, poniéndolo en relación con su filosofía. [La parte (2) puede estar integrada en la parte (3)]

Todo lo que digas tiene que tener relación con lo que dice el texto que aparece en el examen (según lo interpretas tú). Es muy recomendable que cites partes del texto (poniendo la cita entre comillas), para mostrar a qué te estás refiriendo en tu comentario. En cualquier caso NO vale ponerse a escribir sobre la filosofía del autor olvidándonos del texto.

Tenéis modelos en la Guía de Lectura.


LA PREGUNTA TEÓRICA (hasta 2 puntos)

Contesta a lo que se te pregunta (ve al grano). Procura citar todas las cosas importantes del tema que se te plantea, y hacerlo de forma equilibrada (no unas muchas y otras muy poco).

En el caso del tercer trimestre, la pregunta teórica puede referirse a uno o varios de entre estos asuntos:

El idealismo trascendental de Kant.
- Sensibilidad, entendimiento y razón.
- La posibilidad de la metafísica como ciencia.
- Crítica de Kant a las éticas materiales.
- La ética formal kantiana.
- El imperativo categórico y su formulación.
- Los postulados de la razón práctica.
- La filosofía de la historia de Kant.
- El concepto de alienación en Marx.

EL CONTEXTO HISTÓRICO (hasta dos puntos)

Se preciso con las fechas, nombres, datos, etc. (si no estás seguro, no los pongas). 

Tienes un modelo de respuesta en la Guía de lectura.

No olvides los mínimos establecidos para cada autor (de una manera u otra, en el orden que quieras, tienes que desarrollarlos en la respuesta). Para Kant son:
- Los tres modelos de Ilustración (inglés, francés, prusiano)...
- La presperidad económica: aumento demográfico, avance técnicas agrícolas, inicio de la revolución industrial...
- Las teorías contractualistas...
- La ciencia de Newton como modelo de racionalidad...


EL TEMA Y LOS DOS FILÓSOFOS (hasta tres puntos).

Escoge dos filósofos (o corrientes filosóficas) que traten del tema que se te indica. Si te sobra tiempo puedes añadir uno más (pero nunca más de tres).

Expón el pensamiento de los filósofos elegidos con toda la profundidad que puedas, y siempre en relación al tema que se te propone. Para cada uno escribe un texto. No valen frases sueltas ni exposiciones "telegráficas". 

No vale en ningún caso utilizar al autor del texto como uno de esos dos o tres filósofos. No hace falta que compares a los autores que has escogido con el autor del texto.

Para el tercer trimestre, las preguntas pueden ser estas: 

- Explique cómo ha sido abordado el tema de la razón en otros dos autores que haya estudiado (menos el del texto). Podéis usar (por ejemplo), a Platón y su teoría del conocimiento, al conflicto entre fe y razón, a la teoría racionalista...
- Explique cómo ha sido abordado el tema del cambio social y político en otros dos autores que haya estudiado (menos el del texto). Podéis usar (por ejemplo) a Platón (el cambio mediante la educación); a los filósofos contractualistas (el cambio mediante un pacto social); a Marx (su teoría sobre la lucha de clases y la dialéctica de la historia...)
- Explique cómo ha sido abordado el tema del gobierno o el Estado en otros dos autores que haya estudiado (menos el del texto). Podéis usar (por ejemplo) a Platón, Aristóteles, la filosofía medieval, las teorías contractualistas (un solo autor si se profundiza en él, o los tres si se presenta la teoría en general), la teoría de Marx sobre la sociedad y el papel del gobierno en ella...





martes, 8 de marzo de 2016

La Ilustración y Kant.

