lunes, 26 de enero de 2026

45. El empirismo, o de como reducir todo conocimiento a impresión.



El empirismo es una teoría del conocimiento que surge en oposición al racionalismo durante los siglos XVII y XVIII, y especialmente en el Reino Unido. Sus principales representantes son John Locke, Georges Berkeley y David Hume.

Para el empirismo, las ideas solo pueden considerarse como verdaderas en tanto provienen de la experiencia sensible (o en tanto se verifican experimentalmente, diríamos hoy). El origen y fundamento del conocimiento no estaría, pues en la evidencia lógica  (como pensaban los racionalistas), sino en la experiencia; de ahí el nombre de "empirismo" («empeiria» en griego, que significa "experiencia"). Según los empiristas, antes de tener experiencias, nuestra mente es una "tabula rasa", como una tabla o pizarra en blanco en la que no hay conocimiento alguno (es todo lo contrario a la teoría de las ideas innatas que defiende el racionalismo), por lo que para el empirismo todo conocimiento es "a posteriori" (y no "a priori", como para el racionalismo). Además, para el empirismo el origen del conocimiento (la experiencia sensible) marca también su límite: no podemos conocer nada de lo que no podamos tener una mínima experiencia sensible, por lo que el ideal racionalista de conocerlo todo carecería de sentido (pues no todo podemos conocerlo por experiencia).


Ahora bien, si la demostración racional podía significar dos cosas (evidencia racional directa o demostración por deducción), que el conocimiento provenga de la experiencia sensible también significa dos cosas: (1) que el conocimiento se reduce a impresiones sensibles; o (2) que se debe a elaboraciones psicológicas que realiza la mente a partir de esas impresiones sensibles.


Así, en primer lugar, el conocimiento consiste en tener impresiones sensibles, como les llama Hume, o ideas simples, como les llama Locke
(en este último caso, las ideas simples pueden ser tanto externas, por contacto con el mundo externo, como internas, por la experiencia que tiene la mente de sus propios estados). Estas impresiones sensibles (o ideas simples) se 
imponen a mi mente con fuerza tal que mi voluntad no es capaz de modificarlas (por mucho que me empeño no dejo de percibir la forma de mis manos, o de percibirlas blancas en lugar de azules) y serían equivalentes a la percepción de las cualidades, tanto primarias (como las dimensiones físicas) como secundarias (colores, sonidos...) de las cosas


En segundo lugar, nuestra mente pasa a la acción y, aplicando mecanismos psicológicos a las impresiones (o ideas simples), construye ideas y conocimientos más complejos. Así, la mente, gracias al hábito o mecanismo psicológico consistente en agrupar lo semejante y contiguo en el espacio y el tiempo, reúne determinadas impresiones o ideas simples (cierto color, ciertas cualidades y dimensiones físicas...) para formar la idea compleja de determinada cosa o substancia (por ejemplo, a partir de ciertas impresiones de color y forma, la mente forma la idea compleja de una rosa). Así mismo, las ideas de cosas o substancias particulares pueden ser almacenadas en la memoria y, al ser comparadas con ideas parecidas, generar ideas abstractas o conceptos (como el concepto de rosa, o de flor). Además, por reiteración de ciertas ideas complejas (como, por ejemplo, la idea compleja de relación entre las ideas de "rosa", de "crecer" y la de "clima templado") puedo construir conocimientos más generales, del tipo “las rosas crecen en lugares de clima templado”. A este “hábito de generalización” se le llama “inducción”Como, además, mi mente tiene el hábito de interpretar la sucesión de impresiones e ideas como si unas fueran la causa de las otras, podría llegar a construir un tipo de generalización causal (tipo "todo A tiene por causa B"), que es el tipo de conocimiento que más interesa a las ciencias (En el caso del ejemplo, sería algo así como "el clima templado es una de las causas del crecimiento de las rosas).


A las ideas consideradas como verdaderas por corresponderse con o provenir de impresiones sensibles se les denominan verdades de hecho, o verdades "a posteriori" (también se les llama a veces verdades contingentes, probables, materiales, sintéticas o, más modernamente, datos, proposiciones protocolares, etc....).

