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martes, 28 de mayo de 2013

Información para los alumnos que van a selectividad con Historia de la filosofía.

Hola a todos, os informo.
- Tendremos nuestra primera clase de preparación el viernes 31 a partir de las 8.30. Si venís después, os vais incorporando. Estaremos en el Departamento o en el aula de 2A, justo al lado. Es importante que traigáis los exámenes corregidos que os he ido entregando durante el curso, para que revisemos los errores que hay en ellos. 
- Los que no podáis venir el viernes, podéis comunicaros conmigo a través de comentarios a esta entrada o del correo filosofiavictor@gmail.com, que estará abierto para cualquier duda o consulta que tengáis.
- El tema y el autor con el que complementaremos el curso de cara al examen será el tema 16 (La teoría crítica de la Escuela de Frankfurt) y el texto de Max Horkheimer (que tenéis en la carpeta de textos PAU). El material sobre el tema y la guía de lectura del texto lo tenéis en las carpetas correspondientes (a la izquierda de esta entrada). 
- Así mismo  se instalará una carpeta en el margen izquierdo del blog, titulada "preparación del examen de selectividad" con información, modelos de exámenes, etc. 
- Os aconsejo que vayáis repasando (haciendo breves esquemas, por ejemplo) con el siguiente orden:


PLATÓN.
REPASAR.
1. Del tema 4, la teoría de las Ideas y la teoría política de Platón 
2. Guía de lectura del texto de Platón.
COSAS QUE HAY QUE SABER.
- Mundo inteligible y mundo sensible. Características de cada uno y relación entre ambos.
- El “mito de la caverna”.
- Teoría del Estado; correlación entre las clases del Estado y las partes del alma.
- La educación de los gobernantes.
- El concepto de justicia en Platón.
- El contexto histórico (ver en guía de lectura).
- Relación del texto con otros autores (ven en guía de lectura)

KANT.
REPASAR
1. El tema 12 (que es muy cortito) dedicado a la Ilustración.
2. El tema 13 (Kant), sobre todo dos asuntos: la imposibilidad de la metafísica como ciencia, y la ética formal kantiana.
3. Guía de lectura del texto de Kant
COSAS QUE HAY QUE SABER.
- Teoría del conocimiento de Kant (a grandes rasgos).
- La crítica de Kant a la metafísica y su imposibilidad como ciencia.
- Crítica de Kant a las éticas materiales (crítica kantiana a los imperativos hipotéticos)
- Características de la ética formal kantiana (la teoría ética de Kant).
- El valor de las ideas metafísicas para la razón práctica.
- Concepto de ilustración en Kant.
- Libertad. Uso público y privado de la razón.
- Revolución y despotismo ilustrado.
- El contexto histórico (ver en guía de lectura).
- Relación del texto con otros autores (ven en guía de lectura)

MARX.
REPASAR
1. Del tema 14 (Marx) dos asuntos: la teoría de la alienación y el materialismo histórico.
2. Guía de lectura del texto de Marx
COSAS QUE HAY QUE SABER.
- Concepto de alienación.
- Materialismo histórico. Infraestructura y superestructura. La dialéctica histórica (la lucha de clases). Tránsito de la sociedad feudal a la capitalista y de esta a la comunista.
- El contexto histórico (ver en guía de lectura).
- Relación del texto con otros autores (ven en guía de lectura)

NIETZSCHE.
REPASAR
1. Del tema 15 (Nietzsche), la crítica a la cultura occidental, el nihilismo y la "muerte de Dios", y la noción de  "superhombre". 
2. Guía de lectura del texto de Nietzsche
COSAS QUE HAY QUE SABER.
- Crítica a la cultura occidental (a la metafísica, al positivismo, a la moral). Distinción “mundo verdadero” y “mundo aparente”
- Significado de “nihilismo” y “muerte de Dios”.
- Noción de lo que es el “superhombre” nietzscheano.
- El contexto histórico (ver en guía de lectura).
- Relación del texto con otros autores (ven en guía de lectura).

HORKHEIMER Y LA ESCUELA DE FRANKFURT.
ESTUDIAR
1. El tema 16 (La Escuela de Frankfurt), que es muy breve.
2. Guía de lectura del texto de Horkheimer.
COSAS QUE HAY QUE SABER.
- Teoría tradicional y teoría crítica.
- Crítica al marxismo.
- Crítica a la “razón técnico-instrumental”.
- Crítica a la sociedad contemporánea.
- El contexto histórico (ver en guía de lectura).
- Relación del texto con otros autores (ven en guía de lectura).

(Si tenéis tiempo, haced, además, alguno de los ejercicios autoevaluables que tenéis en la carpeta "Ejercicios" del blog).



¡¡Ánimo, que ya queda muy poco!!

jueves, 16 de mayo de 2013

Así habló el profe de filosofía. Dialoguillo para los últimos minutos del curso.



