sábado, 3 de enero de 2026

41. Introducción y etapas del pensamiento moderno


La Edad Moderna comienza allá por el siglo XV, a caballo entre la Baja Edad Media y el Renacimiento, y según los historiadores termina en el siglo XVIII, cuando los revolucionarios franceses le cortan la cabeza al rey y acaba, simbólicamente, el “Antiguo Régimen”. A la Edad Moderna le sigue la Edad Contemporánea que, según los historiadores, va del siglo XVIII hasta hoy. Pero a grandes rasgos, y desde el punto de vista de la mentalidad y las ideas filosóficas, las épocas Moderna y Contemporánea no son esencialmente distintas. Así que, grosso modo, todo lo que digamos de la modernidad encaja también con nuestra propia época. Somos, aún hoy, modernos (y, como mucho, "postmodernos", que es casi lo mismo con otros ropajes). ¿Y qué significa eso?


La Edad Moderna es una época de escisiones y dualidades (frente a la Edad Media que, en general, fue un tiempo de unidad e integración –más o menos lograda— en torno a ciertos valores e ideas sostenidas como absolutas). Demos algunos ejemplos de esto. 

La cultura medieval era teocéntrica, todo giraba alrededor de Dios y la religión, y se entendía que Dios y el mundo eran realidades íntimamente unidas (Dios se mostraba en el mundo, que era su creación, y comprendiendo el mundo era posible llegar a Dios, o lo más cerca posible). Pero a finales de la Edad Media crece la idea de que entre Dios y el mundo media una diferencia abismal. De un lado, Dios representa el mayor de los misterios, al que solo se puede acceder por la fe y no por la razón (fideísmo), pues su absoluta perfección se supone infinitamente incomparable con el mundo objeto de la filosofía y la ciencia. A la vez, el mundo se diferencia y aleja lentamente de Dios, se desacraliza y mundaniza; se impone el gusto por lo mundano, esto es: la idea moderna de que hay que valorar y disfrutar de este mundo (que ya no es un valle de lágrimas o una mera escala camino del cielo). La cultura moderna abre así una primera y radical distinción entre lo sagrado y lo profano, entre lo divino y lo mundano, que da lugar a un ámbito cultural nuevo, construido a la medida del hombre y de su mundo (antropocentrismo), que empieza a vislumbrarse con claridad en el humanismo renacentista. Esta distinción sagrado/profano se abre paso en todos los niveles de la cultura moderna. Vamos a verlo.

En la economía se generalizan prácticas productivas (la usura, el afán de lucro, la competencia...) desligadas e incluso opuestas a la tradición y la moral cristiana, y que van a ser características de una clase social en auge: la burguesía. Esta nueva economía, libre de trabas religiosas y sociales (como eran, por ejemplo, los gremios medievales), es la semilla del capitalismo y su ideología va a ser el liberalismo.

En cuanto a la sociedad se rompe la unidad entre el orden divino y natural y el orden social. A diferencia de los estamentos medievales (clero, nobleza, campesinos), en los que la pertenencia a uno u otro de ellos era en muchos casos hereditaria, las nuevas clases sociales, basadas en la obtención de riqueza, admiten mucha más movilidad: cualquiera puede cambiar de clase en la medida en que gane o pierda esa riqueza.  Además, se va a ir produciendo una escisión muy fuerte entre la comunidad (antes unida como Iglesia o comunidad de fieles) y el individuo, lo que va a dar lugar a una cultura más individualista, en la que se valora más la vida privada y se cultiva la personalidad (como sucede entre los artistas del Renacimiento), frente al espíritu de “rebaño” (el "rebaño de Dios") y el anonimato propios de la Edad media.


En el ámbito político e institucional se rompe un lazo tras otro. En primer lugar, la ruptura es entre la Iglesia y el Imperio, lo que marca simbólicamente la ruptura, paulatina, entre la Iglesia y el Estado y la secularización de la estructura política (se impone la idea de que la religión es un asunto privado, y no debe regir los asuntos públicos, que deben ser administrados por un Estado secularizado). Casi a la vez, se produce la ruptura en el seno mismo de la Iglesia: la reforma protestante rompe al cristianismo occidental en dos: católicos y reformistas (estos últimos defienden la relación individual con Dios, y la vuelta a una posición fundamentalmente fideísta). En tercer lugar, se desatan las tensiones entre el Imperio y los distintos reinos: cada uno quiere configurar una entidad política diferenciada; es el nacimiento de las naciones modernas, y de la ideología que las sustenta: el nacionalismo. Un poco más acá en el tiempo se dará también la ruptura entre el Rey y "su pueblo", que ya no acepta la tutela monárquica y pretende estar formada por “ciudadanos” y no por  “súbditos” (republicanismo).

Fruto de estas rupturas políticas lo son también el divorcio entre el derecho natural (de origen divino), bajo el que se unificaban todas las leyes durante la Edad Media, y el derecho positivo, es decir, las leyes políticas concretas; estas tendrán que justificarse de otra manera que apelando a Dios. La respuesta está en un consenso o contrato (una moral común mínima), fruto de la suma de opiniones particulares; esto es el contractualismo, germen doctrinal de las futuras democracias. La razón de que tenga que existir un consenso es también una ruptura típicamente moderna: la que se da entre la moral pública (cristiana) y la moral privada, que se vuelve relativa a los intereses e ideas de cada individuo (relativismo moderno). 