Según Kant, la Ilustración y el progreso de la sociedad consistía en que los individuos dejaran de ser "menores de edad” mental y se atrevieran a pensar por su cuenta, sin permitir que otros pensaran y decidieran por ellos. Kant pensaba que la mayoría de la gente era, en su época, “menor de edad” y que, por tanto, eso de la Ilustración apenas era más un propósito que una realidad. Para Kant, el medio idóneo para lograr ese propósito era la educación. O, más exactamente, cierto tipo de educación: aquella que descubre al individuo la necesidad de pensar por sí mismo y le enseña a hacerlo. Ahora bien, de un lado esta educación apenas existía (los "tutores" o educadores eran tan inmaduros o dependientes de prejuicios como sus pupilos, por lo que no hacían sino prolongar la minoría de edad de estos). Y de otro lado la mayoría no se prestaba fácilmente a salir de su situación, ya fuera por miedo (¡quién se atreve a pensar por sí mismo corriendo el riesgo de perderse del rebaño!), ya por pereza y, en general, por no tener un genuino deseo de libertad que fuera más allá de la satisfacción de los deseos "naturales" (según Kant: el deseo de estar sano, de tener dinero, y de aliviar como sea el miedo a la muerte).
  
¿Ha cambiado algo desde la época de Kant? ¿Es la mayoría de la gente de nuestro entorno “mayor de edad” (en el sentido de los ilustrados)? ¿En qué consiste realmente ser "mayor de edad"? ¿Es la educación de hoy instigadora de ese pensamiento propio y libre que, según Kant, representa el acceso a la verdadera “mayoría de edad”? 


¿QUÉ PIENSAS TÚ?





















jueves, 5 de marzo de 2015

Pensad como queráis...¡Pero obedeced!


¿Debemos cumplir la ley cuando nos parece injusta o irracional? ¿Tenemos derecho a rebelarnos o desobedecer al poder?



La respuesta de Kant a ambas cuestiones es negativa. Los argumentos que ofrece Kant pretenden ser en parte lógicos y en parte “empíricos” o propiamente políticos. Desde un punto de vista lógico Kant niega todo derecho a saltarse el derecho. Por ello, el derecho a la rebelión (que defiende, por ejemplo, Locke) le parece un contrasentido. Los actos que se salen de la ley no tienen más “legitimidad”, según él, que la fuerza. La ruptura revolucionaria del orden vigente supone “salirse” de la civilidad y retornar al “estado de naturaleza”, en el que solo imperan la violencia y los hechos consumados. ¿Y los derechos naturales del individuo? Para Kant, éstos ya no existen como tales una vez que, fundada la comunidad política, han sido transferidos al gobernante que representa la voluntad popular. Hay que aclarar que en ese acto de transferencia lo que se cede al gobernante, según Kant, no es solo la representatividad sino también la soberanía por lo que el gobernante, y no el pueblo, es realmente el soberano (la soberanía popular queda reducida a mero ideal regulativo: el gobernante ha de ejercer su poder de manera que dicho ejercicio pudiera ser aceptado –en algún momento— por la voluntad popular, posibilidad cuya estimación queda, por lo demás, al arbitrio del gobernante). Como veis, la doctrina kantiana es la expresión filosófica casi perfecta del llamado despotismo ilustrado.

El argumento “empírico” o político reza que el único modo racional y real de generar un cambio político y social consiste en cambiar el estado de opinión de la mayoría y, singularmente, del Estado, de manera que sea la convicción racional del gobierno con respecto a la necesidad del cambio lo que genere dicho cambio por los cauces legales vigentes. Una revolución o ruptura repentina de la legalidad solo conduciría, según Kant, a un conflicto violento cuyo resultado sería un estado similar al que se pretendía sustituir, dada la ausencia de un cambio real (es decir, un cambio de ideas) en la mayoría y en el gobierno representativo que se instituya. Nada se puede asentar realmente sobre la violencia (y sí, todo, sobre la convicción), esta sería, quizás, la moraleja kantiana