Muchos me habéis pedido muchas veces que os diga lo que pienso yo sobre las “grandes cuestiones” de la filosofía... Ya sabéis. Esas en las que los filósofos no parecen ponerse nunca de acuerdo. ¿En qué consiste la realidad? ¿Existen realmente el tiempo y el espacio? ¿Donde están las cosas ideales? ¿Hay otros mundos distintos de "este"? ¿Existe Dios? ¿Somos almas inmortales, o misteriosos cuerpo que aparecen y desaparecen? ¿Cómo sabemos lo que creemos saber? ¿Son lógicas las matemáticas? ¿Es científica la ciencia? ¿Pensamos según lo que vemos, o vemos según lo que pensamos? ¿Somos libres o ya está todo "escrito"? ¿Cómo hay que vivir? ¿Tiene sentido lo que hacéis en clase? ¿Es mejor el comunismo que el capitalismo? ¿Quién tiene razón: Nietzsche o Platón?…  En fin. ¿Tienen estas preguntas fin y sentido?... Es verdad que siempre os prometo (en vano) que el último día os diré la “Verdad sobre todo”, después de tantas mentiras que (¡de verdad!) os he estado contando durante el curso...

Vosotros.- ¡Jo, profe, nunca nos dices lo que piensas tú!
Yo.- Pues yo me temo que es al contrario: con demasiada frecuencia os dejo caer lo que yo pienso, sin que os deis cuenta, sin ni siquiera decirlo. ¡Tenéis que estar alerta contra los "malos tutores", esos que no os dejan ser mayores de edad (como los que parodia este vídeo, que aunque aquí den mucha risa, en la vida real dan más bien miedo)!
Vos.- ¡Pues eso! ¡Nosotros te decimos claramente lo que pensamos, para que nos lo destroces (o lo intentes)! ¿No es justo que también nosotros podamos hacer lo mismo?
Yo.- ¿Justo? ¿Qué es lo justo? ¿Y por que va a ser justa tal cosa?
Vos.- ¡¡Ya estamos!! ¡¡La cosa es no contestarnos!!
Yo.-  Vale. Os diré lo que pienso. Pero recordad que nada de lo que diga es la “Verdad”, sino solo la verdad para mi.
Vos.- O sea, que todo es subjetivo.
Yo.- Pero eso no significa que toda opinión valga lo mismo. ¿Por qué nos iba a gustar discutir tanto entonces? La verdad es, para cada uno, todo aquello que uno cree con tanta convicción como voluntad para someterlo, siempre, al juicio de los otros. La verdad es que todos queremos saber la Verdad. ¿No es verdad?
Vos.- Sí, vale. Pero dinos ya tu verdad para que te la discutamos.
 Yo.- Os diré lo que se me vaya ocurriendo ahora, a partir de vuestras preguntas. Aunque tendré que resumir muchísimo, pues apenas nos quedan unos minutos de curso.
Vos.- ¡¡Menos mal, dirá alguno!!
Yo.- Y tendrá razón. Estos cursos están diseñados para mostraros que estudiar (y después trabajar) es un suplicio necesario para merecer la felicidad, que consiste, básicamente, en producir dinero para divertirse gastándolo…
Vos.- Hombre, eso es una simplificación. Yo no estoy de acuerdo.
Yo.- ¡Ni yo! Yo creo que estamos hechos para conocer. Y que solo los sabios son plenamente felices y se divierten de verdad.
Vos.- ¿Por qué? A mí me parece que cuanto más tonto más contento.
Yo.- Cuanto más sabes más grande y profundo es el mundo que habitas. Disfrutas de la realidad a más niveles, con más hondura. No te sientes solo ni insignificante, pues te descubres en todo lo que te rodea. Ni te aburres, porque todo adquiere significado. Y, sobre todas las cosas, te vuelves más libre y creativo, te haces más dueño de tu vida. 
Vos.- ¿Y si el mundo no se puede conocer y todo es, como decía Shakespeare, un “cuento lleno de ruido y furia que no significa nada”?
Yo.- Todo cuento significa algo. Y ese cuento de que todo es irracional e insignificante, si es verdadero, entonces es que es falso, como sabría, si lo pensara, cualquier idiota.
Vos.- Enigmático te pones.
Yo.- ¡Así no tengo que explicarlo!.. La realidad es un enigma fascinante, pero todos los enigmas tienen solución (por eso son enigmas). Yo creo que todo es racional. ¿Cómo podríamos comprender, si no, que algo nos es incomprensible? 
Vos.- Pero la ciencia no lo puede explicar todo.
Yo.- Ni lo pretende. La ciencia es un saber pre-filosófico (recuerda a veces a esa filosofía tosca e ingenua que hacían los atomistas y otros presocráticos). Para explicar algo hace falta pensar mucho más profundamente de lo que lo hacen los físicos y matemáticos (pero entonces no serían físicos ni meros matemáticos, claro).
Vos.- ¡Pues los filósofos llevan siglos y siglos sin llegar a una conclusión!
Yo.- Nadie dijo que esto fuera cosa de un rato. Además, ya sabéis, el tiempo es algo efímero y pasajero.
Vos.- ¿Y el espacio?
Yo.- El espacio es el eco de las razones cuando las compartimos, creyendo ingenuamente que “yo” y “tú” somos algo más que eso: ecos.
Vos.- ¡Qué cosas decís! Y claro, como suena tan oscuro y tajante, hasta parece serio. 
Yo.- Ja, ja. O quizás es que es tan radiante y certero que asombra y parte en dos al sentido-común. O, al menos, le hace cosquillas. 
Vos.- Y naturalmente, creerás que la naturaleza, la materia y todo eso no existe.
Yo.- Bueno, decidme algo que sean o tengan los cosas materiales y que sea material. Ni el más mínimo átomo es materia. ¡Probad a enamoraros de los átomos de una cara (y no de aquello que la cara dice)?
Vos.- Ni, por supuesto, existen tampoco la enfermedad ni la muerte. ¡Estás enfermo!
Yo.- Eso decía el enfermo Nietzsche de los filósofos: que son un caso patológico. Pero sí, eso pienso, que el mal no tiene “sitio” para existir. La muerte solo puede ser un burdo truco de magia. Aunque yo me muero de miedo cada vez que toso más de tres veces.
Vos.- Eso quiere decir que te desdices a la cuarta.
Yo.- O que soy un ignorante al cubo. La ignorancia es la madre del sufrimiento y el miedo.
Vos.- ¡Pero vemos todos los días que la gente muere, que los días pasan, que…!
Yo.- Pensamos que lo vemos. Conocer no tiene casi nada que ver con los ojos. Si así fuera, los linces serían mucho más sabios que nosotros.
Vos.- Pero si el mal no existe, ¿todo es ya perfecto y como debe ser?
Yo.- En el fondo, todo es lo mejor que puede ser.
Vos.- Pues, profe, todo el mundo dice que el mundo está fatal, y que si la crisis y los políticos (y mis exámenes)…
Yo.- Todo va a mejor. Es inevitable y racional. La historia es… como las personas. Va creciendo. Es decir, va desarrollando lo que tiene dentro. Como nosotros cuando aprendemos. Y si todo es racional (que lo es), lo que demos a luz tiene que ser cada vez mejor. Todo depende de que cuidemos eso que llevamos dentro. Es decir, todo depende de la educación. ¡Y hemos nacido para aprender!
Vos.- ¡Qué fácil lo ves! Además, ¿qué es lo mejor? ¡Cómo si eso se pudiera saber y todo el mundo estuviera de acuerdo!
Yo.- No es tan difícil. Lo mejor es, ya sabéis...Vivir plenamente, reconocernos en lo que  aún no (sabemos que) somos, comernos el mundo, ir creciendo, ser todo lo que podemos ser. En una palabra…
Vos.- ¡Amar!...
Yo.- Amarlo todo, pues todo es en alguna medida amable, comprensible, mejorable, hermoso y nuestro. No hay más. Eso es todo.
Vos.- Un último consejo, “maestro”.
Yo.- Vale, pero me lo daré también a mí, pues yo, como vosotros, solo soy maestro y discípulo de mi mismo.
Vos.- Di, rápido, que tenemos ahora examen.
Yo.- Que hagáis lo que queráis, de verdad.
Vos.- ¿Y cómo reconoceremos qué es lo que queremos de verdad?
Yo.- Porque lo querréis con toda el alma, sin necesidad de torturar vuestra voluntad, sin contradicciones ni renuncias, queriéndolo todo a su través, aunque cada cosa en su lugar.
Vos.- ¡Buf! ¿No podrías ser más concreto? No es fácil entender eso.