En cuanto al saber, la distinción entre fe y razón con la que acaba la época medieval promueve el cisma definitivo entre teología y filosofía (cara y cruz de lo mismo durante la Edad Media), y la idea de la autonomía de la razón, según la cual, la razón se bastaría por sí sola para comprender el mundo natural, aunque al precio de desvincularse del ámbito espiritual y trascendente, que quedará en manos de la teología, y, en unos siglos, de la propia filosofía. De forma complementaria, el éxito de la Revolución Científica va a marcar una nueva diferencia, vigente hasta hoy: la que se da entre la filosofía y la ciencia. Es decir, entre el ámbito de las ideas, los valores y la racionalidad (la filosofía) y el ámbito de los hechos y la experiencia (las ciencias). Así, y en el seno de la misma filosofía, frente al racionalismo tradicional (vinculado a la vieja escolástica y la filosofía clásica) surgen el moderno empirismo de los filósofos ingleses (para los que la verdad debe sustentarse en hechos o impresiones sensibles). 

Ambos (racionalistas y empiristas) están no obstante de acuerdo en la “novedosa” y problemática escisión entre el mundo objetivo y la mente subjetiva (el idealismo moderno, compartido por la mayoría de los filósofos). 


Finalmente, la suprema libertad divina (todo Voluntad y Poder) se separa del mundo terreno, imaginado como un inflexible mecanismo de relojería en el que la libertad humana no parece tener cabida. Es el problema del determinismo...



Una vez caracterizada la Edad Moderna, conviene distinguir en ella determinadas fases y momentos. Podemos establecer, como mínimos, estos tres. 

1. El Renacimiento y la primera modernidad (ss. XV y XVI). En esta fase destacan, como principales movimientos culturales y filosóficos, lo que se ha dado en llamar la Revolución Científica (la "nueva ciencia" de Paracelso, Copérnico, Bruno, Bacon, Kepler y Galileo); el humanismo renacentista y, con él, de un platonismo y aristotelismo desligados ya de la servidumbre religiosa (Ficino, Pico de la Mirándola, Melanchton...); el pensamiento religioso reformista (Nicolás de Cusa, Erasmo, Lutero y Calvino); y la cumbre intelectual que representa la escolástica española de Vitoria, Suárez y la Escuela de Salamanca. En el ámbito filosófico destacan también el estoicismo de Michel de Montaigne o Francisco Sánchez o el pensamiento político de Nicolás Maquiavelo, Tomas Moro o Thomas Hobbes.


2. La época del Barroco (s. XVII aprox.)
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Comprende autores fundamentales en historia de la filosofía, como Rene Descartes, Blaise Pascal, Baruch de Spinoza, Godofredo Leibniz (todos ellos considerados "racionalistas"), o los empiristas John Locke (que es también un gran pensador político) y George Berkeley. Es también en el que triunfan las teorías del científico Isaac Newton. 



3. La época de la Ilustración (s. XVIII). La Ilustración es un movimiento cultural e intelectual europeo que nace a finales del siglo XVII (sobre todo en el Reino Unido, Francia y Prusia) y que se caracteriza, a grandes rasgos, por la confianza en el poder de la razón y la ciencia para el logro del progreso material (gracias a la ciencia y la técnica), el desarrollo moral (gracias a la autonomía racional: el pensar por uno mismo) y la racionalización de la vida pública (promoviendo doctrinas políticas como el liberalismo político, el contractualismo, el despotismo ilustrado o la teoría de la soberanía popular). Los ilustrados van a tener una gran confianza en la educación como modo de construir una sociedad más racional, y van a someter a crítica a todo lo que se oponga a la razón científica y al progreso (el fanatismo religioso, las supersticiones del pueblo, la filosofía tradicional vinculada a la teología...), incluyendo en esta crítica a las estructuras económicas, sociales y políticas del Antiguo Régimen. Filósofos ilustrados van a ser David Hume (que junto a Locke, Newton o Adam Smith, van a protagonizar la Ilustración en el Reino Unido), Jean-Jacques Rousseau (que junto a Voltaire, Montesquieu y los "enciclopedistas" van a liderar la ilustración francesa) o Immanuel Kant, que, como veremos, va a ser el principal exponente de la ilustración prusiana.


La Ilustración va a dar voz, también, a dos importantes filósofas: Olympes de Gouges (1748-1791) y 
Mary Wollstonecraft (1759-1797), a las que se ha considerado precursoras de la primera ola feminista de la historia. Olympe de Gouges escribió la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791) como complemento de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, promulgados por los revolucionarios franceses en 1789. Por otra parte, Mary Wollstonecraft fue una filósofa inglesa que argumentó acerca de la igualdad entre hombres y mujeres, aduciendo que las mujeres solo parecen inferiores al hombre por no recibir la misma educación y reivindicando una sociedad en la que varones y mujeres tuvieran los mismos derechos. Por su defensa de la igualdad entre sexos y su crítica a la feminidad tradicional, Wollstonecraft es considerada una de las fundadoras de la filosofía feminista. 





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