En base a estos argumentos esgrime Kant su célebre distinción entre “uso público” y “uso privado” de la razón. Kant defendía que al ciudadano (o, más bien, el ciudadano-súbdito, en su caso) había de permitírsele una completa libertad de opinión (un libre uso “público” de la razón) sobre cualquier asunto, sobre todo si se trataba de un ciudadano docto o competente para opinar, pero que de ninguna manera esa libertad había de extenderse a sus obligaciones sociales como súbdito del Estado ni a su actividad profesional “privada”. 
Es decir, como ciudadano del mundo podía opinar lo que quisiera sobre, por ejemplo, la política fiscal, el ejército o la Iglesia, pero como súbdito de un Estado concreto, había de pagar sus impuestos y cumplir con sus obligaciones militares o religiosas sin rechistar (máxime si fuera, además, militar o sacerdote).
  
Estas afirmaciones han levantado siempre una gran polémica. Un contemporáneo de Kant (Hammam) caricaturizó la postura kantiana diciendo que está consistía en “vestir el traje de la libertad los días de fiestas, pero usar el delantal de la obediencia en casa”. ¿Qué cabe objetar a la teoría de Kant? ¿Qué ocurre si el gobernante no hace ningún caso a la opinión pública, aunque esta sea libre de manifestarse? Desde la posición de Kant, nada, pues el gobernante, como soberano, es la única fuente de derecho legítima, con lo que la doctrina kantiana deja la puerta abierta al despotismo más absoluto (y menos ilustrado), riesgo este que a Kant le parece necesario asumir.

Kant tampoco parece que tuviera en cuenta una posibilidad amenazante de ese único mecanismo legítimo de cambio que propone. ¿Qué pasaría si el gobernante, pese a admitir la libertad de expresión, manipulara a la opinión pública de acuerdo con sus intereses, dando más apoyo y medios a aquellos que opinan como él? Por cierto, ¿a qué os suena esto último?



lunes, 23 de febrero de 2015

Yes, we Kant (?) La Ilustración y Kant.

Según Kant, la Ilustración y el progreso de la sociedad consistía en que los individuos dejaran de ser "menores de edad” mental y se atrevieran a pensar por su cuenta, sin permitir que otros pensaran y decidieran por ellos. Kant pensaba que la mayoría de la gente era, en su época, “menor de edad” y que, por tanto, eso de la Ilustración apenas era más un propósito que una realidad. Para Kant, el medio idóneo para lograr ese propósito era la educación. O, más exactamente, cierto tipo de educación: aquella que descubre al individuo la necesidad de pensar por sí mismo y le enseña a hacerlo. Ahora bien, de un lado esta educación apenas existía (los "tutores" o educadores eran tan inmaduros o dependientes de prejuicios como sus pupilos, por lo que no hacían sino prolongar la minoría de edad de estos). Y de otro lado la mayoría no se prestaba fácilmente a salir de su situación, ya fuera por miedo (¡quién se atreve a pensar por sí mismo corriendo el riesgo de perderse del rebaño!), ya por pereza y, en general, por no tener un genuino deseo de libertad que fuera más allá de la satisfacción de los deseos "naturales" (según Kant: el deseo de estar sano, de tener dinero, y de aliviar como sea el miedo a la muerte).
  
¿Ha cambiado algo desde la época de Kant? ¿Es la mayoría de la gente de nuestro entorno “mayor de edad” (en el sentido de los ilustrados)? ¿En qué consiste realmente ser "mayor de edad"? ¿Es la educación de hoy instigadora de ese pensamiento propio y libre que, según Kant, representa el acceso a la verdadera “mayoría de edad”? 


¿QUÉ PIENSAS TÚ?







miércoles, 5 de marzo de 2014

Pensad como queráis...¡Pero obedeced!


¿Debemos cumplir la ley cuando nos parece injusta o irracional? ¿Tenemos derecho a rebelarnos o desobedecer al poder?