Yo.-  Lo bello es difícil, como decía Platón (y también ese doble enfermizo suyo que era Nietzsche). Pero aunque sea difícil no deja de enviarnos señales (y las noches y las mañanas de primavera son idóneas para recibirlas, igual que para filosofar).
Vos.- ¡Adiós, profe!
Yo.- ¡Adiós, queridos! ¡Y ánimo con esos exámenes, y con todo lo demás!







jueves, 9 de mayo de 2013

Diálogos más allá de la realidad y la apariencia. Nietzsche, Platón y Kant. (Reconstruidos por Juan Antonio Negrete).













He aquí el testimonio del encuentro entre Nietzsche y dos enormes filósofos: Platón y Kant. Han sido reconstruidos a partir de fragmentos de ideas encontradas en distintos libros (y en su propia cabeza) por nuestro cavernimaestro y amigo Juan Antonio Negrete... !Shisss...! Silencio, que ya vienen...

jueves, 2 de mayo de 2013

¿Quién es el superhombre nietzscheano?


Paradójicamente, y aun toda su crítica a la moral, el “superhombre” representa un modelo moral, el de una moral amoral, o una “moral sin moralina”, dice Nietzsche, pero una moral al fin y al cabo.

El superhombre es, en general, aquél que encarna en sí la “voluntad de poder”. La voluntad de poder es, para Nietzsche, la fuerza ciega, irracional y creadora con que la Realidad y la Vida se afirman una y otra vez (en un “eterno retorno”) a sí mismas. En este sentido, el superhombre es el hombre real, el hombre que realmente vive, el perfecto “vitalista”. ¿Y en qué consiste esto? Podríamos atrevernos a resumirlo con estas tres notas: el valor para invertir todos los valores, el poder para expresar creativamente su poder en el mundo, y el amor incondicional a la vida (el amor al amor mismo).