Como puede verse, el empirismo establece que la verdad es, fundamentalmente, una relación de correspondencia entre impresiones (o ideas simples) e ideas más complejas (a esto se le suele llamar "teoría de la verdad como correspondencia"); impresiones a las que se les supone, a su vez, producto o efecto del mundo real. En este sentido, algunos filósofos empiristas, como Locke, suelen suponer que "tras" las impresiones o ideas simples existe un mundo objetivo y eminentemente material, que es el que, estimulando nuestros sentidos, genera las impresiones que dan origen al conocimiento; pero otros, como Berkeley o Hume mantuvieron posiciones idealistas o escépticas al respecto. Berkeley piensa, por ejemplo, que el mundo material es una pura creación de nuestra propia mente (en la que Dios ha introducido ciertas regularidades para que pueda darse el conocimiento); y Hume afirmará que la existencia objetiva del mundo es algo fundamentalmente indemostrable...


Que el idealismo y el escepticismo con respecto al mundo prenda con más fuerza en el empirismo que en el racionalismo tiene sentido. En el racionalismo
, el presunto carácter innato de ciertas ideas (como las de perfección e infinitud) o la naturaleza necesaria (eterna, universal) de las ideas de razón parece que nos obliga a “salir” de la mente y creer en algo externo (aunque no sea directamente el mundo físico, sino un Dios eterno y perfecto). Pero en el empirismo las impresiones son tan variables como el pensamiento mismo, y como todo lo que conocemos es combinación de impresiones según leyes o hábitos psicológicos de la propia mente, ¿qué motivos íbamos a tener para creer que existe algo distinto de ella?..  Por otra parte, el idealismo de los empiristas se vuelve completo escepticismo cuando alguno de ellos (como Hume) pone en duda la existencia de la misma mente, pues (dice) ¿tenemos alguna impresión de la mente en sí como algo distinto de la serie de impresiones en que consiste nuestra experiencia? La respuesta es “no”, la idea cartesiana de “mente” o "yo", como algo distinto de la mera sucesión de impresiones, no tiene respaldo empírico en ninguna impresión, piensa Hume; a lo sumo podría responde a una creencia o hábito psicológico. Lo mismo ocurre con la idea de “cosa o substancia”, pues nada demuestra que exista una unidad subyacente a las múltiples cualidades que componen un supuesto objeto. Y lo mismo con la idea de "causa", de la que tampoco tenemos ninguna impresión, y que provendría del hábito psicológico de creer que hay una relación necesaria de dependencia entre fenómenos o impresiones que estamos acostumbrados a percibir de forma sucesiva. Además, como la idea de causa es la que permitía creer con firmeza en la existencia del mundo físico, pues se suponía que este era la "causa" de nuestras impresiones, al poner en cuestión el carácter objetivo de la idea de causa, también debemos poner en cuestión la existencia misma del mundo físico... Pese a todo lo dicho, el empirismo contemporáneo (especialmente el que asume la ciencia), es más realista que idealista y, en general, asume como principio dogmático la existencia de un universo físico observable. 

 
Conviene añadir que, si el racionalismo tiene relación con el impulso que toma el uso científico de la matemática en la Edad Moderna, el empirismo está relacionado con el auge de la ciencia experimental durante la Revolución Científica. Por ello, cuando decimos que la idea verdadera es la que tiene respaldo en las impresiones sensibles, entendemos por impresiones sensibles aquellas que se producen en un contexto experimental controlado como el que utilizan los científicos en sus observaciones y experimentos. 