La respuesta de Kant a ambas cuestiones es negativa. Los argumentos que ofrece Kant pretenden ser en parte lógicos y en parte “empíricos” o propiamente políticos. Desde un punto de vista lógico Kant niega todo derecho a saltarse el derecho. Por ello, el derecho a la rebelión (que defiende, por ejemplo, Locke) le parece un contrasentido. Los actos que se salen de la ley no tienen más “legitimidad”, según él, que la fuerza. La ruptura revolucionaria del orden vigente supone “salirse” de la civilidad y retornar al “estado de naturaleza”, en el que solo imperan la violencia y los hechos consumados. ¿Y los derechos naturales del individuo? Para Kant, éstos ya no existen como tales una vez que, fundada la comunidad política, han sido transferidos al gobernante que representa la voluntad popular. Hay que aclarar que en ese acto de transferencia lo que se cede al gobernante, según Kant, no es solo la representatividad sino también la soberanía por lo que el gobernante, y no el pueblo, es realmente el soberano (la soberanía popular queda reducida a mero ideal regulativo: el gobernante ha de ejercer su poder de manera que dicho ejercicio pudiera ser aceptado –en algún momento— por la voluntad popular, posibilidad cuya estimación queda, por lo demás, al arbitrio del gobernante). Como veis, la doctrina kantiana es la expresión filosófica casi perfecta del llamado despotismo ilustrado.

El argumento “empírico” o político reza que el único modo racional y real de generar un cambio político y social consiste en cambiar el estado de opinión de la mayoría y, singularmente, del Estado, de manera que sea la convicción racional del gobierno con respecto a la necesidad del cambio lo que genere dicho cambio por los cauces legales vigentes. Una revolución o ruptura repentina de la legalidad solo conduciría, según Kant, a un conflicto violento cuyo resultado sería un estado similar al que se pretendía sustituir, dada la ausencia de un cambio real (es decir, un cambio de ideas) en la mayoría y en el gobierno representativo que se instituya. Nada se puede asentar realmente sobre la violencia (y sí, todo, sobre la convicción), esta sería, quizás, la moraleja kantiana

En base a estos argumentos esgrime Kant su célebre distinción entre “uso público” y “uso privado” de la razón. Kant defendía que al ciudadano (o, más bien, el ciudadano-súbdito, en su caso) había de permitírsele una completa libertad de opinión (un libre uso “público” de la razón) sobre cualquier asunto, sobre todo si se trataba de un ciudadano docto o competente para opinar, pero que de ninguna manera esa libertad había de extenderse a sus obligaciones sociales como súbdito del Estado ni a su actividad profesional “privada”. 
Es decir, como ciudadano del mundo podía opinar lo que quisiera sobre, por ejemplo, la política fiscal, el ejército o la Iglesia, pero como súbdito de un Estado concreto, había de pagar sus impuestos y cumplir con sus obligaciones militares o religiosas sin rechistar (máxime si fuera, además, militar o sacerdote).
  
Estas afirmaciones han levantado siempre una gran polémica. Un contemporáneo de Kant (Hammam) caricaturizó la postura kantiana diciendo que está consistía en “vestir el traje de la libertad los días de fiestas, pero usar el delantal de la obediencia en casa”. ¿Qué cabe objetar a la teoría de Kant? ¿Qué ocurre si el gobernante no hace ningún caso a la opinión pública, aunque esta sea libre de manifestarse? Desde la posición de Kant, nada, pues el gobernante, como soberano, es la única fuente de derecho legítima, con lo que la doctrina kantiana deja la puerta abierta al despotismo más absoluto (y menos ilustrado), riesgo este que a Kant le parece necesario asumir.

Kant tampoco parece que tuviera en cuenta una posibilidad amenazante de ese único mecanismo legítimo de cambio que propone. ¿Qué pasaría si el gobernante, pese a admitir la libertad de expresión, manipulara a la opinión pública de acuerdo con sus intereses, dando más apoyo y medios a aquellos que opinan como él? Por cierto, ¿a qué os suena esto último?



sábado, 22 de febrero de 2014

Yes, we kant?