En primer lugar, el superhombre es aquel que se rige por una moral afirmadora de la vida (una “moral de señores”), negando e invirtiendo todos los valores de la moral tradicional. Para esto ha de tener la fuerza sobrehumana necesaria para situarse por encima de esa moral tradicional (oponiéndose a todos) y vivir de acuerdo con los "auténticos valores": la aceptación de la vida sin reservas (con su dosis de dolor e incertidumbre), la búsqueda del placer, la lucha, el egoísmo… El superhombre tiene la fortaleza para sobrellevar la entera y cruel verdad sobre la vida y el mundo…

En segundo lugar, el superhombre es aquel capaz de crear sus propios valores y su propio mundo, tal como hace un artista genuino o un dios creador, plasmando su voluntad en la realidad, haciendo de su poder ley, y de su fuerza verdad. 
El superhombre no explica ni justifica, hace y domina. Para esto ha de poseer una energía sobrehumana, la máxima libertad de espíritu, y una cualidad individual superior (el superhombre es el supremo individualista, un creador solitario, que afirma constantemente su diferencia)…

En tercer lugar, y a modo de resumen, la característica esencial del superhombre es su amor ciego e incondicional a la vida. El superhombre abandona toda fe, todo deseo de certeza y seguridad, se acostumbra a la cuerda floja de todas las posibilidades. Su sí a la vida es absoluto, sin elección ni renuncia, lo quiere todo, también el error, y el dolor. Su amor es el de la temeridad inconsciente de un niño que juega con la vida sin ningún temor, y que la ama sin distancia, sin pensar en ella...


Y ahora. ¿No os gustaría ser como superhombres? 


El nihilismo y la "muerte de Dios".

Como ya se ha dicho, la cultura occidental niega la realidad y la cambia por lo que no existe: un mundo de esencias ideales inmutables y racionales, con respecto al cual es posible la ciencia y la verdad objetiva. Además, en consonancia con ese “mundo” y contaminada por el cristianismo, nos infunde una moral que niega el cuerpo, las pasiones, el anhelo de lucha y poder… Es decir, que niega la vida. La cultura occidental ha negado la realidad y la vida, las ha cambiado por ilusiones, por muerte, por nada. Esto es “nihilismo” (“nihil” significa en latín “nada”).

Pero este nihilismo ha llegado a su culminación en la época moderna, pues en ella esas ilusiones (el Ser de los metafísicos, la Verdad objetiva, la Bondad de la moral cristiana) empiezan a revelarse como lo que son: nada, humo que se desvanece…

En la sociedad moderna y burguesa se va imponiendo el escepticismo con respecto a las ilusiones metafísicas y religiosas (¿quién cree ya en el mundo de Platón, en el Cielo de los cristianos, en la utopía feliz de los socialistas?). La ciencia, además, ha reducido la metafísica de los filósofos a frías fórmulas matemáticas y hechos observables. Y la religión se ha demostrado como una mera invención de los hombres.

La propia Verdad se relativiza. Toda verdad es interpretación, incluso las verdades de la ciencia. ¿Quién cree hoy que sea posible la verdad absoluta sobre el mundo, el hombre, la historia…?

De igual modo ocurre con la moral. Toda afirmación sobre lo que es bueno y malo se torna relativa, subjetiva. ¿Quién cree hoy que nadie tenga la última palabra sobre qué es bueno y qué es malo? La moral tradicional, en especial, enraizada en el cristianismo, hace aguas al igual que el cristianismo mismo. En la sociedad burguesa no hay más valor universal que el dinero…

En resumen, como dice Nietzsche: “Dios ha muerto”. Dios no solo refiere al Ser supremo de los judíos y los cristianos (¿Quién cree sinceramente hoy en él?), sino todo lo que Dios simboliza: un Mundo ideal y eterno, una Verdad absoluta, una Moral universal en la que lo bueno y lo malo están perfectamente delimitados…

Este nihilismo consumado, por el que ya no se cree en nada, torna al hombre moderno en un ser decadente y pasivo, apoltronado entre sus mercancías, e incapaz de apasionarse realmente por nada.


Pero frente a este nihilismo pasivo e impotente, Nietzsche cree posible un nihilismo activo y creadorEste nihilismo activo será el de aquel que, sobre las cenizas de la decadencia de occidente, sea capaz de reencarnar en sí la voluntad de poder que mueve el mundo y fundirse a sí mismo como un hombre nuevo, creador de nuevos valores que afirmen (y no nieguen) el propio poder y la creatividad de la vida. A este le llama Nietzsche el “superhombre” (o “suprahombre”).


martes, 30 de abril de 2013

Tres tristes mitos. La crítica de Nietzsche a la cultura occidental.


La cultura occidental es un inmenso error, una rebuscada y persistente manera de negar la Realidad y la Vitalidad humana. Este es el más claro y escandaloso mensaje de F. Nietzsche, el filósofo del martillo...

Durante más de dos mil años, la cultura occidental se ha construido como una fortaleza en la que "protegernos" de la realidad. Un castillo edificado en el aire de las ideas y las palabras, y cimentado en mitos, en tres tristes mitos. Estos son.

