El miedo a la vida y al mundo real no solo ha dado lugar a una metafísica del “otro mundo” (y a la fe en la ciencia que acabará con toda incertidumbre), sino también a una moral invertida y perversa, que culpabiliza todo instinto o impulso vital, y declara como “bueno” todo lo que niega la vitalidad natural del hombre.
Una “moral de esclavos” o del “rebaño”, según la cual todo lo real es malo (el desorden, la pasión y los deseos del cuerpo, el sexo, la diferencia jerárquica entre los hombres, la competencia, la astucia y el engaño, la lucha, el egoísmo…). Y todo lo ideal (y por tanto irreal) es bueno (el orden, el dominio de la razón, la castidad, la igualdad entre los hombres, el amor desinteresado, la sinceridad, la paz, el deber y el sacrificio de los propios intereses…).
La consecuencia de esta moral antivitalista es, de nuevo, la decadencia humana, la "castración" de los instintos e impulsos vitales.
Frente a esta moral tradicional, Nietzsche propone una nueva moral, una "moral sin moralina", una "moral de señores" (no de esclavos). Es la moral que, en su máxima expresión, representa el "superhombre" nietzscheano.
El superhombre sería, en general, aquél capaz de encarnar en sí la “voluntad de poder”. Recordad que la voluntad de poder es, para Nietzsche, la fuerza ciega, irracional y creadora con que la realidad y la vida se afirman una y otra vez (en un “eterno retorno”) a sí mismas. En este sentido, el superhombre es el "hombre real", el hombre que realmente vive, el perfecto “vitalista”. ¿Y en qué consiste vivir realmente? Podríamos atrevernos a resumirlo con estas tres notas: el valor para invertir todos los valores, el poder para expresar creativamente nuestro poder en el mundo, y el amor incondicional a la vida (el amor al amor mismo). Vamos a explicarlo un poco (partiendo de la idea de que estamos haciendo una interpretación de lo que dice Nietzsche en su peculiar estilo literario).
En primer lugar, el superhombre es aquel que se rige por una moral afirmadora de la vida (una “moral de señores”), negando e invirtiendo todos los valores de la moral tradicional, para lo cual ha de tener la fuerza sobrehumana necesaria para situarse por encima de esa moral tradicional (oponiéndose a todos) y vivir de acuerdo con los "auténticos valores": la aceptación de la vida sin reservas (con su dosis de dolor e incertidumbre), la búsqueda del placer, la lucha, el egoísmo… El superhombre tiene la fortaleza para sobrellevar la entera y cruel verdad sobre la vida y el mundo…
En segundo lugar, el superhombre es aquel capaz de crear sus propios valores y su propio mundo, tal como hace un artista genuino o un dios creador, plasmando su voluntad en la realidad, haciendo de su poder ley, y de su fuerza verdad.
El superhombre no explica ni justifica, hace y domina. Para esto ha de poseer una energía sobrehumana, la máxima libertad de espíritu, y una cualidad individual superior (el superhombre es el supremo individualista, un creador solitario, que afirma constantemente su diferencia)…
En tercer lugar, y a modo de resumen, la característica esencial del superhombre es su amor ciego e incondicional a la vida. El superhombre abandona toda fe, todo deseo de certeza y seguridad, se acostumbra a la cuerda floja de todas las posibilidades. Su sí a la vida es absoluto, sin elección ni renuncia, lo quiere todo, también el error, y el dolor. Su amor es el de la temeridad inconsciente de un niño que juega con la vida sin ningún temor, y que la ama sin distancia, sin pensar en ella...
Y ahora. ¿No os gustaría ser como superhombres?
Aquí tenéis la presentación de clase:




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