Según Kant, la Ilustración y el progreso de la sociedad consistía en que los individuos dejaran de ser "menores de edad” mental y se atrevieran a pensar por su cuenta, sin permitir que otros pensaran y decidieran por ellos. Kant pensaba que la mayoría de la gente era, en su época, “menor de edad” y que, por tanto, eso de la Ilustración apenas era más un propósito que una realidad. Para Kant, el medio idóneo para lograr ese propósito era la educación. O más exactamente cierto tipo de educación: aquella que descubre al individuo la necesidad de pensar por sí mismo y le enseña a hacerlo. Ahora bien, de un lado esta educación apenas existía (los "tutores" o educadores eran tan inmaduros o dependientes de prejuicios como sus pupilos, por lo que no hacían sino prolongar la minoría de edad de estos). Y de otro lado la mayoría no se prestaba fácilmente a salir de su situación, ya fuera por miedo (¡quién se atreve a pensar por sí mismo corriendo el riesgo de perderse del rebaño!), ya por pereza y, en general, por no tener un genuino deseo de libertad que fuera más allá de la satisfacción de los deseos "naturales" (según Kant: el deseo de estar sano, de tener dinero, y de aliviar como sea el miedo a la muerte).
  
¿Ha cambiado algo desde la época de Kant? ¿Es la mayoría de la gente de nuestro entorno “mayor de edad” (en el sentido de los ilustrados)? ¿En qué consiste realmente ser "mayor de edad"? ¿Es la educación de hoy instigadora de ese pensamiento propio y libre que, según Kant, representa el acceso a la verdadera “mayoría de edad”? 


¿QUÉ PIENSAS TÚ?





viernes, 15 de febrero de 2013

Pensad como queráis, ¡pero obedeced!


¿Debemos cumplir la ley cuando nos parece injusta o irracional? ¿Tenemos derecho a rebelarnos o desobedecer al poder?



La respuesta de Kant a ambas cuestiones es negativa. Los argumentos que ofrece Kant pretenden ser en parte lógicos y en parte “empíricos” o propiamente políticos. Desde un punto de vista lógico Kant niega todo derecho a saltarse el derecho. Por ello, el derecho a la rebelión (que defiende, por ejemplo, Locke) le parece un contrasentido. Los actos que se salen de la ley no tienen más “legitimidad”, según él, que la fuerza. La ruptura revolucionaria del orden vigente supone “salirse” de la civilidad y retornar al “estado de naturaleza”, en el que solo imperan la violencia y los hechos consumados. ¿Y los derechos naturales del individuo? Para Kant, éstos ya no existen como tales una vez que, fundada la comunidad política, han sido transferidos al gobernante que representa la voluntad popular. Hay que aclarar que en ese acto de transferencia lo que se cede al gobernante, según Kant, no es solo la representatividad sino también la soberanía por lo que el gobernante, y no el pueblo, es realmente el soberano (la soberanía popular queda reducida a mero ideal regulativo: el gobernante ha de ejercer su poder de manera que dicho ejercicio pudiera ser aceptado –en algún momento— por la voluntad popular, posibilidad cuya estimación queda, por lo demás, al arbitrio del gobernante). Como veis, la doctrina kantiana es la expresión filosófica casi perfecta del llamado despotismo ilustrado.