El mito del “otro” mundo (el error metafísico-religioso)

Incapaces de afrontar el mundo real tal como es (cambiante, contradictorio, irracional, imprevisible…) los filósofos, desde Sócrates y Platón, han inventado “otro” mundo más "seguro", a la medida de sus miedos y necesidades. Un mundo incorpóreo, eterno, racional, ordenado y justo, y que, por supuesto, es el “verdadero”. Según ellos, el hombre ha de vivir para este “otro” mundo ideal sacrificando el mundo real y presente (que no sería más que “apariencia”, sombras en la caverna de Platón).


Este “otro” mundo filosófico es el de las formas platónicas, pero también el del cielo cristiano (el cristianismo es, dice Nietzsche, “platonismo para pobres”), o el de la utopía social de los ilustrados (el socialismo es como un "cristianismo laico")... 

De otro lado, este mito del “otro” mundo alimenta el mito de la historia, que sería el “paso” (el sufrido "vía crucis") desde el mundo terrenal y aparente al mundo ideal y verdadero. Y también el mito del lenguaje: la idea de que los conceptos, la gramática y la lógica son la estructura real del mundo (en lugar de meros moldes “momificados” que la realidad desborda continuamente). 


El mensaje de todos estos mitos es el mismo: la realidad, la vida verdadera no es esta, sino otra que está siempre por llegar. La consecuencia es obvia: el sacrificio del presente, que es, para Nietzsche, lo único real.


El mito de la verdad objetiva (el error del positivismo).

El ansía de seguridad y previsión ha hecho que los hombres modernos pongan su fe en la ciencia y en su capacidad para conocer y controlar el mundo. Pero esta capacidad es otro mito, el mito positivista. La ciencia niega y olvida el mundo real como la metafísica (pobre) que es. Cree que la vida cabe en la precisión de sus conceptos, olvidando que la vida no está compuesta de cosas estables y aisladas a la medida de esos conceptos (cuya raíz está, además, en las metáforas y la imprecisa imaginación de los hombres). Cree que las propiedades o cualidades del mundo son “aparentes” y reducibles a cantidad y matemáticas, olvidando que todas las cualidades –la alegría, lo rojo, lo circular… — son irreductibles a número y razón.
 Cree que los hechos dan objetividad a sus hipótesis, olvidando que toda experiencia lo es de un sujeto cargado de ideas, deseos, emociones e intereses subjetivos (perspectivismo). Cree que la verdad es universal y está por encima de todo, olvidando que la verdad, siempre al servicio de la vida, es “la mentira más útil” en cada momento (pragmatismo).
Cree que en la superioridad del conocimiento científico, olvidando que la ciencia (como el arte, la religión, la filosofía…) no es sino otra forma de clasificar las cosas, ni mejor ni peor, para dar seguridad y confianza al hombre. Y cree, finalmente, en su contribución al progreso material, olvidando que el desarrollo científico y técnico no es sino el desarrollo del poder de los Estados para controlar cada vez mejor a los individuos…  

El mito de la moralidad tradicional.

El miedo a la vida y al mundo real no solo ha dado lugar a una metafísica del “otro mundo” (y a la fe en la ciencia que acabará con toda incertidumbre), sino a una moral invertida y perversa, que culpabiliza todo instinto o impulso vital, y declara como “bueno” todo lo que niega la vitalidad natural del hombre. 
Una “moral de esclavos” o del “rebaño”, según la cual todo lo real es malo (el desorden, la pasión y los deseos del cuerpo, el sexo, la diferencia jerárquica entre los hombres, la competencia, la astucia y el engaño, la lucha, el egoísmo…). Y todo lo ideal (y por tanto irreal) es bueno (el orden, el dominio de la razón, la castidad, la igualdad entre los hombres, el amor desinteresado, la sinceridad, la paz, el deber y el sacrificio de los propios intereses…).


La consecuencia del predominio de estos tres mitos está, según Nietzsche, a la vista. Es la decadencia de la cultura occidental, cuyos hombres han perdido su energía vital, su capacidad para gozar y vivir el presente, y viven acobardados, como muertos en vida, incapaces de imponer su voluntad y hacer lo que realmente quieren, subyugados por ideales y mitos que siempre  aplazan la “vida verdadera” y plena a un futuro inexistente…


¿Estás tú entre estos “zombis” que retrata Nietzsche? ¿Será verdad lo que decía este filósofo hace más de un siglo? ¡Atrévete a pensarlo! 




jueves, 25 de abril de 2013

Real como la vida misma. La metafísica antimetafísica de Nietzsche.



Pese a su furiosa crítica a toda metafísica, Nietzsche también tiene, en cierto modo, la suya propia (lo confiese o no): una especie de "metafísica antimetafísica". Su concepción (o intuición) de la realidad  puede condensarse en torno a tres ideas: (1) la realidad es lo que parece; (2) la realidad es voluntad y poder; (3) la realidad es eterno retorno.