Como en el racionalismo, en el empirismo también podemos establecer ciertas corrientes. Así, los empiristas más radicales afirmarían que todo lo que es real (o todo lo que se nos impone en la mente como tal) se puede describir en términos de propiedades o impresiones sensibles simples (como colores, figuras, etc.). En el origen de cualquier contenido mental habría, así, una o más impresiones simples. Incluso las ideas matemáticas y filosóficas más aparentemente alejadas del mundo o las impresiones sensibles, provendrían de alguna manera de estas. De este modo --diría un empirista--, si yo no hubiera tenido ciertas sensaciones distintas y experimentado las relaciones entre ellas, no podría haber llegado a pensar que “dos más dos son cuatro”. Digamos que si el racionalismo pretendía reducir todo conocimiento a lógica y matemáticas, el empirismo pretende reducirlo todo a impresiones y psicología. Si bien es cierto que hay filósofos empiristas más moderados que llegan a afirmar que, aunque todo el conocimiento proviene en último término de la experiencia, hay ideas que, como las de la matemáticas, parecen hasta tal punto independientes de la experiencia que resulta difícil pensar que no representen un tipo de conocimiento independiente de ella.



¿Qué podemos objetar al empirismo?  La primera crítica se dirige a su propia justificación como teoría. La teoría racionalista de que toda verdad lo es por demostración racional podría intentar justificarse de modo racional (aunque esto supusiera incurrir en un “círculo vicioso”), pero el empirismo ni siquiera admite justificación circular, pues, ¿a qué impresión o experiencia, o asociación de las mismas, se corresponde la propia idea o teoría empirista?... El empirista puede aducir aquí que su teoría no precisa demostración teórica alguna, y que la mejor prueba de su verdad es la naturalidad con que la aceptamos como tesis epistemológica...

Otra crítica alude a la imposibilidad de explicar empíricamente las verdades lógicas y matemáticas (¿podría basarse la necesidad y eternidad de estas verdades en la contingencia y fugacidad de las impresiones?). ... El empirista podría intentar argüir que la necesidad e invariabilidad de las verdades matemáticas son rasgos ilusorios (las verdades matemáticas serían necesarias y atemporales en el marco de un lenguaje simbólico que, en sí mismo, no lo es). 

Además: ¿cómo podríamos entender la más mínima experiencia o impresión sin ideas previas de carácter lógico (tal como la idea de identidad, las de relaciones todo/parte, etc,)? ¿Podría una mente empezar siendo una “tabula rasa” y aprender algo “desde cero”? ¿Cuál es el origen de las “reglas” psicológicas de asociación o inducción que la mente aplica a las impresiones?... El empirista tendría tal vez que reconocer que tales ideas y reglas son consustanciales a nuestro aparato nervioso y, en ese sentido, innatas, pero no por ello necesariamente relacionables con seres trascendentes o divinos...

Una crítica fundamental al empirismo es que, llevado a sus últimas consecuencias, conduce al escepticismo más absoluto. Si toda verdad está fundada en las impresiones sensibles del sujeto, toda verdad será fugaz y subjetiva (es decir, nada será verdad, pues cierto grado de constancia y objetividad es requisito básico de una verdad). En cuanto a la falta de objetividad de las impresiones, de poco sirve acudir al principio de “inter-subjetividad” (todos "vemos" lo mismo), pues ¿qué sé yo de las impresiones de otras mentes? Solo sé por lo que me dicen de ellas, pero entonces el conocimiento “objetivo” sería cuestión de interpretaciones y "palabras", no de impresiones (Incluso si fuera posible comprobar que realmente todos "vemos" lo mismo, ¿cómo podríamos garantizar que no estemos todos equivocados?) ... El empirista podría apostar por una verdad falible, probable, no infalible, ni necesaria... ¿Pero como sabemos que la verdad de que las verdades son probables no es también probable y, así, hasta el infinito (es decir, hasta una improbabilidad absoluta)?

Finalmente, el principio (lógico-psicológico) de inducción no puede proporcionar verdades firmes, sino solo probables (por muchas experiencias similares que, por ejemplo, acumule sobre rosas en climas templados, nunca podré decir con seguridad que no pueda florecer una rosa en el polo) y, por supuesto, no menos subjetivas (pues toda inducción se funda en la reiteración de mis propias impresiones)…

¿Y ahora qué? ¿Encontráis alguna objeción a estas objeciones? ¿Sois racionalistas o empiristas (o ni una cosa ni otra, sino todo lo contrario)?

Aquí, la presentación de clase: 

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