El argumento “empírico” o político reza que el único modo racional y real de generar un cambio político y social consiste en cambiar el estado de opinión de la mayoría y, singularmente, del Estado, de manera que sea la convicción racional del gobierno con respecto a la necesidad del cambio lo que genere dicho cambio por los cauces legales vigentes. Una revolución o ruptura repentina de la legalidad solo conduciría, según Kant, a un conflicto violento cuyo resultado sería un estado similar al que se pretendía sustituir, dada la ausencia de un cambio real (es decir, un cambio de ideas) en la mayoría y en el gobierno representativo que se instituya. Nada se puede asentar realmente sobre la violencia (y sí todo sobre la convicción), esta sería, quizás, la moraleja kantiana

En base a estos argumentos esgrime Kant su célebre distinción entre “uso público” y “uso privado” de la razón. Kant defendía que al ciudadano (o, más bien, el ciudadano-súbdito, en su caso) había de permitírsele una completa libertad de opinión (un libre uso “público” de la razón) sobre cualquier asunto, sobre todo si se tratara de un ciudadano docto o competente para opinar, pero que de ninguna manera esa libertad había de extenderse a sus obligaciones sociales como súbdito del Estado ni a su actividad profesional “privada”. 




Es decir, como ciudadano del mundo podía opinar lo que quisiera sobre, por ejemplo, la política fiscal, el ejército o la Iglesia, pero como súbdito de un Estado concreto, había de pagar sus impuestos y cumplir con sus obligaciones militares o religiosas sin rechistar (máxime si fuera, además, militar o sacerdote).
  


Estas afirmaciones han levantado siempre una gran polémica. Un contemporáneo de Kant (Hammam) caricaturizó la postura kantiana diciendo que está consistía en “vestir el traje de la libertad los días de fiestas, pero usar el delantal de la obediencia en casa”. ¿Qué cabe objetar a la teoría de Kant? ¿Qué ocurre si el gobernante no hace ningún caso a la opinión pública, aunque esta sea libre de manifestarse? Desde la posición de Kant, nada, pues el gobernante, como soberano, es la única fuente de derecho legítima, con lo que la doctrina kantiana deja la puerta abierta al despotismo más absoluto (y menos ilustrado), riesgo este que a Kant le parece necesario asumir.

Kant tampoco parece que tuviera en cuenta una posibilidad amenazante de ese único mecanismo legítimo de cambio que propone. ¿Qué pasaría si el gobernante, pese a admitir la libertad de expresión, manipulara a la opinión pública de acuerdo con sus intereses, dando más apoyo y medios a aquellos que opinan como él? Por cierto, ¿a qué os suena esto último?



jueves, 7 de febrero de 2013

Yes, we Kant?

Según Kant, la Ilustración y el progreso de la sociedad consistía en que los individuos dejaran de ser "menores de edad” mental y se atrevieran a pensar por su cuenta, sin permitir que otros pensaran y decidieran por ellos. Kant pensaba que la mayoría de la gente era, en su época, “menor de edad” y que, por tanto, eso de la Ilustración apenas era más un propósito que una realidad. Para Kant, el medio idóneo para lograr ese propósito era la educación. O más exactamente cierto tipo de educación: aquella que descubre al individuo la necesidad de pensar por sí mismo y le enseña a hacerlo. Ahora bien, de un lado esta educación apenas existía (los "tutores" o educadores eran tan inmaduros o dependientes de prejuicios como sus pupilos, por lo que no hacían sino prolongar la minoría de edad de estos). Y de otro lado la mayoría no se prestaba fácilmente a salir de su situación, ya fuera por miedo (¡quién se atreve a pensar por sí mismo corriendo el riesgo de perderse del rebaño!), ya por pereza y, en general, por no tener un genuino deseo de libertad que fuera más allá de la satisfacción de los deseos "naturales" (según Kant: el deseo de estar sano, de tener dinero, y de aliviar como sea el miedo a la muerte).
  
¿Ha cambiado algo desde la época de Kant? ¿Es la mayoría de la gente de nuestro entorno “mayor de edad” (en el sentido de los ilustrados)? ¿En qué consiste realmente ser "mayor de edad"? ¿Es la educación de hoy instigadora de ese pensamiento propio y libre que, según Kant, representa el acceso a la verdadera “mayoría de edad”? 


¿QUÉ PIENSAS TÚ?