La realidad es lo que parece.
Según Nietzsche, desde Parménides y Platón los filósofos se han empeñado en hacernos creer que lo real está más allá de la "apariencia". El argumento favorito de estos filósofos es que lo que se nos aparece a los sentidos es imposible de "fotografiar" con la razón (se mueve demasiado), así que tiene que haber “otra” realidad, más quietecita (eterna, inmutable...), que sea la verdadera. 
Para Nietzsche esto no es un argumento, sino más bien la expresión de una necesidad psicológica: la de creer que el mundo está hecho a la medida de nuestra razón. ¿Por qué esta necesidad? Por otra, aún mayor, de seguridad y control. ¡Qué intranquilidad si el mundo no fuera racional y previsible!... Ahora bien, el precio a pagar por esta tranquilidad es el de adorar un cadáver exquisito (la falsa idea de un mundo racional) y, consecuentemente, el de convertirnos en unos zombis o muertos en vida...
Desvelado este ardid psicológico, no hay más remedio (ni más gozo) que afirmar que el único mundo es el que se nos aparece delante (sin dobles, sin ningún “más allá”, fenómeno puro). Y que eso que nos aparece es tal como parece: un continuo devenir, una guerra perpetua de contrarios (como decía el viejo Heráclito), una fuerza viva y ciega (como clamaba Schopenhauer), que se reproduce a sí misma sin principio ni final, sin causa ni objetivo, sin otra necesidad o razón que la de existir por existir...

La realidad es voluntad y poder.
Si esa grandiosa energía en movimiento que es la realidad tuviera voz y conciencia (digamos que su voz y conciencia sería Nietzsche), y le preguntáramos que por qué hace todo lo que hace, su respuesta sería esta: porque quiero
Y si le preguntáramos que por qué quiere respondería: porque sí, porque puedo, y porque lo quiero y bastaLa raíz última de la realidad es, así, pura voluntad, puro querer, sin otra causa o fin que sí mismo: querer por querer. Puro poder ciego. Voluntad de poder… 
No es extraño que algunos nazis sintieran atracción por este aspecto del pensamiento nietzschiano (aunque hay que añadir que Nietzsche no hubiera sentido lo mismo por ese rebaño de esclavos amantes del folklore patrio y del “querido líder” que eran los nazis).

La realidad es eterno retorno.
Si la realidad es pura voluntad de actuar, sin otra causa o fin que sí misma, sin principio ni final, en una eterna lucha de contrarios que se alternan, su devenir (su desarrollo) ha de ser circular, infinito, eterno... El tiempo lineal al que estamos acostumbrados, en el que se pasa de lo viejo a lo nuevo, en que se progresa desde este mundo al “otro” mejor y más verdadero, y en que se vende el presente como medio para el fin futuro… Todo ese tiempo de la historia es falso. ¿Por qué, si no, nunca vemos llegar ese “fin”?.. No hay más cera que la que arde, en ese eterno fuego que constantemente se apaga y se enciende y que es el mundo. Todo vuelve a suceder siempre igual. Eso es la realidad: una eterna danza circular. Un presente infinito que hay que aceptar con infinito amor y ante el que no cabe arrepentimiento alguno, pues en él todo está siempre volviendo a pasar...


domingo, 21 de abril de 2013

Nietzsche, el filósofo más punk

La filosofía de Friedrich Nietzsche es un pozo inagotable, aunque en cada litro de sabiduría que se saca de él encontramos siempre un porcentaje, mayor o menor, de los siguientes componentes químico-ideológicos:

1. Vitalismo apasionado.

2. Crítica feroz de la civilización occidental.
3. Humanismo trágico. Nihilismo y muerte de Dios.
4. Voluntad de poder.

Son los mismos componentes del pensamiento más punk:

1. ¡Vive a tope! ¡La vida es una droga dura!...
2. ¡La sociedad es una mierda! ¡¡Destruye!!
3. ¡No existe el futuro! ¡No hay un sentido "más allá": la vida misma, ciega, irracional, es el sentido! ¡Carpe diem
4. ¡Haz lo que quieras! ¡¡Vive, no pienses!! ¡¡¡Caos!!!...

Claro está que Nietzsche pensó en todo esto mucho más, para algo era un filósofo. Tomemos un aperitivo de sus ideas (les daremos más consistencia en próximas entradas):

La mayoría de los filósofos están equivocados. Lo más real de la realidad no es la Idea, ni Dios, ni el Sujeto trascendental, ni la Historia… Lo más real es la Vida, la de cada cual. La vida como parte de este estallido ciego, sin sentido, que es el Mundo. La realidad es materia en movimiento, sin otro fin que existir, porque sí, por pura voluntad de existir. 
La vida ha de ser entonces entrega igualmente ciega y apasionada a esa danza salvaje que es la realidad. Vivir por vivir, diciendo a todo, con todas las consecuencias, dolorosas y placenteras. Vivir como Dionisos, el dios borracho de los griegos, sin freno, sin la carga de la tradición, ni la promesa de ningún futuro, pues solo existe el instante repetido, rítmico como un latido. Hay que vivir poseídos por el espíritu libre y embriagador de la música...


La civilización occidental es una inmensa estafa desde Sócrates y Platón (y, sobre todo, desde ese platonismo para pobres que es el cristianismo). La filosofía, la ciencia, la religión, la moral tradicional… Todo ha sido un intento de negar cobardemente la Vida, de ocultar la realidad tras ese “más allá” de las ilusiones metafísicas, científicas y religiosas, de castrar nuestros más auténticos deseos con el cepo de la moral del sacrificio, el miedo y la culpa…
Pero todo ha sido en vano. Dios ha muerto. Dios son todas las ilusiones, los falsos valores con los que hemos sido engañados, negados, castrados. Todo eso se desvanece en nuestra época. La propia filosofía y la ciencia no pueden ocultar por más tiempo que el mundo no es racional, que la realidad y la vida humana carecen de finalidad y de un sentido que quepa encerrar en conceptos. Esto es nihilismo. La vida es así: trágica, una lucha inútil, solitaria, pero heroica y bella, por dotar de sentido a lo que no lo tiene...

Y sin embargo el nihilismo es también libertad, posibilidad de valores nuevos sobre las ruinas de una civilización que nació muerta. Nietzsche mismo se ofrece como profeta de lo porvenir: una raza de superhombres creadores de si mismos, fundadores de valores que expresen lo único realmente cierto y bello: el brutal deseo de sí que es la vida, la suprema voluntad de poder


Esto y mucho más es Nietzche. De postre podéis echarle un ojo a este video, si es que no preferís correr a bailar bajo la luna, armados del martillo de aporrear conceptos, y a los sones de la música de Wagner... (O correr a las calles, armados con un spray de pintura, y con la música a todo volumen tronando en las orejas...)


lunes, 15 de abril de 2013

¿Qué hay de la lucha de clases?



El materialismo histórico describe la sociedad como un todo en movimiento. No solo la infraestructura y la superestructura están influyendo constantemente la una en la otra, sino que también el conjunto de ambas va transformándose a lo largo de la historia. En otras palabras: las sociedades cambian. El esclavismo de la antigüedad da paso al feudalismo medieval que da paso a su vez al antiguo régimen y éste a la sociedad burguesa y capitalista, y éste, según Marx, dará paso a la sociedad comunista… Y el motor de todo este cambio es la lucha de clases… 

Para explicar la lucha de clases Marx utiliza una teoría hegeliana (Hegel es un filósofo anterior a Marx y que influyó mucho en él, aunque Marx lo criticara constantemente). Esta teoría se llama “dialéctica”. Hegel la usaba para explicar el desarrollo del Espíritu o Idea, que, según él, era lo verdaderamente real, hasta el punto de que la naturaleza y la historia eran no más que manifestaciones temporales de ese Espíritu. 
Marx adopta el “mecanismo” de la dialéctica hegeliana, consistente en un proceso de tres fases: tesis (lo dado, el momento inicial), antítesis (negación de lo anterior), y síntesis (resolución del conflicto); pero lo aplica a la historia, no al Espíritu (para Marx, que es un filósofo materialista, no existe tal cosa como el “Espíritu”).

Según la teoría dialéctica de Marx la historia va cambiando siempre de la misma manera: se parte de una situación histórica dada (esta sería la “tesis”); pero esta situación envuelve en sí misma una serie de contradicciones que al cabo del tiempo estallan y acaban con la situación del principio (a esta fase se le llama “antítesis”); finalmente se origina una nueva situación temporalmente estable (a la que se llama “síntesis”), pero que encierra en su seno nuevas contradicciones, con lo que el ciclo vuelve a comenzar. 
Lo que mueve, así, la historia humana es la contradicción que, para Marx, consiste fundamentalmente en la oposición entre clases sociales con intereses enfrentados, es decir: la lucha de clases. Veamos esto con más detalle.

Cada situación histórica (la sociedad feudal, la sociedad burguesa, etc.) se caracteriza, sobre todo, por su infraestructura y, en ella, por la tensión entre las clases sociales, cuyo estatus es siempre desigual (unas poseen las fuerzas de producción y otras no, unas dominan y otras son dominadas…). Durante un tiempo esta tensión se mantiene bajo control (la fortaleza del sistema político y la influencia de la ideología son factores determinantes para que exista esta estabilidad). 
Pero tarde o temprano, por intervención de factores nuevos, o por aumento insostenible de la tensión, estalla el conflicto. Fruto del mismo es la transformación revolucionaria de toda la sociedad (o bien el hundimiento conjunto de las clases enfrentadas).

Pensemos en la sociedad feudal, por ejemplo. En ésta encontramos una compleja estructura social, pero en toda esta estructura hay un grupo social dominante (la nobleza, el alto clero) y un grupo social dominado (los siervos, el campesinado en general, los artesanos y comerciantes de las ciudades). Estos dos grupos mantienen intereses totalmente antagónicos, pero este antagonismo se mantiene bajo control hasta que, enriquecidos por el comercio colonial, algunos de entre los dominados (la burguesía) empiezan a acumular poder e influencia económica y, por consiguiente, a exigir un cambio social. 
Durante el siglo XVIII y principios del XIX la contradicción que supone que la clase dominante (la nobleza) carezca del poder económico de la dominada (la burguesía) hace estallar finalmente el conflicto (las revoluciones burguesas) por el que es eliminada la sociedad feudal (antítesis). El resultado es la instauración de una nueva sociedad liderada por la burguesía (esta es la síntesis). Aunque en ella, afirma Marx, sigue latiendo la lucha de clases, esta vez entre la gran burguesía industrial (que es ahora la clase dominante) y el proletariado o clase obrera (que es ahora la clase dominada). Este nuevo antagonismo, anticipa Marx, dará lugar, con el tiempo, a la destrucción de la sociedad burguesa y capitalista…


¿Tenía razón Marx? A todas luces la profecía marxista, siglo y medio después del Manifiesto comunista, no se ha cumplido. ¿Qué creéis que pudo haber fallado en el análisis de Marx?

jueves, 11 de abril de 2013

Cómo armar una sociedad: infraestructura y superestructura.

Según Marx, el pensamiento, las creencias, el arte, las leyes... la cultura toda es un producto histórico. Mejor dicho: es un producto del sistema económico y social de cada cultura y época concreta. 

A esta teoría se le llama "materialismo histórico", pues supone que todo lo que produce históricamente el hombre está en función de la base material o económica.

Al sistema económico y social le llaman los marxistas "infraestructura". Esta infraestructura determina con qué fuerzas productivas cuenta una sociedad (con qué materias primas, tierras, fábricas, trabajadores, capital, etc.) y, sobre todo, cómo se relaciona la gente con estas fuerzas productivas (quiénes las poseen, quiénes se limitan a trabajar, cómo se organiza el trabajo...), es decir, cuáles son las clases sociales (propietarios, trabajadores...).

Todos los demás elementos que componen una sociedad (la política, las costumbres, la religión, etc.) dependen, según Marx, de la infraestructura económica y social, y tienen la importante función de legitimar y justificar dicha infraestructura. A estos elementos políticos e ideológicos (costumbres, creencias, ideas, etc.) se les denomina "superestructura".


La superestructura política (el sistema de gobierno, el derecho, la policía, etc.) tiene la función de dar cobertura institucional al orden social y económico, estableciendo las leyes apropiadas para que dicho orden se mantenga. 

La superestructura ideológica comprende muchas cosas: la moral y las costumbres, los ritos y fiestas, la educación, el arte, las creencias religiosas, incluso la ciencia y la filosofía. Su misión es justificar y convencer a la gente de la validez y necesidad del orden social establecido, desactivando las ideas y conductas contrarias al mismo (ocultando, para ello, las contradicciones y tensiones inherentes a dicho sistema). 


Veamos algunos ejemplos

En la sociedad feudal, la infraestructura determinaba que la propiedad de las fuerzas productivas (que era, sobre todo, la tierra y los siervos) perteneciera a la nobleza y el alto clero. Las relaciones de producción eran claramente desiguales, de manera que unos pocos (los propietarios de la tierra) vivían del trabajo de otros (los campesinos), dándose así dos clases sociales bien diferenciadas.

En cuanto a la superestructura, la sociedad feudal se caracteriza por la filosofía y la religión cristiana, el arte medieval, la monarquía absoluta y muchos otros... Todos estos elementos servían para justificar y legitimar el modo de producción y el orden social feudalista. 

Así, la idea de un Dios único y todopoderoso que gobernaba el mundo servía para justificar la monarquía absoluta (en la que una única persona, el rey, gobernaba a todos). La monarquía imponía leyes que, a su vez, protegían e institucionalizaban la diferencia social entre señores y siervos y el modo de producción imperante. La ideología medieval servía, además, para desactivar las tensiones sociales y evitar rebeliones, inculcando la idea del origen divino de la estructura social y política, y la reparación de las injusticias en "otro mundo" (en el Reino de Dios). 


En la sociedad capitalista (que es lo que más interesa a Marx), la propietaria de las fuerzas productivas es la burguesía, y las relaciones de producción son  también de dominación y explotación de una clase (los proletarios) por la otra (la burguesía).

Los obreros, dueños tan solo de su fuerza de trabajo, la venden al burgués por una cantidad menor a la de los beneficios que se obtienen de ella (a la diferencia entre el salario y el beneficio que obtiene el burgués le llama Marx "plusvalía").

De otro lado, la ideología burguesa cumple la función de justificar el orden social capitalista y burgués. La filosofía de Hegel, por ejemplo, afirma que el Estado moderno es la "realización" política de la racionalidad, con lo que no cabe oponerse racionalmente a él (aunque en realidad ese Estado no hace, según Marx, sino representar los intereses económicos de la burguesía dominante). 

La mentalidad o ideología moderna alienta también la libertad individual y hace a cada individuo responsable de su situación económica, cuando en realidad esto es incierto, pues los obreros, en cuanto desposeídos de la propiedad de los medios productivos, carecen de casi toda posibilidad de liberarse de su situación.

Más aún, la cultura burguesa, con su arte amable y, diríamos hoy, con toda la inmensa industria del entretenimiento cultural, procura que los obreros permanezcan ajenos e inconscientes de su situación, generando la necesaria conformidad para que la "máquina" capitalista siga funcionando...